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La edad mediana

APUNTES: La crisis de la Mediana Edad y la Crisis de Crisis

8 de mayo de 2025

«Me arrepiento de lo que no hice y no de lo que hice, me hubiera gustado haber vivido más intensamente». Paulo Coelho, «El Alquimista»
Aunque los estudios y debates en este tema no son definitivos, sí hay material escrito para poder elaborar un análisis comprensivo de lo que nos pasa a los humanos al llegar a cierta edad. La mediana edad se ha descrito como un punto de “inflexión” emocional, psicológico, económico que se da u ocurre alrededor de los 40 a 50 años. Se le asocia con un estado de incertidumbre que podría manifestarse de manera constante, muchas veces, sin la debida información para sobrellevarla.
Carl Jung, uno de los primeros en explorar la psicología profunda de la madurez, advirtió:
“La segunda mitad de la vida no tiene por qué ser un descenso, sino que puede estar llena de significado y propósito.”
Esta opinión podría entenderse que se refiere a una sociedad que sobrevalora la juventud como el único tesoro, la capacidad de producir bienes para consumirlos tan pronto éstos se hayan logrado; el consumo sin control de una sociedad que cree haberse ganado todo solo por el hecho de existir. Muchos lamentan no haber hecho lo que hoy creen que debieron haber hecho. La imposibilidad de actuar hoy de cómo lo hacías hace años cuando eras joven te puede llenar de tristeza y despecho.
En la etapa que traigo a colación, las relaciones que no se resolvieron y pasaron a tener un peso emocional sincero se convierten en frágiles y terminan fragmentándose, sean relaciones personales o laborales. Parece que no vemos la luz en el fondo del túnel, fisiológicamente causamos una fatiga con el exceso de producción de sustancias como el cortisol y otras que a la postre nos llevan a tener comportamientos nocivos. A esto se le ha llamado “basura existencial”. La identidad se fractura, las crisis previas se hacen recuerdos vívidos. El filósofo Byung-Chul Han dijo:
“La vida se ha convertido en un proceso de rendimiento sin descanso, donde el sujeto se explota a sí mismo creyendo que se realiza.”
La crisis de la Mediana Edad no es simplemente una parte del desarrollo, es un indicador directo de una cultura sedienta de “hacer cosas” a un ritmo que deja o genera un cansancio y una desolación. Preferimos hacer más cosas, más ocupaciones innecesarias cuando podríamos reinventarnos de manera armónica con nuestra propia historia. Viktor Frankl, el fundador de la logoterapia dice:
“Cuando ya no podemos cambiar una situación, tenemos el desafío de cambiarnos a nosotros mismos.”
Sería más viable identificar la crisis, valorarla, observarla, no tomarla como una calamidad sino como una oportunidad para evolucionar, aprender de ese momento y seguir adelante prepararse con lo que vendrá y saber que solo existe este preciso momento. No está mal replantear la forma en que vivimos, no está mal terminar con hábitos que nos hacen prisioneros del consumo o de hacer cosas todo el tiempo.


Aprendamos de la quietud y soledad, del canto de la naturaleza. La Crisis de la Mediana Edad dicen los que han sobrellevado sus vidas y han logrado superarlas de maneras positiva que “no es puramente personal o etaria, es el eco de una humanidad sometida al vértigo de su propia complejidad”. No con esto decir o entender que debemos percibir el tiempo sin mirar hacia adentro, contantemente debemos replantear lo que hacemos, solo así tendremos un paso armónico por esta vida.

Ahora bien, en el tema de la llamada “crisis de crisis”, misma que la ubican de los 50 a los 65 años. Quizá sea una referencia complementaria de acuerdo con correlaciones de comportamientos en sociedades industriales o cambios familiares permanentes.

La separación de los hijos sea por situaciones de estudio o laborales, o el matrimonio, la devaluación del ahorro de toda la vida, el subsecuente cúmulo de factores relacionados al cambio de la salud, la menopausia y la andropausia. La vejez de los padres, cuando tienes 60 años, tus padres, seguramente, estarán cerca a los 80, la eventual partida de nuestros progenitores, la jubilación, angustia, insatisfacción, desmotivación, invisibilidad en la toma de decisiones en el hogar. En general, cambio del estilo de vida. En todo caso, hay factores internos y externos.
El resultado de la crisis de crisis serán perturbaciones que van de la depresión a la ansiedad, cambios de comportamiento producto de los ajustes económicos y sociales.


Igual que en la crisis de la Mediana Edad, identificar los cambios es de suma importancia. Afrontar la crisis, aprender a resolver los problemas solo, aunque si estás acompañado será mejor. Esa edad, hoy por hoy, se da con soledad y alejamiento en la mayoría de los casos.
Aunque los estudios y apreciaciones actuales señalan ciertas edades, estos comportamientos podrían surgir en cualquier momento de la vida adulta.

¿Cómo sobrellevar la llamada Crisis de crisis?
La respuesta debe venir, en todo caso, del análisis de todas las posibilidades. El sentido común será el número uno, aceptar el cambio, entre más rápido aceptemos los cambios mejor nos irá. Reinventarse una y otra vez, aprender algo nuevo o practicar algo que dejaste en el pasado. Darle la importancia a la mente y al cuerpo, la primera con el desarrollo espiritual, meditar, aprender la contemplación, la observación. Rodearse de gente que hable y escuche. Soltar y soltar expectativas que tenías en el pasado enmascaradas de “progreso” o realización de una meta. Conectar con otros, llorar y reír con familiares y amigos periódicamente sin usar el licor. Construir algo nuevo, darle sentido a esa parte de la vida. Hacer un tipo de ejercicios. Caminar y observar la naturaleza.

Javier Hernand Garcés es Licenciado en Derecho, Maestro en Derecho Ambiental y Licenciado en Naturopatía

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