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Movimiento guiñol contra las instituciones

Metempolítica

El despliegue de los contingentes de la derecha mexicana bajo los atavíos del sombrero uruapense y de alzamiento juvenil de la generación Z, es otro más de los disfraces detrás de los que infructuosamente se arrebozan la oligarquía y sus adictos en aras de imponer su marco mental respecto a la realidad nacional, de la cual evidencian su desconexión tras cada intento fallido de generar resonancia entre aquellos a quienes suelen mirar hacia abajo.

Como base, a pesar de sus evidentes orígenes o nexos con una clase gobernante defenestrada, se caracterizan como ciudadanos y apartidistas, un clásico de la gobernanza neoliberal ante el desgaste de los partidos tradicionales: hacer creer que ser puede vivir sin la política, siendo actores privados —tanto individuales como ONG, tanques de pensamiento, empresas, cúpulas sectoriales, etc.— que se autorregulan y autoeligen quienes toman las grandes decisiones, apoyando o apoyándose de una casta de expertos —los tecnócratas— en el Estado, pues se supone que eso es convenientemente delegativo y lo demás queda en manos invisibles del “mercado”. Desde luego, esta fórmula excluye al pueblo, estableciendo de manera restringida prioridades exógenas en beneficio de unos pocos. Ni siquiera es realizable, pero es parte del discurso que, consideran, brinda legitimidad a personajes como Quadri, Meade o El Bronco, por ejemplo, prescritos a una sociedad a la que le se le ha pretendido borrar toda iniciativa democrática —que dimana del poder del demos—, salvo la ideología aprobada y administrada por la intelectualidad orgánica y los organismos internacionales homogeneizantes.

Los resultados tras décadas ahí están: tremenda desigualdad y violencia, y por eso regresó la política. De ahí que el “pueblo” sea una palabra que so riesgo existencial están redescubriendo desde hace 6 años, muy a su pesar, pues el expediente público muestra que detestan la idea de tener que compartir el gobierno con “la prole” y carecen de la menor idea sobre cómo aproximarse o convencerla a falta de proyecto, si no es con miedo y mentiras.

Pero el linaje reaccionario no puede sostener su cinismo e hipocresía. Siempre se sale del guion y supura el desprecio por las masas, regalando por igual risas e indignación. He ahí los casos de Ricardo Anaya, alias Canallín, cuando emprendió un atolondrado recorrido por colonias populares y, desde su superioridad moral, terminó haciendo una reprimenda a los pobres por comprar caguamas; o el del columnista de Reforma, Eduardo Caccia, El Cachas, quien exhortó en su sonrojante entrega “¡Vas, carnal!” a votar por el PRIAN, con las prédicas gatopardas de siempre, pero a través de un lenguaje estereotipado del peladito, como evidentemente estima al mexicano de a pie. De antología. Claro, sin olvidar la repugnante franqueza del propagandista Carlos Alazraki y amigos.

Con todo, las manifestaciones camaleónicas de la autodenominada Marea Rosa, que engloba a quienes largamente simularon alternancia y rivalidad política, son variadas y cada vez más desesperadas, teniendo que recurrir incluso a la patética imitación de expresiones importadas. De un momento a otro pasaron de copiarse de los Chalecos amarillos (Gilets jeunes) de Francia a enarbolar el Jolly Roger del anime One Piece, a la guisa de lo visto en Nepal, usurpando hasta la representatividad etaria de la generación Z. Del feminismo de ocasión hasta el trostkismo de Xóchitl Gálvez pasaron a absorber el Movimiento del Sombrero, una causa local michoacana que se decía independiente —otra palabra sinónima para “ciudadano” y “apartidista”—, pero que ya se perfila como un nuevo partido político, de la que el mismo fundador y mártir, Carlos Manzo, había advertido que los oportunistas pretenderían colgarse.

Que en realidad este sábado 15 de noviembre marcharon los Va x México, Frenaa y afines no es sorpresa, ni que se creara artificialmente la impresión de masivo descontento popular y gigantesca capacidad de convocatoria, ni que la movilización terminara siendo completamente partidista; tampoco fue novedad que ni siquiera un tercio de los participantes correspondiera al grupo de edad que supuestamente convocaba.

La diferencia de lo visto hasta ahora es el endurecimiento de la apuesta en las calles, con una narrativa golpista que, invocando los acontecimientos de la reciente revolución de color nepalí, llama en abierto al derrocamiento del gobierno mexicano legalmente constituido y democráticamente electo al que criminaliza —lo que nunca antes, existiendo nexos probados con el hampa, fue tan grave para la comentocracia—, a la intervención estadounidense; el despliegue de cuadrillas porriles a provocar choques violentos, así como el envalentonamiento de las expresiones más virulentas: no sólo el fomento del odio al adversario político o la otrora repudiada polarización, sino también en la forma de la exaltación del nazismo y el antisemitismo (real), entre otros.

Tales circunstancias que se añaden a otras previas parecen denotar la audacia de quien se siente impune, protegido por el matón de la clase, dispuesto a dinamitar todo ante su incapacidad para verdaderamente reformularse, pues ciertamente,el relanzamiento del PAN, por ejemplo, no es una reformulación, sino la asunción de su legítimo asiento luego del chasco cristero de Eduardo Verástegui, inscribiéndose en la estrategia de la ultraderecha internacional trumpiana, visceral, que amedrenta y trata de imponerse a como dé lugar.

Ya no hay disimulo en su renuncia al progresismo, a los eufemismos neoliberales, a las instituciones republicanas o al Estado de derecho que decían defender, eso ya no importa. El falso nicho del centro político, “ni de izquierda ni de derecha”, se desdibuja y cada quien ocupa su lugar. Qué tan firme es el respaldo del “coloso del norte” a la vieja oligarquía se verá tras la efectuación de la precipitada nueva movilización convocada para este 20 de noviembre, apenas 5 días después. Es fuertemente simbólico que la derecha se abalance contra la conmemoración de la revolución popular que dio la Constitución y esas instituciones a este país.

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