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La lobera de Guerrero

Oír para contarla, memorias de jubilados

“La vida no es lo que uno vivió, sino la que recuerda y cómo la recuerda para contarla”

Gabriel García Márquez, “Vivir para contarla”.

Las memorias colectivas de los veracruzanos del siglo pasado, es tan abundante que da para crear muchos “Viejos Sabios” y “Rosas Cabarcas”.

Para muestra un botón: La zona de tolerancia de la Calle de Guerrero en la ciudad de Veracruz, fue objeto de ensayos académicos, novelas, leyendas y motivo de referencia en investigaciones históricas, como la de Octavio García Mundo sobre el movimiento inquilinario de 1922.

Pero aún falta mucho que contar, sobre todo de la ciudad de Veracruz de la segunda mitad del siglo XX, de aquella población de cerca de los 150,000 habitantes en los años 50´s y donde la mayoría de las familias se conocían.

Los modernos cronistas debemos aprovechar las fuentes de primera mano, testigos y protagonistas de aquellos años.

Comienzo mi investigación en una Cantina Criolla de la Calle de Campero, donde el Dr. “T” nacido allá por los 30´s del siglo pasado me cuenta algunas anécdotas de la Zona de Guerrero, conocida como la “Lobera”.

De acuerdo al Dr. “T” los “padrotes” se juntaba en la esquina de Cortes y Guerrero, ahí se la pasaban platicando o jugando, cerca de las ventanas donde estaban las chicas, por si algún problema ocurría. Corría el año de 1958, las “muchachas” cobraba $5 pesos y las veteranas que se resistían al tiempo eran “La Platanera” y “La Kikí”, la última de las francesas.

El Policía del barrio era el “Chicupias”, encargado de imponer el orden en caso de que algún cliente se quisiera pasar de vivo o de que alguna de las “muchachas” no acudiera a su revisión sanitaria samanal, en cuyo caso la sanción era de $99.99, ósea tipo “yanqui”, no llegaba a $100 pesos.

De acuerdo al Dr. “T” – quien niega haber sido padrote- al caer la noche, las muchachas tenía que entregar la cuota de $100 pesos a su “Padrote”, sin excusa ni pretexto. Por lo que, querido lector, haciendo cuentas, y considerando los gastos en alimentos y la renta de la ventana de $15 pesos, quiere decir que mínimo había que tener 25 clientes por día, por eso es creíble las anécdotas de colas de adolecentes en la ventana de “La Platanera” ó de “Blaquita”.

Había que trabajar duro porque los “Padrotes” les gustaba lucir pantalones de tela “Tex fil” o “Casimir Tropical”- agrega el Dr. “T”.

“Memín”, “Amenaza”, “Tino”, “Choque”, “Pakin” y “el Ingles” son algunos de los Padrotes famosos de aquellos tiempos.

Pero no todo era trabajo, al finalizar la jornada, el “Padrote” llegaba a la habitación a abrazar a la muchacha, esta como una ama de casa ejemplar cambiaba la sabanas y ordenaba, todo. Ni pensar en “coger”, para aquellos momentos aquella mujer sólo quería que la abrazaran, sentirse querida- agrega el Dr. “T”.

La historia se me hace interesante, así que para corroborar datos acudo al departamento del archivo de historia contemporánea a cargo de los Jubilados Jarochos, que se encuentran en las bancas 3 y 4 del zócalo de la ciudad de Veracruz. Me atiende “El negro Arango”, veterano de los muelles y amigo de la familia, me confirma la historia, y no sólo eso, me dice que la prostitución en el muelle también era cosa común, recordando a la “Cara de Gallo”, una sexo servidora que sufrió un percance que casi le cuesta la vida, al atender a un “negro jamaiquino” que la dejó incapacitada por una semana.

En aquellos tiempos no había tanta enfermedad – dice Arango- el Municipio llevaba un control sanitario férreo de las muchachas que semanalmente eran revisadas por el Dr. “Cabezón” en el Hospital Serdán, además a la entrada y salida de su servicio te revisaban “aquello”, lavándolo en una palangana que tenían en su cuarto.

Como no me quiero quedar con dudas, me voy al lugar de los hechos, camino por la calle de Hernán Cortés hasta llegar a Vicente Guerrero y de ahí hago nuevos amigos: “El Borrego” y “Valerio”, quienes confirman las versiones y agregan nuevos datos, ellos por ser vecinos del lugar conoce perfectamente la zona.

Guerrero hoy en día es una zona comercial, en su mayoría ferreterías y herrerías, hasta existe un callejón llamado Tepito que yo no conocía y el cual encuentro interesante.

El Borrego dice que la zona de tolerancia era de Carlos Cruz a Canal- porque para acá- refiriéndose a su casa- habíamos pura gente decente- sonríe.

Recuerda que a finales de los 50’s y ante el crecimiento de la ciudad, las muchachas fueron reubicadas en el callejón de “Cuatro Cienegas” y luego en el de Reforma.

Desconozco si algún lector tenga fotos de aquellas mujeres o de cómo lucían las casas con aquellas ventanas tipo aparador, de las cuales hoy sólo queda una en pie. Las tiendas de conveniencia y la conveniencia de sus dueños están haciendo desaparecer aquellas inmuebles con fachadas del siglo pasado, las muchachas se han reubicado en Hoteles o a Casas de citas, cuya diferencia es de grado y por número de cuartos.

De “La Platanera” hoy sólo quedan las anécdotas de cientos de “Chamacos” ahora adultos mayores, que la recuerdan con cariño por haberse “Estrenado” con ella mientras leía su “Pepín” ( Una revista de historietas ).

-Quien sabe que fue de ella- dice el Borrego- nuevas chicas como “Reina la Burra” “La Güera Yolanda” o “la Pinta” la sustituyeron- palabra que suena a sarcasmo.

@miguel_salvador

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