miércoles, junio 19, 2024
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El Estado Abierto de López Obrador

Lorenzo León Diez

Por primera vez en México estamos viviendo un proceso electoral inédito. Es emocionante porque la regla de este proceso es la ausencia de reglas… si bien es cierto que la compleja urdimbre jurídica tiene un curso intenso y muy especializado en lenguaje y encaje burocrático tejido entre poderes: ejecutivo, legislativo y judicial, la trifulca se lleva en las calles que tienen su espejo a la vez en los medios de comunicación y las redes.

Los políticos son los protagonistas principales de un efecto dominado antes por las “estrellas” –por ejemplo–. Los conciertos en el zócalo juegan metafóricamente por quien desde el palacio contempla a Rosalía. Ebrard se jala los pelos y acelera la separación del cargo del personaje en consonancia con la conciencia ciudadana en subconciencia.

Y ahora sí hay piso parejo, que es lo que pedía Ebrad, con gran cartel también, siendo como lo fue Chu En Lai, “el hombre para toda ocasión”.

El presidente Andrés Manuel López Obrador está obrando en conciencia íntima, porque sabe que el pueblo entiende. El gobierno mexicano es el único en el mundo que tiene un gabinete abierto. Las mañaneras es un Estado Abierto. No hay secretos en la sociedad de la transparencia, comprende el primer magistrado bien los asertos de Han, el popular pensador coreano.

No existe en el planeta un gobierno abierto como el que vivimos en México. En los vertiginosos años que pasan desde 2018 que tomó el timón de la patria un hombre que viene de la más fina tradición libertaria, nunca los mexicanos habíamos presenciado cómo se dirige y crea en vivo la política interior y exterior.

López Obrador está pasando a la historia como el precursor de un tiempo futuro donde los gobiernos tendrán que ser abiertos, como el de México, pues las ciudadanias están aprendiendo, con México, cómo debe actuar el hombre de Estado: de cara cotidiana y rutinaria a la nación junto todos los demás rostros que constituyen su equipo. Difícilmente volverán las mañaneras. Claudia ya lo anunció, solamente comunicación en redes, o sea, desaparece el,escenario que creó el presidente expropiando el espacio público que habían ocupado en su totalidad los consorcios televisivos, radiofónicos e impresos. 

Claudia no debía dar un paso atrás en este sentido. El público que tiene las mañaneras está en esa amplia expectación radiofónica y televisiva que es altamente popular. El presidente lleva a cabo una continua educación cívica a las masas, el proceso de politización de la ciudanía mexicana se ha acelerado precisamente por eso, hasta estar ahora en un índice mayor en la conciencia política (que se expresa finalmente en la confianza mutua entre líder y pueblo).

Cierto es que la científica tiene un reto de gran exigencia en la doctrina que vertebra la Cuarta Transformación, pues el Estado Abierto demanda un gran valor y una atención suprema, la voz del poder es una condensación conceptual y pragmática, informativa fundamentalmente cuando el presidente teje con escalas sus argumentaciones, dando voz directa a los responsables de las áreas de gobierno: el ministro declara constantemente en el foro del ejecutivo. Y frente a todos se dictan las instrucciones.

Pero al mismo tiempo hay una estructura escénica que propicia el entretenimiento, y tanto es así que El privilegio de mandar es ahora una de las gracejadas más acertadas en el espectáculo.

Las internas de Morena son las externas de México en un juego donde queda al margen todo lo que tanto daño ha hecho a los mexicanos y al país, no a todos, por supuesto, pues es amplia la gama de privilegiados que han ganado con la corrupción decenaria, pero a la mayoría, a millones de ciudadanos, de familias, el gobierno de izquierda mexicano ha hecho el bien.

Nunca antes en la historia de México habíamos tenido lo que estamos teniendo: una elección de partido que decide en automático la próxima presidencia del país. Y es que la oposición está fragmentada y confundida. La verdad como acción destructiva de la manipulación (lo dice AMLO: no hay información, sino manipulación) se ha impuesto (ya no por la fuerza sino con solo la razón honesta de un hombre de Estado).

Si quiere hacer Ebrard una buena propuesta debía ser esa: las mañaneras serán una secretaría de Estado. ¿Por qué no institucionalizar la obligación de que el presidente o presidenta tenga la diaria obligación de dar la cara al pueblo (redundantemente) todos los días? ¿Por qué no erigir la supresión del secreto y terminar para siempre con la prevalencia de lo “oscurito”? ¿Por qué no interrogar todos los días al responsable de las operaciones prismáticas y complejísimas que conforman esa abstracción de materialidad que es el gobierno?