jueves, febrero 22, 2024
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El Poder y la Economía

Apuntes de Economía

Por Edgar Sandoval Pérez
@EdgarSandovalP
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La relación entre el poder y la economía en México ha sido un tema de debate y reflexión desde los tiempos de la Independencia. ¿Qué papel juega el Estado en el desarrollo económico? ¿Qué intereses defiende el poder político? ¿Qué equilibrios se establecen entre los diferentes actores sociales y económicos? Estas son algunas de las preguntas que han ocupado a los pensadores mexicanos a lo largo de la historia.

Hace varios años, Jesús Reyes Heroles afirmaba: “La política está en todo y detrás de la política está todo: la economía, las cuestiones sociales, los problemas culturales…” Este aforismo nos acerca y resume nuestra realidad. No es que la política sea todo, sino que la política está motivada por todo y por todos. Se hace política en función de la visión de quien toma las decisiones, ya sea de una visión de futuro, por inercia o por intereses propios. Pero al final, todo obedece a dos únicos fines: el poder y el dinero.

Querer tener o mantener el poder conlleva a consideraciones de omnipotencia que normalmente conducen a lo que Hayek llamó la “fatal arrogancia”. Cuando las decisiones se toman desde arriba, sin un trasfondo lógico e informado, se incurre en costos de oportunidad altísimos que impactan en las siguientes generaciones y no en las próximas elecciones.

En ocasiones, las circunstancias generan opciones donde se percibe que las decisiones son de carácter social. Sin embargo, las decisiones gubernamentales jamás son de carácter social; siempre son de carácter económico y cratológico. Aunque, contrario a lo que podría parecer, esto es esencialmente bueno. Disfrazar una acción económicamente pura con una acción de carácter social puede ser beneficioso.

En México, el sector cañero y azucarero se mantiene gracias a financiamientos directos e indirectos. Si este sector se dejara al libre mercado, desaparecería en menos de un lustro. Aunque financieramente da la percepción de ser un apoyo social, la realidad es que es una inyección de capital para mantener una actividad económica crucial para cientos de miles de personas. La decisión de subsidiar este sector se fundamenta más en un aspecto económico que social, ya que su quiebra tendría repercusiones en desempleo, migración, inseguridad, baja educación, mortalidad y mayor costo de salud.

Ante esta circunstancia, la decisión de subsidiar este sector se basa en un aspecto más económico que social. De no atenderlo, la quiebra simbólica de ciertos municipios repercutiría en desempleo, migración, inseguridad, baja educación, mortalidad y mayor costo de salud. Por ello, muchos gobernantes optan por disfrazar acciones de carácter económico como apoyos puramente sociales, capitalizando el poder y dinero que les da la propia inercia de su representatividad, cayendo así en una fatal arrogancia.