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La desarticulación del ser humano con la naturaleza

Ana Luz Quintanilla Montoya

Los medios de comunicación publican a diario noticias que atribuyen al cambio climático global, que no aportan hacia la resolución de la inmensa problemática ambiental que se presenta día a día en el mundo, como son las inundaciones, sequías extremas, estrés hídrico, destrucción de ecosistemas y con ello, de flora y fauna, contaminación de aire y suelos, entre muchos más que destacar.

 Con ello, se exime el reconocer la responsabilidad que tenemos ante estos riesgos, pues el propio cambio climático, no es un fenómeno natural sino inducido por los impactos que el ser humano lleva a cabo contra la naturaleza. La percepción es que pese a que las amenazas existen, no las consideramos graves o inminentes para la autodestrucción de nuestra propia especie. 

Bajo la premisa de vivir en una “era avanzada en tecnologías”, estamos convirténdonos en autómatas que destruyen las zonas rurales, con una actitud totalmente esnobista y aprovechándonos de otros seres para los que siempre ha sido su lugar de vida. Se desea justificar la invasión de la zona rural por los urbanitas, dizque para tener una mejor calidad de vida, en sitios en los que no tienen ni la menor idea de cómo convivir y respetar a la naturaleza. 

La urbanización avanza y hoy en día se sabe, que en una o dos décadas, el 80% de la población en México, vivirá en zonas urbanas, al haber desplazado y comprado a precios ridículos a los que siempre vivieron en el campo; los que producen alimentos, los que conocen y cuidan de los ecosistemas. ¿Qué hará en el futuro próximo toda esa gente que estamos desplanzando a las ciudades? ¿Cómo afectará al cambio de uso de suelo, residencial y urbano, destruyendo nuestros bosques? Las respuestas están a la vista, ejemplos de ello es elsuelo erosionado que funcionará en épocas de lluvias extremascomo un agente principal para la inundación de las ciudades y se  crearán islas de calor urbano no sólo en las ciudades sino también en el campo, producidas por la deforestación y la pavimentación, lo cual hará que la temperatura se eleve cada vez más, conllevando también a la pérdida de ecosistema y biodiversidad.

Por otra parte, el sistema de consumo a nivel mundial, se incrementa día con día, como ejemplo de ello, es que ya tenemos ropa para vestir a las próximas 40 generaciones que nazcan. Estamos satisfaciendo nuestras necesidades intelectuales y emocionales, con productos de consumo, por el inmenso vacío que tenemos dentro. 

La intoxicación humana no solo es intelectual y emocional, sino también es física, puesto que la producción de alimentos mediante la agricultura industrial y la producción de alimentos cárnicos, continúan utilizando agrotóxicos y pesticidas que no solamente afectan a los humanos sino que tienen un fuerte impacto negativo en la naturaleza, la biodiversidad y los recursos hídricos. Si a ello, añadimos los graves daños de la minería a nivel mundial, podemos constatar que conducen a la desertización: deforestación, erosión, pérdida de suelo fértil; modificación del relieve, impacto visual, alteración de la dinámica de los procesos de ladera.

 Por otra parte, en la minería oceánica está el aumento de material particulado en la columna de agua, la mortalidad de organismos, la destrucción de hábitats, riesgos sobre bacterias y virus desconocidos en los océanos o especies invasoras que lleguen a través de los equipos de extracción, y riesgos de derrames accidentales originados por los insumos empleados, entre otros. Recordemos que los océanos desempeñan una función integral en la regulación global del clima, y son esenciales para garantizar la seguridad alimentaria y los medios de vida de millones de personas en todo el mundo.

Los riesgos actuales hidrometeorológicos actuales son una muestra de lo que se avecina, y todo ello se debe a la desarticulación del ser humano con la naturaleza. 

Mientras el resto de los seres vivos se encuentran interconectados, el ser humano está desarticulado del universo, enajenado por una cultura de ego en la que vive, dependiendo de posesiones materiales, de emociones negativas (envidias, prejuicios, mitos, creencias, apegos emocionales, políticas de control, de poder, riquezas individuales logradas a través de una cadena de abusos); por eso genera pensamientos destructivos, vengativos, absurdos; le roba toda la importancia al momento presente y se enfoca en el pasado o en el futuro, generando así emociones de estrés y ansiedad; reclama una existencia separada de la naturaleza, creyéndose absurdamente superior y no hace sino perderse a sí mismo.

Cuando se observa la naturaleza a fondo y con atención en los pequeños detalles, es cuando se acaba el ego y se lleva a cabo una fusión, una entrega de reconocer la majestuosidad y sacralidad de la misma, abriendo una conciencia que serena el espíritu ajetreado, maltratado por la presencia de pensamientos agobiantes.

La Tierra ha tenido que llegar a un estado de crisis mundial generalizada, para que las voces públicas, privadas y los científicos, empiecen a hablar de esta vinculación. Las culturas más avanzadas, producto del modo de producción capitalista, han privilegiado el desarrollo tecnológico en detrimento de la cualidad de los paisajes nutricios, que sólo son resguardados por las culturas originarias o que habitan los espacios en zonas de refugio, hasta donde ellos pueden, porque ya las regiones más lejanas están siendo alcanzadas por la modernidad.

Un cambio de conciencia se hace urgente y puede ser creado a partir de brindar la información a las sociedades, sobre los retos que tenemos como especie, ante los riesgos climáticos. Se debe proceder a reconectar con una nueva comunidad de gente que recree nuevamente la intuición, más que la actuación, con actitudes aprendidas que hoy en día son obsoletas para de la realidad. La relación con la naturaleza es recíproca, lo vemos con los pueblos aborígenes, que nunca separan la naturaleza de las comunidades y se manejan como un todo orgánico.

El ser humano está destruyendo la vida, y con ello propicia su autodestrucción como especie y las del resto de los seres vivos que comparten este maravilloso sitio de vida. Es urgente cambiar, trascender y volver a articularse como parte del sistema, de Gaia. Es un deber social reconocer que, en este momento, los seres humanos actúan como la peor plaga que ha tenido este planeta. Una vez que se reconozca la quietud, la belleza, la perfección de la naturaleza, de la cual se forma parte, se hará la transformación.

La naturaleza es la unión de un todo en sus partes, para concertarse justamente con la Gaia, como un solo ser orgánico y cambiante. Es necesario ir sumando a otros para reconocer y venerar esa belleza, para recuperar esa forma de interconexión suprema de los ecosistemas de los cuales se forma parte, y no hay que perder la oportunidad de permitir y llevar acciones que aseguren la permanencia de la vida en la Tierra.

1Profesora e Investigadora de la Universidad de Colima

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