miércoles, enero 19, 2022
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El comercio de la Salud III: las vacunas.

Por Jorge Salazar García


Tanto si se vacunó o no, nunca estará demás incrementar el conocimiento sobre la Pandemia actual. Si lo hizo y no cree en los datos aquí expuestos usted reafirmará su confianza en las vacunas; y, si no se inoculó, entonces podría reforzar los argumentos de su negativa. Ambos casos le benefician.

Veamos primero lo conceptual. Una vacuna es la inoculación de una o varia sustancias destinada a estimular artificialmente nuestras defensas ante un tumor, bacteria o virus. Busca entrenar al sistema inmune (SI) a dar una respuesta. Algunas incluyen parte del virus causante del mal, pudiendo ser una proteína, la cubierta de ella, ADN o ARN; otras contienen un virus modificado, inactivo o atenuado.

Esencialmente las vacunas debieran aplicarse únicamente a personas con SI vulnerable, atrofiado por pésima nutrición, sedentarismo o debilitamiento natural debido a la edad.

Para ser aprobadas las vacunas deben pasar por MILES de pruebas durante 5 años ¡como mínimo! y 5 fases. La primera es la etapa preclínica en ésta se prueba la eficacia y tolerancia en ANIMALES. En la fase experimental (F-I) se amplia el grupo de prueba a 100 o más adultos evaluando dosis, seguridad y efectos, incluida la inmunogenicidad*. En la F-II, se monitorea la seguridad hasta en 500 personas. Durante la F-III, se prueba en millares de individuos de varios países. Si los resultados son los esperados entonces la VACUNA entra en un proceso de aprobación. Por último en la F-IV se evalúa su funcionamiento en el “mundo real” después de ser aprobada.

Hoy se saben 3 cosas muy importantes sobre las vacunas contra el Covid-19: NO completaron todas las fases; presentaron fallas desde la etapa preclínica y NINGUNA tiene licencia oficial definitiva. Sin embargo las compañías farmacéuticas consiguieron una autorización de EMERGENCIA (indebidamente) por parte de la OMS. Otra cosa más, según un estudio de la revista Lancet las nuevas vacunas “erosionan el sistema inmunológico” porque sólo inmunizan parcialmente. Lo cual explica las miocarditis y otras enfermedades, posteriores a la vacuna. Lo peor del caso es que “los vacunados se convierten en “super-propagadores”, ya que llevan cargas virales extremadamente altas”. Estas irregularidades justifican la negativa de los productores de vacunas a transparentar su contenido y su inmunidad ante posibles demandas por muertes o daños ocasionados por ellas. Por supuesto, las enormes ganancias (200 mil millones de dólares, 2021) si están garantizadas.

Vetas de Historia desconocida.

En Filipinas, al inicio del siglo pasado (1905) la estadística oficial registraba que la viruela (sin vacuna) mataba el 10% de los infectados. Después de aplicarse la vacuna contra la viruela, la mortalidad aumentó a 25%. No obstante esto, en 1918 se intensificó la vacunación y murió el 54% del 95% de la población vacunada. A Manila le fue peor: de los ya REVACUNADOS, murió el 65.3%. En cambio, los indígenas de la isla Mindanao que rechazaron la vacunación, solo tuvieron el 11.4% de mortalidad. Confirmándose la superioridad de la inmunidad natural.

En 1977 la OMS globalizó el informe Flexner, financiado por las fundaciones Carnegie, Rockefeller y el Banco Mundial. Con esta medida aunada a la creación del llamado derecho a la MEDICACIÓN, las corporaciones farmacéuticas lograron institucionalizar la medicina Alópata cosificando el Derecho Humano a la salud. Esto permitió, entre otras cosas, obstruir la medicina preventiva, impedir el reforzamiento natural del sistema inmunológico y ¡claro! universalizar la necesidad de vacunas.
6 años después (1983) se creó el Comité de Vacunación. Su presidente, Robert McNamara, (exsecretario de Defensa yanqui) llegaba a ese puesto después de presidir el Banco Mundial (1981). Previamente, este señor, había estado en Vietnam bombardeando y quemando aldeas, con niños, ancianos y mujeres incluidas, demostrando su “amor” a la Humanidad. En el Comité le acompañó Jonas Salk, virólogo y director del Salk Institute fabricante de vacunas y reactivos biológicos para el ejército estadunidense, a pesar del evidente conflicto de intereses. El Wall Street Journal (5 de abril de 1988) señaló que Salk Institute tenía un contrato de 32.3 millones de dólares con el Pentágono para ¡producir vacunas!.

Para el año 1984 quedan unidos la OMS, UNICEF, BM, PNUD (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo) y la Fundación Rockefeller en la Fuerza de lntervención para globalizar el programa de vacunación. Son respaldados por la fundación Mérieux, propietaria del 30 % del mercado mundial de las vacunas.
En el año 2000 entra en escena la fundación de Bill y Melinda Gates, con Anthony Fauci de aliado, financiando La Alianza Global para las Vacunas y la Inmunización (GAVI) con 750 millones de dólares. A partir de entonces se comienza a producir vacunas que inducen inmunidad incompleta. Esa alianza se rebautizó en 2009 como La Década de las Vacunas, cuyo objetivo era implantar la vacunación obligatoria de todos los niños y adultos del planeta para el año 2020. Todo por el bien de la humanidad, ¡si señor!

Tal vez le cueste creer, pero se han registrado trastornos de salud atribuibles a las vacunas, tales como: hinchazón de ganglios, rinopatías, muerte súbita en lactantes, meningitis, parálisis cerebral, infarto, hepatitis B, alteración o muerte del feto, autismo, hiperactividad, anorexia, bulimia, sordera, dislexia, retraso mental, hipersexualidad, inestabilidad emocional, sociopatías, leucemia, alergias, etc. Los trastornos más evidentes son los de largo plazo como el debilitamiento de defensas naturales, alteración cromosómica, esclerosis, leucemia, cáncer, sida, esterilidad, cansancio crónico, epilepsia, párkinson, alzhéimer, lupus, artritis.

Las industrias farmacéuticas, de salud y alimentarias lograron homogenizar el consumo de medicinas alopáticas y alimentos industrializado MÁS lucrativos, gracias a que la gente desechó su comida tradicional (tortilla, frutas y legumbres y alimentos procesados artesanalmente) y abandonó la medicina alternativa. Eso explica porqué la OMS reconoció la OBESIDAD como enfermedad pandémica en 1998, cuando cualquier médico sabe que la obesidad es un síntoma, NO la enfermedad. Con esa declaratoria pretendieron proyectar la comida chatarra como inocua y trasladaron la culpa al ciudadano de su obesidad. “Eres tú el que decide qué clase de alimento consumir y; por lo tanto, lo eres también de las enfermedades generadas por la OBESIDAD, le dicen. Así, los monopolios, se libran de responsabilidad y al mismo tiempo producen millones de hipocondriacos adictos a la comida chatarra, medicamentos y clínicas.

Dado que las enfermedades no han sido erradicadas ni se han eliminado las infecciones virales es lógico dudar de quienes han hecho de la salud un NEGOCIO. Lo anterior da credibilidad a Ghislaine Lanctot, autora de “La Mafia Médica” (2002) respecto a las intenciones del “nuevo orden” de reducir la población pobre (Eugenesia) del planeta. También se comprenden las reacciones corporativas de censura, persecución y descalificaciones dirigidas contra quienes cuestionan o rechazan tanto las vacunas como las medidas de distanciamiento y confinamiento social.
Son 5 las mentiras sembradas en el colectivo: 1)Los sanos contagian a los vacunados, 2)Los críticos son los malos, 3) Consumir drogas y basura industrializada es estar a la moda, 4) La industria farmacéutica cuida la salud de la familia y, 5) Las vacunas del covi-19 protegen.

Todo la antes expuesto da elementos para suponer que el covid-19 fue creado para salvar del colapso al modelo económico, pues las condiciones pandémicas restrictivas resultaron ideales para darles descanso eterno a trabajadores obesos, deshacerse de la mano de obra sobrante, robotizar empresas, disminuir la pobreza (matando a los pobres), aplicar la transición energética, digitalizar los procesos de producción y distribución de bienes y servicios. Todo ello benéfico a las élites políticas y económicas, culpables del la inequidad social y destrucción de la naturaleza.

* Capacidad de un medicamento biológico para generar eventos adversos o problemas en la efectividad del mismo.