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México, al BRICS

México SA

Cierto es que en su relación con un gobierno salvaje como el estadunidense, México debe caminar con pies de plomo, ser en extremo cuidadoso, pero ello no lo obliga a desechar alternativas viables tendientes a fortalecer su soberanía, crecimiento económico y desarrollo social, por temor –no sin fundamento, desde luego– a una reacción hostil (aún mayor) del imperial vecino del norte. Sin embargo, así ha procedido nuestro país cuando se le presentan opciones para él benéficas, entre las que destaca una de las más recientes: la incorporación al mecanismo del BRICS, el cual, siempre desde la praxis del multilateralismo, hasta ahora congrega a un grupo de naciones en las que vive la mitad de la población del planeta y genera cuatro de cada 10 dólares de la economía mundial.

De por sí dependiente de Estados Unidos, nuestro país quedó encadenado a su vecino del norte (mediante el Tratado de Libre Comercio, TLCAN) por obra y gracia de un gringo nacido en México (Carlos Salinas de Gortari), quien prometió el Primer Mundo a los mexicanos (y en eso quedó: en mera oferta) y sólo los hundió más en el tercero. Y así ha permanecido por más de tres décadas sin considerar otras opciones, siempre en el marco de la creciente hostilidad y condicionamiento de quien ocupe la Oficina Oval.

México ha sido convocado en no menos de dos ocasiones para que se incorpore a ese mecanismo multilateral, y ambas los gobiernos de la 4T lo han rechazado. En 2023, el entonces presidente López Obrador explicó que por razones económicas, de vecindad, de geopolítica, vamos a continuar fortaleciendo la alianza de América del Norte y de toda América. Nuestra propuesta es fortificar el tratado con Estados Unidos y Canadá, consolidarnos como región, ayudarnos mutuamente, complementarnos, que se compartan inversión, tecnología, fuerza de trabajo, que se mejoren los salarios y se consolide América del Norte. Eso es lo primero.

Y más recientemente, la presidenta Claudia Sheinbaum declinó participar directamente en la cumbre del BRICS de Río de Janeiro, Brasil, restando así relevancia a la comunidad de naciones que se agrupa en ese mecanismo multilateral, incluyente e igualitario que busca ampliar la visión en un mundo controlado, cual vil cacique, por Estados Unidos, cada día más autoritario, intervencionista, agresivo e intolerante. La mandataria se limitó, por razones protocolarias, a enviar en su representación, en calidad de observador, al secretario José Ramón de la Fuente. No más.

México debió estar en Río de Janeiro, no representado por un observador, sino por la presidenta Sheinbaum. A menos, claro está, que no coincida (lo cual es dudoso, desde luego) con la declaración final de la cumbre del BRICS (consensuada por los 21 estados que la integran): contra la imposición de medidas coercitivas unilaterales contrarias al derecho internacional, que tienen profundas repercusiones negativas en los derechos humanos, incluidos los derechos al desarrollo, la salud y la seguridad alimentaria, de la población general de los estados afectados, al golpear de manera desproporcionada a los más pobres y a las personas en situación de vulnerabilidad; exigimos la eliminación de estas medidas injustas, que socavan el derecho internacional y los principios y propósitos de la Carta de las Naciones Unidas.

Además, reafirmamos que los estados miembros del BRICS no imponen ni apoyan sanciones no autorizadas por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas que sean contrarias al derecho internacional, y se manifiestan en contra de la polarización y fragmentación del orden internacional, al tiempo que recoge la alarma de los países del bloque ante un aumento crítico del gasto militar mundial, en detrimento del financiamiento adecuado para el mejoramiento de la calidad de vida de los países en desarrollo ( La Jornada, Roberto González Amador).

Entonces, el gobierno mexicano no puede restar importancia a los BRICS, porque en ese bloque nuestro país tiene todas las posibilidades de dejar de depender del imperial vecino del norte, el cual, de todas maneras, no dejará de presionarlo y meterse donde no lo llaman.

Las rebanadas del pastel

No sin razón, López Obrador la calificó de simple florero en el acontecer internacional, pero el presidente brasileño, Lula, fue contundente: Hace mucho que no veía a nuestra Organización de Naciones Unidas tan insignificante como ahora; una ONU que fue capaz de crear el Estado de Israel, pero no lo es para crear el Estado palestino; que ha sido incapaz de lograr un acuerdo en esa región del mundo para poner fin a un genocidio que está matando a hombres y mujeres en Gaza.

X: @cafevega

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