domingo, julio 21, 2024
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Bloques del Sur global desafían la unipolaridad

Ana María Aragonés

Se están produciendo un conjunto de procesos alternativos en el Sur global que buscan revertir las condiciones geopolíticas dominadas por Occidente, particularmente por Estados Unidos, cuya hegemonía está en crisis. Destacamos dos elementos que parecen centrales. Por un lado se enfatiza la necesidad de establecer la multipolaridad y, por otro, cambiar los términos de los intercambios internacionales planteando la desdolarización de las transacciones. Se trata de una estrategia “cuya paternidad reclaman los principales promotores del BRICS, bloque de Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica” y, como señala Adrián MacLiman, al que muchos países quieren pertenecer. Resulta muy significativo que se haya nombrado presidenta del Nuevo Banco de Desarrollo a Dilma Rousseff. Por su parte, Naledi Pandor considera que este bloque es un claro defensor del mundo en desarrollo, surgido por el abandono de los países ricos y las instituciones mundiales, sobre todo durante la pandemia.

Otro esfuerzo de integración se produjo en Brasilia por invitación de Luiz Inácio Lula da Silva para recuperar los espacios de Unasur, al que acudieron los presidentes de Argentina, Chile, Paraguay, Uruguay, Ecuador, Bolivia, Colombia, Venezuela, Surinam y Guyana, así como el jefe del consejo de ministros del gobierno de Perú. De nuevo surge la propuesta, en este caso fue Lula quien la planteó, la creación de una unidad de referencia común para el comercio que profundice la identidad en el ámbito monetario y reducir la dependencia de monedas extrarregionales. Interesantes los comentarios de Alberto Fernández, presidente de Argentina, en el sentido de crear, además, una zona de paz en la región.

No se pueden dejar de lado las diferentes cumbres y reuniones de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), que agrupa a 33 países con “independencia de sus sistemas políticos y económicos” (Carlos Fazio), cuyo interés se centra en discutir modelos de integración regional con un enfoque multipolar, en un marco de cooperación y fortalecimiento regional para impulsar un proyecto común y en el que, nuevamente, se vislumbra discutir sobre una moneda común para las transacciones comerciales.

Por otro lado, la dinámica económica tiene un claro desplazamiento hacia la región euroasiática, eje de la nueva Ruta de la Seda del presidente chino, Xi Jinping, a la que Estados Unidos busca por todos los medios afectar, sobre todo en relación con las áreas tecnológicas tratando de obstaculizar su acceso tanto a semiconductores de alta tecnología como a los instrumentos para fabricarlos ( La Jornada, 3/6), sin olvidar sus movimientos en Taiwán.

En el marco descrito, no es extraño que en la región latinoamericana, con su deriva progresista actual, se hayan producido gravísimos intentos de desestabilización de la mano de una ultraderecha que busca por todos los medios que no gobiernen en la región: el golpe de Estado contra Evo Morales, en Bolivia; el intento de asesinato de Cristina Fernández, en Argentina; el encarcelamiento de Pedro Castillo (Perú), y la denuncia del presidente Gustavo Petro (Colombia) de que sectores opositores buscan derrocarlo con maniobras judiciales. En todo este escenario, la ultraderecha homófoba, racista, antinmigrante de la región va contra todos los derechos para mantener la globalización neoliberal y cuyas élites oligarcas buscan el concurso de Estados Unidos para lograr sus objetivos. Al final, élites dependientes repiten las ideologías del Norte.

Por ello no es extraño que se hayan intensificado los ataques contra los migrantes, un rechazo ilegal que genera verdaderas crisis humanas que, en el fondo, buscan desviar la atención de los procesos como los mencionados y generar caos mundial. Un caso espeluznante está poniendo en marcha el desquiciado gobernador de Texas, Greg Abbott, quien declaró a los cárteles de droga y grupos criminales mexicanos organizaciones terroristas extranjeras en el estado, y desplegó barreras marinas a lo largo del río Bravo para evitar los cruces de migrantes.

Motivos más que centrales para seguir en el camino de la integración tanto de la región latinoamericana como con los nuevos bloques que promueven la multipolaridad y el multilateralismo en un marco de cooperación y respeto a la soberanía y al autogobierno de las poblaciones.