Luis Adalberto Maury Cruz
lmaury_cruz@hotmail.com
Falanges
La moral, el resentimiento y los malestares culturales en esta Tercera Modernidad se integran en la acción y repercuten tanto en la vida colectiva como personal; sin embargo, ¿en qué deriva la fusión de la costumbre y del resentimiento en la actualidad?
Moral como conducta
La moral, entendida como costumbre, es un hábito que se forma con la repetición de acciones. Estas derivan de una idea recurrente, constituyéndose en un patrón que es un axioma comportamental, que dictamina, valora y marca el proceder.
La conducta nos hace partícipes del mundo de la individualidad y de la colectividad, pues la realiza un individuo y, en gran medida, implica a la comunidad. Por esto, la persona es una individualidad social. La conducta es un sustento para la costumbre, la cual es un sistema de acciones y de patrones que se forja en la relación con los otros.
La persona no sólo es un ente repetitivo, también atraviesa por una fase de deslinde, una suerte de un “yo quiero” que, en no pocas ocasiones, es una imitación de otro grupo o comunidad. Sin embargo, poco a poco se deslinda y surge una genuina individualización. La persona siempre tiene sentido en oposición/aceptación con la comunidad, para terminar por formar otras maneras de relacionarse consigo misma, con los otros y con el mundo.
En este sentido, la moral como costumbre supone un sistema estimativo, es decir, de preferencias/rechazos que se constituyen en patrones conductuales/valorativos, ejes del día a día. Empero, ¿qué ocurre cuando el resentimiento se convierte en un patrón conductual?
Resentimiento vs. indignación
El enojo es un sentimiento que acontece cuando se está frente a una injusticia. Cuando esta desaparece o se asimila, el sentimiento se diluye; a este enojo también se le llama indignación.
El enojo también puede ser un sentimiento patológico, crónico y enquistado, que corroe a la persona y a su entorno. Así, el enojo en sentido positivo es indignación y en sentido patológico es resentimiento.
El resentimiento distorsiona la estructura de valores de una persona, de una comunidad y de una sociedad, generando una moral basada en la negación y el rencor. Nega la afirmación de sí mismo, la excelencia, la verdad y la realidad. El resentimiento termina por hacer “metástasis”, erosionando la dignidad de quien lo padece y mermando a sus próximos.
Max Scheler señala que el resentimiento es acumulación y represión ante frustraciones, inversión de valores, autovictimización y odio disfrazado de justicia.
El resentimiento acontece como un sentimiento recurrente de impotencia ante la jerarquía social, ante un sistema de valores que desfavorece y/o frente a actos de verdadera violación de la dignidad humana, que engendran deseo de venganza y destrucción.
Sin embargo, hay un resentimiento artificial, el cual se da cuando la persona se asume como víctima sin serlo, pero autopercibiéndose como tal. Es decir, el resentimiento es contagioso, puede iniciar o no con un genuino acto de indignación y puede terminar en una “histeria” colectiva. ¿Recuerda algún caso de una persona o colectivo victimista?
Así, el resentimiento hecho moral es la tendencia a la destrucción del otro, a la autovictimización y a la negación de la responsabilidad propia. El resentido más dañino es el que justifica su frustración y disfraza su odio de principios morales, éticos o ideológicos. De esta forma, los valores auténticos son invertidos por posturas esnobistas e hipócritas que justifican la mediocridad.
La época actual y la moral del resentimiento
En esta Tercera Modernidad, con sus malestares culturales, donde prima el hiperindividualismo y el culto a la autopercepción, con personas consumistas, líquidas y cansadas; en un mundo sin asidero, falta de solidez y de flexibilidad vital, el mundo se torna en un medio hostil para la persona con síndrome de Peter Pan.
Si la otra persona se ve como competencia/enemiga y lo efímero, lo hedonista, lo solitario y la falta de solvencia financiera es cada vez más frecuente, entonces la persona termina por ser víctima de sí misma y victimaria de otras.
Así, la sociedad impulsa la frustración y con ello acontece el resentimiento; es un efecto connatural de esta condición epocal actual.
Hay una moral creciente basada en el resentimiento, es decir, una moral del victimismo y del no asumir la propia responsabilidad. Esto está presente tanto en la vida política como social. ¿Conoce a una persona o un colectivo que se la viva en el drama del victimismo? ¿Se da cuenta de que han hecho de esto un modo de vida, hasta un negocio fructífero?
La vida adulta inicia con el deslinde entre lo propio y lo ajeno, con el asumir la propia carga de responsabilidad. Es decir, sólo cargar con lo propio es ser adulto y ser feliz; en sociedades victimistas, esto es un acto revolucionario. La adultez supone ser auténtico con uno mismo y, por ende, renunciar a la autopercepción como criterio epistémico.
Esta vida adulta rompe con el estereotipo del eterno adolescente presente en esta Tercera Modernidad e impulsado por el modelo de la América Global, con su cultura woke de cuño demócrata que está en crisis desde 2024 con el abandono de este modelo por parte de fondos de inversión como BlackRock y J.P. Morgan. Con la llegada de Trump, esto se ve con mayor claridad.
El problema se torna más caótico, pues Trump solo ve por la postura republicana de Make America Great Again (MAGA), con su agenda proteccionista, petrolera y antiwoke. No es una solución a los malestares culturales de esta nueva modernidad, sino un intento de imponer la desiderata de Washington versión republicana en un mundo que ha dejado de ser unipolar, con la pérdida de la hegemonía de EE.UU. y con los estragos de la Agenda 2030. Hoy el mundo pasó a la multipolaridad.
Es menester transitar de esta idea de moral asumida como un modo de ser vacuo, de una costumbre irreflexiva, a una moral reflexiva, a la cual yo llamo ética, de la responsabilidad y del respeto incondicional por la dignidad del otro, no así de sus acciones y dichos.
No debemos olvidar que, para ser feliz, hay que aceptarse, abrazar la realidad tal cual es, ser auténtico consigo mismo, circunscribiendo la autopercepción sólo a una simple opinión personal sin más.
Conclusión
La fusión de la costumbre y del resentimiento en la actualidad lleva a asumir el malestar de la cultura contemporánea, que es el hiperindividualismo, como acumulación y represión de frustraciones, inversión de valores, autovictimización y aborrecimiento de la realidad enmascarado de justicia.
Hoy estamos ante discursos de odio disfrazados de moralidad, que niegan la diversidad y sólo aceptan la retórica de una hiperindividualización fundada en la autopercepción, negando la verdad, la evidencia empírica y la objetividad, bajo la lupa de un relativismo tortuoso y autocontradictorio.
La moral del resentimiento es el cáncer que corroe la existencia humana; es contagiosa y representa un nihilismo patológico.
La hiperindividualización se correlaciona con el resentimiento, deformando la cualidad estimativa de la persona, la comunidad y la sociedad, mutando en una moral de la negación y del rencor.
En fin, ¿usted qué piensa?
