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Netanyahu, el célebre

Abigail Mendoza Alvarado

6 de octubre de 2024

Aclamado señor Netanyahu, queremos hoy reconocerle su increíble capacidad para cambiar en menos de un año la realidad de tantos niños palestinos. Por décadas, infinidad de filántropos han intentado realizar esta labor sin obtener casi ningún resultado, por lo que usted es el ejemplo de que querer es poder. Espero que no le moleste nuestro atrevimiento, pero creemos que es digno de ser comparado con el célebre Adolfo, personaje que paradójicamente hablaba de la Solución Final. Estamos seguros que algo ha oído de él y quizá algún conocido suyo guarde algún recuerdo que le pueda compartir . 

Pero volviendo a usted, insistimos en resaltar su talento para cambiar un gran país y la expectativa de vida de quienes allí habitan. Por ejemplo, ha enseñado a los niños palestinos qué es la fe y la resiliencia; que tienen la capacidad de sobreponerse a las adversidades de la vida, a vivir, a disfrutar cada momento como si fuera el último. Les ha enseñado la inexplicable capacidad humana para renacer de los escombros y florecer en la sequía; a su corta edad, los niños han aprendido a sonreír aun sin mamá o papá presentes. Los emociona con luces artificiales que parecen casi divinas. Les ha enseñado a que se conformen con poco y a jugar entre escombros; que la vida es efímera y que todo el mundo grita por y para ellos; que somos más los buenos y que Palestina está en todas partes. Les ha enseñado que su bandera pinta la unión de todos los que por ellos resistimos; que su inocencia es la causa de nuestro grito de paz mundial. 

Aclamado señor Netanyahu, usted es reconocido por más de la mitad del mundo como un hombre insensible. Y sí, por desgracia elogiado por los fascistas capitalistas que lucran con la vida de los desprotegidos para volverse más ricos.  Haciendo a un lado la ironía, es cierto que usted ha sido capaz de destrozar la vida de miles de niños; sí es verdad que les enseñó la fe, la de pedir por no morir hoy o la de no perderse en la soledad del genocidio; la resiliencia, cuando se quedan sin familia o cuando son curados sin anestesia de sus heridas casi mortales; la capacidad de sobreponerse a un bombardeo atroz que los aleja de su infancia y la de disfrutarse a sí mismos y a sus seres amados como si fuera el último día juntos, porque muy probablemente así lo será. De este modo aprendieron a limpiarse la cara del miedo, del llanto y del polvo de sus casas destruidas; a sonreírle a la vida cuando no mueren en los ataques que sufren sin piedad. Es por ello que usted es digno de compararse con los más grandes genocidas de la historia. Créanos que siempre se le recordará como el gran ejemplo de todo lo que está mal en un ser humano. Reciba entonces nuestros saludos, esperando que se encuentre bien… mientras la conciencia colectiva se lo permit

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