La faena
Como todo grupo mafioso, el Clan Yunes tuvo su principio, solidificación y etapa final. Hoy se encuentran en un escenario de extinción que su arrogancia y falta de empatía social les impidió prever, aferrándose con todo al fuero constitucional que les puede dar sendos escaños en el Senado y la diputación local, porque prácticamente toda la familia dedicada a la política se halla bajo diversos procedimientos judiciales y prófuga de la ley.
Desde Miguel Ángel Yunes Linares, -el patriarca y seductor cabecilla que arremolinó bajo su estela corruptora a priístas, panistas y la extinta izquierda perredista– a sus vástagos Miguel Ángel y Fernando Yunes Márquez, todos viven azarosos días ocultándose de la justicia, pagando costosos amparos judiciales y artimañas legaloides dictadas por esos mismos jueces y magistrados corruptos que ahora exigen respeto a una investidura ensuciada y totalmente desacreditada al ponerla al servicio del poder político y económico en turno.
Esa misma maraña judicial cómplice les ha echado la mano, ocultando expedientes, dilatando resoluciones y dándoles pitazos como los que les permitieron a la honorable fórmula senatorial minoritaria panista-priísta eludir la probable detención de Miguel Ángel Jr. para huir del país, pretextando padecer una grave enfermedad, de la misma manera que su padre incumpliera antes citatorios judiciales argumentando haber sufrido un derrame cerebral.
Dicha red de complicidades es tan vasta y poderosa que se ancla en relaciones de amistad con encumbrados morenistas con quienes compartieron filiación foxista y calderonista, y ello ha sido factor que les ha permitido eludir la acción de la justicia, al estilo Gertz Manero.
Pero todo principio tiene su fin y en tiempo real están viendo desarticularse su imperio de corrupción que poco se diferencia de la categorización que se ha hecho de los tipos básicos de organizaciones dedicadas a la expoliación, la extorsión, las que cobran por protección o comercian productos. La base del negocio del Clan Yunes ha sido el tráfico de influencias, los negocios con dinero público, las amenazas y extorsiones como las que padecieron sus pares duartistas, a quienes les arrebataron gran parte del dinero robado en aquel aciago gobierno. Ha sido fincada en el engaño y la simulación, aprovechando la credulidad de una oposición política veracruzana que, en su odio visceral por todo lo que huela a lopezobradorismo, les dieron los instrumentos legales para que puedan seguir medrando en la política, mientras todos ellos se quedaron sin nada en las manos.
El origen cuasi mafioso del Clan Yunes se puede rastrear bajo el mismo esquema por medio del cual se configuraron las organizaciones criminales formales, que se aprovecharon de los vacíos de autoridad dejados por el Estado, y porque hasta la presidencia de López Obrador, ninguna autoridad realizó el menor esfuerzo para combatir, reducir o neutralizar tanto su labor depredadora del erario como la constitución de núcleos de poder político.
La mafia del Clan Yunes se ha erigido como un poder de control material del territorio -Veracruz-Boca del Río- y explota los circuitos políticos y administrativos locales y estatales. Además, de la mano del otro vástago, Omar, se han incorporado en los intangibles circuitos financieros internacionales, donde han puesto a salvo su amañada riqueza.
Hasta la llegada del lopezobradorismo, el Clan Yunes impuso la cultura de la mafia siciliana de la omertà (silencio) anclada en el entorno de una clase política opositora subdesarrollada, practicante de una cultura de pocos escrúpulos en diversos y complejos circuitos caciquiles familiares, políticos desideologizados y grupos económicos.
La del Clan ha sido una práctica violentamente lucrativa que alcanzó toda la estructura de poder veracruzana y que impregnó a todos los demás poderes y actores políticos. En la reciente elección, sin temores ni escrúpulos, amenazó, calumnió y trató por todos los medios de restablecer su hegemonía, tratando de pasar por encima de la candidata morenista Rocío Nahle, contra quien emprendieron una campaña de lodo como nunca se había visto.
Este miércoles, burlándose de la justicia, Miguel Ángel Yunes Márquez presumió su temprana inscripción en el Senado con la que espera lograr impunidad en un escaño que solo servirá para prolongar la agonía de un Clan y desde ahí seguir trasegando el poder para beneficio de su familia y compinches. Así pues, el Junior, con amparo en mano, dado por la jueza familiar Jovita, sería senador no por la votación directa de los veracruzanos sino entregada como concesión al ser la primera minoría.
Solo falta que otro presunto delincuente, Fernando, el manos ligeras exalcalde del puerto, aparezca también muy orondo, con su propio amparo para protestar como diputado plurinominal.




