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La fuerza que no requiere blindaje

ECP

Sara Carter dirige la Oficina de Política Nacional de Control de Drogas de Estados Unidos, ONDCP por sus siglas en inglés (Office of National Drug Control Policy), cargo que la prensa estadounidense llama “zar antidrogas” del gobierno de Trump. Desde ahí advirtió que Washington ampliará su estrategia para incluir a funcionarios mexicanos vinculados con los cárteles, en referencia al círculo de Rubén Rocha Moya y a los diez señalados del “clan de Culiacán”. En la misma entrevista elogió la cooperación militar mexicana en la captura de “El Mencho” y prometió, en la frase siguiente, atacar a quien no coopere. Cooperación elogiada y amenaza explícita conviven en el mismo discurso porque cumplen la misma función.

Carter y el resto de esa fauna no van a detenerse aunque México les entregue todo lo que piden. La presión no busca un punto final: es una forma de ejercer hegemonía, un modo de hacer política que necesita una amenaza activa de manera permanente. La ONDCP, la DEA, el aparato de seguridad estadounidense requieren un enemigo vigente para justificar presupuesto y relevancia institucional. Satisfacer esa demanda al cien por ciento no la apaga, la deja sin función, y por eso siempre habrá una exigencia siguiente. Entender esto cambia la pregunta: no se trata de resolver la presión, se trata de administrarla sin que escale.

Lo que sí tiene límite es la acción. Una ofensiva unilateral contra funcionarios mexicanos pondría en riesgo la revisión del T-MEC que esta semana negocia Marcelo Ebrard en Washington, golpearía una industria automotriz integrada entre ambos países que ninguna planta en Ohio o Michigan reemplaza de la noche a la mañana, y tendría factura electoral en territorio propio: la población mexicano-estadounidense vota, consume y trabaja en cifras que ningún partido puede ignorar. El discurso de Carter no tiene ese límite. La acción, sí.

Estados Unidos tiene un patrón documentado para instalar atmósferas de amenaza antes que los hechos las sostengan. Irán es el ejemplo más largo: una narrativa de peligro inminente que antecede, acompaña y sobrevive a cualquier acuerdo, incluido el que esta semana bajó el precio del petróleo. La amenaza no necesita comprobarse, necesita repetirse. Sheinbaum corrigió el dato sobre los laboratorios de fentanilo y mantuvo silencio ante la amenaza directa. La corrección no compite con la atmósfera en alcance, pero deja el expediente operativo limpio: cualquier acusación de que México no coopera se sostiene solo en el discurso, sin correlato verificable.

Hay además un interés que no necesita pronunciarse para operar. China es un gobierno pragmático, no ideologizado, y su cálculo de largo plazo favorece un México fuerte en la frontera con Estados Unidos, con el cual comerciar incluso con aranceles de por medio. La inversión china en manufactura y autopartes en territorio mexicano profundiza, sin gesto político alguno, la dependencia de las cadenas de valor norteamericanas en suelo mexicano. Ese interés no rescata a México ni lo necesita: simplemente hace más caro, desde una dirección más, desestabilizarlo.

El Mundial expone la diferencia con una claridad que ningún editorial inventaría. Aquí, acceso gratuito a los partidos, triunfo de la Selección, una presidenta que ve el partido inaugural junto a sus vecinos en un deportivo de la Gustavo A. Madero. Allá, agentes del ICE y de la Guardia Nacional dispersan con gas pimienta y balas de goma a comunidades migrantes que protestan en las mismas ciudades que recibieron al mundo como sede mundialista. Un poder necesita blindaje para sobrevivir al contacto con la gente; el otro construye ahí, en ese mismo contacto, la legitimidad que no necesita blindar.

México no necesita ganar la guerra de percepción que Washington domina por diseño. Necesita seguir siendo lo que ya es: el socio que coopera de manera verificable, que corrige el dato cuando hace falta, que no entrega material para la siguiente atmósfera, y que se ha vuelto, por geografía, por industria y por población, demasiado caro para atacar. Esa es la fuerza que no requiere blindaje.

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