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La reproducción «tradicional» sigue perdiendo terreno en los países ricos

Juan José Barrientos

París, 23 de agosto (WUP).– De acuerdo con estadísticas publicadas recientemente por la Organización de las Naciones Unidas, la clonación continúa ganando terreno, no sólo en los países más avanzados tecnológicamente sino también en las clases adineradas de otras regiones del planeta, en detrimento de la manera natural o “tradicional” de reproducirse.

De cada diez personas consultadas en una encuesta que se realizó en Estados Unidos hace unos años, cinco manifestaron apego a la procreación, tres se mostraron indecisos y únicamente dos optaron por lo que se considera el último grito de la moda en lo que a la propagación de la especie se refiere; sin embargo, los últimos sondeos muestran que la clonación está ganando cada vez más aceptación.

Como es sabido, la reproducción “tradicional” se basa en el embrión constituido por un óvulo fecundado, mientras que la clonación es una célula cualquiera de un individuo, la que mediante diversas técnicas se convierte en embrión. Tanto el embrión que resulta de la fecundación del óvulo como el que se emplea en la clonación se desarrollan del mismo modo una vez que se encuentran en la matriz, y la gestación dura unos nueve meses. Si no se conocen sus antecedentes, es prácticamente imposible distinguir entre hijos y clones, por lo que estos casi no han resentido ninguna discriminación. Sin embargo, al principio se rechazó a los clones, sobre todo en teoría, debido a que son verdaderas reproducciones, copias, genéticamente hablando, mientras que los hijos son siempre individuos nuevos con un potencial genético diferente de sus padres.

Todavía quedan grupos calcitrantes, como los católicos ortodoxos, para quienes los hijos son producto del amor de las personas que mediante la procreación tratan de trascender, aunque este anhelo sea inconsciente, mientras que los clones nacen del egoísmo de un individuo que quiere repetirse; sin embargo algunos teólogos han reivindicado la planeación como una forma de enmendarse y hay quienes pretenden que la autoriza el Génesis (“Creced y multiplicaos”).

Por supuesto, la clonación tenía que revolucionar las costumbres; para empezar, los conceptos tradicionales de maternidad y paternidad resultaban inapropiados para las relaciones que existen entre una persona y sus clones. Hubo que actualizar la legislación para que se tuvieran en cuenta los nuevos tipos de parentesco y se reconocieran los derechos de la creciente población clónica; hasta se tuvieron que revisar nociones como el incesto, pues no faltó quien se enamorara o abusara y en todo caso tuviera relaciones sexuales con sus clones (sin incurrir en la homosexualidad necesariamente, puesto que desde hace unos veinte años se pueden obtener clones del sexo diferente al del original).

También el narcisismo es ahora un concepto mucho más amplio debido a la tendencia de los clones a formar parejas (y con mayor frecuencia grupitos) con otros clones de la misma persona, como reveló el famoso informe Batis. Hay clones destacados en todas las profesiones, pero sobre todo han tenido éxito en los espectáculos y deportes, debido a los extraordinarios equipos de clones que algunos países han enviado a las olimpiadas y otras competiciones internacionales, así como a las nuevas generaciones de coristas y bailarinas.

Tampoco han faltado bandas de clones que desvalijan a los transeúntes en ciertos barrios o han cometido violaciones e incluso asaltado bancos, pero algunas se ha comprobado que en realidad estaban integradas por impostores que se valían de maquillaje y máscaras. De acuerdo con varios estudios demográficos y sociológicos, el número de nacimientos que resultan de la clonación se está incrementando de manera constante y en la próxima década habrá un poco de clones en aquellos países donde por motivos culturales se ha implantado rápidamente el nuevo método de reproducción (México es uno de ellos debido al “cuatachismo”).

No faltan, por supuesto, voces disidentes y gritos de alarma. Para un conocido político francés “la humanidad se ha metido en el callejón sin salida de la clonación, que frena la evolución y obstaculiza la renovación de la especie”, Y la misma postura ideológica se encuentra detrás del asesinato de los Gleich, una “familia” de clones masacrada en Beverly Hills hace unas semanas, pues sus victimarios escribieron en las paredes de la mansión la sangrienta divisa de quienes condenan la clonación: Caras nuevas.

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