miércoles, enero 19, 2022
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El miedo y otros demonios

Salud, naturopatía y medio ambiente

Javier Hernand Garcés
30 de noviembre de 2021

El miedo se define en términos occidentales como “una reacción antes del peligro inminente” “Angustia por un riesgo o daño real o imaginario. “Recelo o aprensión que alguien tiene de que le suceda algo contrario a lo que desea” (RAE), en todo caso, el miedo existe y todos lo sabemos se ha estudiado los cambios a nivel fisiológico, tales como aumento de la presión arterial incremento de los niveles de glucosa en la sangre, incremento en la actividad cerebral, sudoración, descenso de la temperatura corporal, se incrementa la conductancia de la piel, subida inmediata del tono muscular y aumento de la frecuencia cardiaca, entre los más importantes,

“Cuando el cerebro detecta una fuente de peligro, el cuerpo desencadena los sentimientos de miedo y ansiedad. La amígdala despierta la respuesta del hipotálamo y la pituitaria, que segrega hormona adrenocorticotropa. Casi al mismo tiempo se activa la glándula adrenal, que libera epinefrina, un neurotransmisor” (Fisiología, El confidencial: La ciencia del miedo)

Es interesante el comportamiento humano actual frente a “ráfagas” de miedo, cuando nos asustan gritamos, nos despertamos con sobresaltos, enterramos las uñas a nuestro propio cuerpo o también podemos golpear a la persona que causó el susto, parece que el miedo es el precursor del peligro, el miedo nos podría avisar de la situación en que estamos.

La parte más antigua de nuestro cerebro alberga las reacciones más primitivas frente al miedo y por ende al peligro, al identificar el peligro, salimos corriendo, nos congelamos o lo enfrentamos. Se ha dicho que el mejor remedio es salir corriendo ya que al huir evitamos el peligro, este camino se lo ha condenado al punto que lo consideramos una cobardía, enfrentar el miedo es el camino más aceptado ya que la valentía se valora como un acto de sabiduría y estrategia. Congelarse, a su vez, se considera una debilidad no muy digna en la cultura machista actual, aunque sea involuntaria. Todo lo anterior se dio en el contexto de los humanos frente a los animales salvajes, lo desconocido y la oscuridad.

Hay personas que encuentran en el miedo un cierto placer, de ahí las películas de terror, desde El Exorcista a los desmembramientos de las películas de “viernes 13”, eso es el miedo a los fantasmas y miedos espirituales a los miedos a la violencia de Estado, a la violencia de grupos al margen de la ley y a la manipulación de propios y extraños. El miedo a los demonios se alimenta de creencias religiosas, La Biblia, presenta, por lo menos 72 veces la palabra “demonio”, siempre encapsulada con espíritus malignos que nos alejan del camino trasado, de igual manera se encuentra la mención a “satanás” 37 veces, la palabra “miedo” 173 veces, hay 22 alusiones al “pánico”

En términos psicológicos la fobia podría considerarse un miedo absoluto a algo o alguien, esto es, miedo a las alturas acrofobia, miedo a los lugares concurridos agorafobia y demás, miedo a que piensen mal de uno mismo, miedo a no saber comportarse frente a situaciones y miedo a hacer las necesidades fisiológicas sin tener control de cuándo y dónde.

Se denomina pánico al miedo extremo provocado por las situaciones citadas.

“El Trastorno de Pánico es una patología cuya incidencia ha aumentado en los años recientes. Las crisis de pánico -también llamadas “ataques” de pánico- se definen como episodios abruptos de intensa ansiedad, compilados de una variedad de sensaciones desagradables. Invariablemente están presentes los síntomas físicos alarmantes: taquicardia, ahogo, mareos, sensación de desvanecimiento y otros. Todos los síntomas están relacionados y giran en torno a un eje central: una sensación de muerte inminente. El Trastorno de Pánico es definido por la recurrencia de las crisis de pánico, o bien, por el temor a que estas se repitan” (American Psychiatric Association: DSM-IV. Ed. Masson, 1995, pág. 149).
Así mismo, el Lama Rinchen Gyaltsen, en su disertación, “Cómo superar el miedo” señala el hecho que los humanos nos aferramos a muchas situaciones, que nos han llenado de miedo, establece el apego como la principal causa, aunque valora el “aprecio y respeto al riesgo”, lo que nos hace adultos. El miedo, señala el Lama, “en la concepción budista se presenta en la medida tengamos apegos, en esa misma medida habrá miedo”, de igual manera, nos explica que el apego no es sólo con aspectos materiales, o por personas, el apego se presenta con mayor sutileza en los dogmatismos de una idea o creencia, apegarnos a nuestra imagen y demás, de ahí puntualmente cita al Buda Clásico de la sabiduría en los cuatro aspectos del apego, 1.- El aferramiento a nuestra existencia, 2.- el aferramiento al bienestar, esto es, a la existencia cíclica, que el futuro nos hará felices y que esa felicidad vendrá de afuera 3.- el aferramiento a tu propio propósito y 4.- aferramiento a los logros y experiencias o caminos del ego. Qué pase algo mejor cada vez, la cristalización del ego y el mantenimiento de ese ego. Apego al aprecio que otros tienen por nosotros, en todo caso el miedo, según la perspectiva budista se refiere a 1.- el miedo al vacío existencial, 2.- el miedo a no experimentar paz, gozo o excitación, 3.- el miedo a que no se cumpla mi esperanza, 4.- el miedo a perder lo que imaginas que tienes. “muchas de las actividades humanas tienen que ver con la necesidad de compensar enmascarar un miedo subyacente que hoy en día no detectamos”

El miedo es multidimensional, el miedo ha estado presente siempre, tenemos brotes de ansiedad y pánico, recomienda no dejar la psicología y tomar la meditación como complemento de sanación, esas son algunas de las recomendaciones de este sabio Lama.

La Medicina Tradicional China considera 7 principales emociones que se asocian a un órgano humano. Esto es, la ira, la frustración, la amargura e irritabilidad con el mal funcionamiento del hígado. La inseguridad y el pánico con el riñón, la alegría con el corazón, la preocupación con el pulmón y el bazo, la tristeza con el pulmón, el susto con el riñón y el corazón. Y la excesiva reflexión con el bazo.

En cualquier caso, el miedo se puede combatir con el día a día, vivir ese pestañeo de luz del aquí y ahora, sin dobles intensiones, sin mentiras, hay que aprender a disfrutar los pequeños momentos de felicidad que nos da la vida, esos momentos que llegan de repente, saber apreciar las cosas que tienes frente de ti. Disfrutar de las cosas simples de la vida, pasar tiempo con tus seres queridos, ver amaneceres y atardeceres, alejarte de personas tóxicas, alejarse de lugares contaminados y reunirse con gente, con quien se pueda reír.

Javier Hernand Garcés es Licenciado en Derecho, Maestro en Derecho Ambiental y Licenciado en Naturopatía.