jueves, julio 18, 2024
Anúnciate aquíGoogle search engine
- Advertisement -spot_imgspot_imgspot_imgspot_img

El anonimato de las redes sociales

APUNTES: Analogía de la historia de El Anillo de Giges

Javier Hernand Garcés

26 de junio de 2024

Analogía de la historia de El Anillo de Giges

En el libro “La República” de Platón, precisamente en el Segundo libro, se menciona un diálogo entre el mismo Platón, su hermano Glaucon y Sócrates con respecto a la naturaleza de la justicia y cómo un ser humano se comportaría frente a la posibilidad de actuar con impunidad. Surge el relato: “El Anillo de Giges”

“En una tierra antigua, vivía Giges, un pastor al servicio del rey de Lidia. Un día, mientras pastoreaba sus ovejas, Giges encontró que un gran terremoto había abierto una brecha en la tierra. Curioso, descendió al abismo y descubrió, entre otras maravillas, un caballo de bronce hueco con puertas. Al abrir una de ellas, halló el cuerpo de un gigante que portaba un anillo. Giges se apropió del anillo y salió del abismo. Durante la reunión mensual de pastores, donde informaban al rey sobre el estado de los rebaños, Giges descubrió que, al girar la piedra del anillo hacia su palma, se volvía invisible; al girarla hacia afuera, volvía a ser visible. Consciente de su nuevo poder, planeó su ascenso: sedujo a la reina, conspiró contra el rey, y finalmente lo asesinó, tomando su lugar en el trono”. (La República, Platón)

Con este relato Glaucon le argumenta a Sócrates que la moralidad no es más que una construcción social que impone el miedo frente al castigo de la ley. De ahí concluye que un hombre justo, al igual que el injusto frente al supuesto de que los dos tengan el anillo de Giges, los dos terminarían ejerciendo una conducta similar, en este caso, según Glauco, sería de manera injusta. Al no tener una responsabilidad de sus actos por no haber la posibilidad de castigo inminente “…La naturaleza humana, argumenta Glaucon, buscaría maximizar su propio beneficio a expensas de los demás si la impunidad estuviera asegurada”.

Sócrates no está de acuerdo con este razonamiento y sugiere que “…La verdadera justicia no es una mera adherencia a las leyes por temor”. Sostiene que la justicia es un bien que en sí mismo que contribuye a la armonía del alma, lo cual conduce a la felicidad y paz interna. Surge el debate o diálogo en el sentido que se explora la justicia no solamente como un principio externo sino una cualidad intrínseca y de gran beneficio para aquel que la tiene sin importar las circunstancias externas.

El Anillo de Giges se hace vigente en los comportamientos actuales al presentarse situaciones donde pueden decir o acusar de algo sin tener pruebas, al saber que nada les pasará, tal es el caso de las actuales redes sociales, donde se agreden desde el anonimato de perfiles falsos u ocultos, con lo que se sienten en la disposición de difamar herir, insultar, levantar falsos testimonios deliberadamente sin tener consecuencia alguna, solo el gusto de haber tomado ventaja para satisfacer su propio ego. Bajo esta premisa Glaucon acertó en su dicho, al señar que el anonimato genera una conducta transgresora en el ser humano.

No solamente se ocultan en identidades falsas, aunque cada vez es más difícil hacerlo, sino en grupos que mienten, al saber que no les pasará nada por sus dichos. Muchos aluden a la libertad de prensa, a la libertad de mentir, la libertad de impunidad.

El Anillo de Giges sigue siendo una poderosa narrativa que cuestiona nuestras nociones de moralidad y justicia, invitando a reflexionar sobre cómo actuaríamos si tuviéramos garantizada la total impunidad. Este mito ha inspirado numerosas obras literarias y filosóficas, resaltando la lucha eterna entre el bien y el mal en la condición humana.

Con todo, el Anillo de Giges ofrece una poderosa analogía para entender las implicaciones éticas de las redes sociales en la actualidad. Este relato se puede contrastar de la siguiente manera:

Responsabilidad y poder, igual que el anillo del relato, con solo unos pocos “clics” es posible compartir información, movilizar opiniones y dañar reputaciones de otros, aunque estos propósitos pueden ser utilizados para fines constructivos o para hacer daño.

La ética y moralidad, en el relato se plantea la posibilidad de usar el anillo para el bien o el mal, esas decisiones son comunes en las actuales redes sociales. Es muy fácil difundir información falsa o acosar, o ser parte de conductas disruptivas se pone a prueba la moralidad de los usuarios, al no ver ojos que los observen o consecuencias inmediatas, muchas veces con la posibilidad de “borrar” las barbaridades expresadas.

Las consecuencias, en el relato de “el Anillo de Giges”, existe un beneficio inicial de los actos cometidos bajo la impunidad, pero sí hay consecuencias a largo plazo: hay un desorden y sufrimiento. De igual manera en las redes sociales las acciones ejecutadas bajo el anonimato podrían traer repercusiones duraderas, mismas que afectarán la vida real de otros, su bienestar psicológico y su conexión social.

Esto me lleva al debate de ¿qué si nacemos malos o nos hacemos malos?

La teoría de Rousseau en el “buen salvaje” argumenta que somos intrínsecamente puros y moralmente buenos al nacer y que es el entorno y la sociedad que “programa” al ser humano y corrompen la bondad innata.

El debate de nacer bueno o malo se torna filosófico en muchos casos, psicológico o sociológico, se versa sobre nuestra comprensión de la naturaleza humana y el efecto que el entorno y el medio ambiente tiene sobre la persona. A estos elementos le agregamos, al igual que en el relato, la posibilidad de tener la impunidad disponible.

Estudios más recientes sugieren que la evolución psicológica y biológica hacen que los seres humanos tengamos capacidades innatas de empatía, cooperación, compasión y solidaridad, al igual que la competencia, la mentira, la traición y la agresión.

Javier Hernand Garcés es Licenciado en Derecho, Maestro en Derecho Ambiental y Licenciado en Naturopatía