Pronunciar el nombre del periodista Fito Soler va enlazado a la frase “divino y maravilloso”. A la palabra amigo, a risas, a baile, a conocer historias de políticos, de las familias de la alta alcurnia de Veracruz, de las fiestas tradicionales de Tlacotalpan, de su querida cuenca del Papaloapan, y su mágico San Andrés Tuxtla.
El periodista Eugenio Rodolfo Soler Valencia mejor conocido como Fito Soler fue tan “divino y maravilloso” que murió el 12 de mayo, Día del Comunicólogo. Era egresado de la Facultad de Periodismo Profesor Alfonso Valencia Ríos, hoy Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Veracruzana (UV), y ejerció la carrera profesional por más de 40 años en el periódico más antiguo del país: El Dictamen.
Fito Soler falleció a la edad de 72 años en la clínica del IMSS de San Andrés Tuxtla a consecuencia de un mal crónico y sus exequias fueron este lunes 13 de mayo en la Catedral de San José y San Andrés, en su tierra natal.
Fito Soler era una persona y un periodista fácil de querer. Fue el fundador y organizador de la famosa fiesta de Los Fitos, patrocinadas por diputados, diputadas, secretarios de gabinete, gobernadores y los empresarios que le prestaban salones de fiesta para realizarla con todo y banquete.
Las nuevas generaciones de reporteros se sorprenden al escuchar las historias divertidas, los bailazos, las comilonas, la elegancia de las mesas, el salón adornado y de las tantas ediciones de “La Fiesta de Los Fitos”, celebradas en días aproximados a la Libertad de Expresión, cada 7 de junio.
En esos jolgorios de Los Fitos se premiaba a los reporteros con las nominaciones “El mejor”, “El peor”, “El más huevón”, “El chayotero”, “Las mejores nalgas”, “El más borracho”, y había uno especial que Fito Soler le llamó “Reportero Vedette Martha Meza” en honor a la hoy finada periodista Martha Meza Sánchez, exjefa de información del Diario de Xalapa.
La alegría y el humor fino de Fito Soler contagiaba a las señoras de la alta sociedad, a los artistas nacionales y extranjeros, al mesero que le atendía en el bar México y hasta al gobernador en turno.
Fito Soler tenía de todo, menos reservado; su vida era transparente para todos, amaba, respetaba y recordaba con mucho amor a su madre la maestra Beatriz. Sus últimos días los pasó bajo los cuidados de su hermana y su cuñado.
Por las mañanas se le veía caminando por el centro histórico de Xalapa, recién bañado, rasurado, bien peinado, perfumado, con camisas y pantalones perfectamente planchados, zapatos limpios, perfumado, con reloj de marca, y una mariconera colgada en el hombro.
Fito Soler sabía vestir de acuerdo con la ocasión, la etiqueta era una de sus preferidas siempre hablaba de la elegancia, de la educación y de verse guapo.
San Andrés Tuxtla fue la tierra que lo vio nacer y crecer, para después viajar al puerto de Veracruz donde estudió la licenciatura en periodismo, y de ahí saltó a la capital del estado para formarse como un reportero de sociales; laboró por más de cuatro décadas en El Dictamen.
En la Cuenca del Papaloapan, en el sur, en el puerto de Veracruz, en Xalapa y Coatepec sabían quién era Fito Soler. La sociedad sabía que él era pieza clave para que las fotografías y nombres de los asistentes a una boda, XV años, primera comunión, bautizos apareciera en la sección de sociales de periódicos impresos.
