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Los que mandan dólares pero no pueden votar

Por: Rodrigo Efraín Hernández Hebrard* y Emilio Antonio Vázquez Morales**

La democracia no puede seguir teniendo fronteras. Mucho menos cuando quienes quedan fuera de ella son, paradójicamente, quienes sostienen buena parte de la vida económica y social de Veracruz desde lejos.

En los pasillos del Congreso del Estado vuelve a discutirse una iniciativa que, aunque suene novedosa para algunos, lleva años tocando la puerta sin ser escuchada, hablo la de garantizar el voto de las y los veracruzanos en el exterior y es que no es la primera vez y sí, ese justamente es el problema.

Porque mientras la propuesta entra y sale del debate legislativo, hay una realidad que no cambia, miles de veracruzanos que migraron, por necesidad, no por gusto, siguen sin poder incidir en las decisiones políticas de la tierra que los vio nacer; siguen enviando remesas, sosteniendo familias, construyendo comunidad a la distancia, pero sin voz en las urnas locales.

Hace casi dos décadas, en julio de 2006, México dio un paso histórico al permitir por primera vez el voto de sus ciudadanos en el extranjero en elecciones federales ¿fue un avance importante? Desde luego que sí, pero también incompleto, porque ese reconocimiento no terminó de permear en los estados, donde se toman decisiones que impactan directamente en sus comunidades de origen y hoy, Veracruz tiene frente a sí la oportunidad de corregir esa omisión.

No se trata de un gesto simbólico, se trata de reconocer derechos; de entender que la ciudadanía no se pierde al cruzar una frontera o de asumir que la democracia no puede ser selectiva ni territorial cuando se habla de identidad, pertenencia y responsabilidad colectiva.

En medio de un contexto migratorio complejo, donde nuestros connacionales enfrentan incertidumbre, discriminación y políticas cada vez más restrictivas en otros países, negarles el derecho a votar en su propio estado no solo es injusto, es profundamente incongruente.

La discusión, sin embargo, no debe quedarse en el terreno técnico o administrativo, no es solo cómo implementar el voto, sino si existe la voluntad política para hacerlo realidad y ahí es donde históricamente se ha atorado todo.

Por eso, el llamado es claro, las y los legisladores de todas las bancadas tienen hoy la oportunidad de saldar una deuda histórica y aclaremos, no es con un sector menor, sino con cientos de miles de veracruzanos que, aunque lejos, siguen siendo parte activa del estado.

Aprobar esta iniciativa no debería ser motivo de disputa partidista, sino un acto mínimo de coherencia democrática, porque al final, la pregunta es simple ¿de qué sirve presumir una democracia incluyente si seguimos dejando fuera a quienes nunca se han ido del todo?

Veracruz no puede seguir postergando este debate ni mucho menos, seguir negando este derecho, ya es momento de que la voz de quienes cruzaron fronteras también cuente en las decisiones de su hogar, porque la democracia, si es real, tiene que alcanzarlos también a ellos.

  • Director Binacional de Comunicación y Relaciones Públicas en AMEXCAN
  • Coordinador Binacional de Comunicaciones en AMEXCAN

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