jueves, junio 20, 2024
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El pueblo, la memoria histórica y la grandeza que esperamos

Lorenzo León Diez

El Consejo Nacional de Morena estuvo a la altura de las condiciones y circunstancias políticas por las que cursa el pueblo de México en su transición definitiva a la democracia, pues en la competencia electoral de los partidos estaba pendiente la democratización de la cultura política heredada por el Partido de la Revolución Mexicana, el Partido Nacional Revolucionario y el Partido Revolucionario Institucional, este último donde militaron, a excepción de Claudia Sheibaum, tanto el presidente Andrés Manuel López Obrador y los tres precandidatos hombres que disputarán la candidatura de Morena para la presidencia de la República (2024-2029).

Es bueno considerar que al término del sexenio que se avecina viviremos la humanidad a plenitud la revolución electromagnética y digital, iniciada en la década de 1990, pues se considera que ya habrá un impacto nodal en la medicina (fundamentalmente en los países avanzados) que garantizará un horizonte de vida inédito para los niños que ya nacieron.

La herencia de los regímenes autoritarios, que tienen su raíz en los campos de batalla entre 1910 y 1920, se explica como consecuencia de la vida militarizada a la que tuvieron que enfrentarse las generaciones de la Revolución Mexicana, cuando los aspirantes al poder medían sus fuerzas según el número y la capacidad de los grupos humanos, en las ciudades y en el campo, que estuvieran dispuestos a levantarse en armas para cumplir con los mandamientos de los manifiestos o planes de los caudillos.

Los regímenes militares concluyen con el de Lázaro Cárdenas, durante su campaña se su joven secretario en un acto con las élites políticas, proclama una República “libre del caudillaje militar pero libre también del caudillaje político”. Se refería a la diarquía (según la había definido un ideólogo de Elías Calles), y que Cárdenas la nombraria como “un régimen unificado”, un “dualismo de instituciones”, un organismo dinámico”.

Ya había sido depuesto, en este binomio contradictorio y complementario (Partido y Estado) Pascual Ortiz Rubio, quien gobernaría de 1929 a 1931, debido a su resistencia a la influencia ejercida por el partido.

El término formal del militarismo en el gobierno tiene lugar en la transición hacia el avilacamachismo, un embarazo que da a luz a un “cachorro de la Revolución”, el régimen encabezado por un civil y, en simultáneo, el crecimiento moderno definitorio que tiene la sonrisa y alegría de un presidente que inicia una era que, por no tener otro mejor concepto a la mano, podemos llamar la del cochupo.

Luego la historia es larga y todos la conocemos…su crisis es el borgiano (en relación a esa era romana tan característica de acuerdo al asesinato como una de las bellas artes, diría De Quincey) del salinato, donde la sangre llega al rio.

El último régimen del añejo autoritarismo es el de Peña Nieto, que emerge ya no de un dedazo, sino de la desesperación de un pueblo que no atina por quien ir y víctima de las malévolas redes del espectáculo urdido por hombres y mujeres panistas y priístas (el famoso prian) que llevaron al país a una guerra civil soterrada, técnicamente no reconocida así debido a que no se da en enfrentamientos militares pero cuyo número de víctimas supera varias veces la escala que los teóricos consideran es la que califica una guerra civil (mil bajas en combate derivadas de un año natural). En el régimen de Felipe Calderón y su “guerra” hubo 30 mil víctimas.

El régimen que entra a su tramo final, el lopezobradorista, ha sido un respiro para el pueblo mexicano, después de años de desgracias, de apreturas, preocupación, dolor. Se ha vivido una epidemia de muerte. La guerra contra el narco fue un acto de traición a la patria. De intervencionismo y violación de la nuestra soberanía. Todas las pruebas están sobre la mesa pública e íntima, en la realidad social y en nuestros hogares. Los mexicanos vivimos casi dos décadas de un narcoestado y cuyas secuelas en la criminalidad todavía no terminan.

Las heridas son graves, no será fácil seguir procurando su curación. La epidemia de asesinatos sin embargo no tiene solamente relación con los cárteles de la droga y la corrupción oficial que alcanza, como se vio con Ayotzinapa, los niveles mayores de la autoridad militar y los gobernantes de turno (de Peña Nieto)

Los asesinatos múltiples de mujeres (nombrados feminicidios) están vinculados a una grave crisis de deterioro de lo que llaman muchos tejido social: las presiones a las que se vio sometida la población en la guerra civil soterrada y la dinámica depredatoria del neoliberalismo, que lleva a la pobreza y la marginación a millones de compatriotas, está en la raíz de los feminicidios. O sea, uno de los géneros de los ciudadanos está siendo agredido en diferentes escalas hasta llegar a las tragedias que vemos todos los días.

El pueblo, al que alude el presidente de México, es un término que entendemos la mayoría de los ciudadanos de este país, por más que los intelectuales orgánicos, los conservadores o fifís, intenten deplorarlo como concepto válido para la comprensión de la naturaleza política, pública, social, cultural e imaginaria de nuestro tiempo.

Es cierto, pueblo es una palabra de significación inestable, no es precisamente un territorio social definido siempre con nitidez, y ha tenido otros nombres, durante la Revolución Mexicana, por ejemplo, se le llamó “la bola”. Y todos los que se iban a la bola entendían de qué se trataba el vocablo, que significaba cosas diferentes para quienes estaban fuera de ese rodamiento histórico, movilizaciones humanas que emanaban un nuevo lenguaje y percepciones eternas, como Jorge Aguilar Mora lo plasmó muy bien en sus libros.

El pueblo, como tal, sabemos quien va a ser la nueva presidenta de México, más allá de todo lo que viene, la intensa gramática y matemática electoral, donde la expresividad totalizadora de lo social estará por completo definiendo el nuevo posicionamiento de los individuos, donde se vive una transformación decisiva.

Pueblo, es cierto, puede ser clave de oraciones demagógicas…pero aquí estamos no solamente en la palabra en sí sino el sujeto que al nombrarla la subjetiviza, la expande en un acto de sentido comunitario, y este es el caso del presidente de México.

Afortunadamente ahora el pueblo no seguimos con armas en la mano al líder, sino con nuestra atención y estamos pendientes de sus palabras con el compromiso absoluto de nuestros cuerpos, como se ha visto en las concentraciones que lo aclaman en el zócalo y en las que reciben al presidente por donde pasa.

En este sentido López Obrador es una conciencia histórica que memorializa todo el tiempo, con la anécdota y la referencia a nuestro pasado. Y ese poder del dedazo que fue herencia de la Revolución fue al que se refirió en su discurso más reciente en el zócalo, donde mencionó la disyuntiva a la que se vio sujeto el presidente Lázaro Cárdenas en la transición sexenal.
Hizo esta referencia Amlo porque está claro en la historia: un alfabeto consciente y subconsiente…. de lo que entonces significaba el general Francisco J Mújica como continuación hacia la izquierda de su régimen.
Todos lo entendimos.

En este tenor el lopezbradorismo en la cuenta sexenal de una numerología que constituyó, hasta hoy, una tradición autoritaria, pone punto final a la conseja del tapado, la cargada…que era una lógica tan natural…¿cómo le decían a todos los que iban a festejar al ungido como una manada trepidante? ¡Los búfalos!

El pueblo sabemos que Claudia Sheibaum es. ¿Por qué? Pues porque ya es tiempo de la mujer. ¿No es a una mujer la que cultiva en su profundidad religiosa el pueblo mexicano?

Así como el pueblo sufrió la guerra del narco, ahora el pueblo sufre el atentado cotidiano que es con frecuencia sangriento, contra la mujer. Todas, o al menos la mayoría de las mexicanas votarán por Claudia (y por supuesto muchísimos hombres) Y sí, la clave fraternal y especial del presidente con ella, es leída con claridad por todos.

Ahora, el pueblo esperamos la grandeza de los contendientes. Que Marcelo Ebrad alce la mano de Claudia y que Claudia lo invite a formar parte destacada de su gobierno. Y él acepte. Si se logra esto, México seguirá con paso firme en la Cuarta Transformación.