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Intertextos


Mis mejores escritos

Romeo Cuervo Téllez.

2025, Editorial Foro Fiscal, Xalapa, Ver.
Juan Fernando Romero Cervantes Fuentes

A la hermosa familia de Romeo Cuervo Téllez

El maestro Romero Cuervo Téllez es parte de una larga cadena de maestros veracruzanos de cuyos nombres me quiero acordar, sólo que ahora me es imposible, pero incluyen a muy estimados amigos como Marcelo Ramírez Ramírez, Jesús Jiménez Castillo, Reynaldo Ceballos Hernández, Víctor Vázquez Gándara, Artemio Calín; son los formadores del Centro Regional de Estudios Superiores (CRES) Paulo Freire, así como del Capítulo Veracruz de la Academia Mexicana de Educación; se trata de una cadena que no empieza ni termina aquí, sino que se extiende en el tiempo y en el espacio de los maestros de maestros, es decir, los formadores pedagógicos de la Atenas Veracruzana, el magisterio de su conformación xalapeña que cuenta con educadores de alta calidad, cito a los más famosos: Enrique Laubscher, Enrique Rébsamen, Carlos A. Carrillo y Rafael Ramírez, también se constituyen en eslabones de esa cadena tan amplia que llega a toda la historia de la humanidad: es el vínculo pedagógico que se extiende a los maestros griegos de la Antigüedad Clásica y que subraya la condición humana de aprendizaje continuo y la creación de vínculos intelectuales más poderosos que la sangre.

La pedagogía es la relación humana por excelencia, y en este camino el maestro Romeo Cuervo cita a Platón: “la escuela es un taller de hombres” donde se edifica “el espejo de la humanidad”, como describe nuestro maestro.

Se destaca aquí —en este homenaje personal— el lúcido pensamiento del maestro Marcelo Ramírez Ramírez, rector del CRES, quien al escribir sobre nuestro autor señala en la contraportada del libro que comentamos: “aboga —Romeo Cuervo Téllez— por un mundo más humano… en este bando de formadores de conciencia… donde milita el defensor del ideal moral que no desespera ni abandona su fe en el perfeccionamiento del género humano”.

Este pequeño libro que glosamos es una joya encapsulada: son, en efecto, los mejores escritos de Romeo Cuervo Téllez del 2008 al 2025, donde el maestro lleva con arte su oratoria a la palabra escrita y, de paso, nos pone en guardia contra la inteligencia artificial al criticar la tecnología y su superficialidad, carente de contacto humano.

Reflexiona también Romeo Cuervo sobre el desarrollo de los ciclos educativos que ha vivido México a lo largo de su vida independiente (pero, ¿independiente de quién?), esto es, en la lenta conformación de una mexicanidad forzada por el Estado, que ha excluido a la mayoría de sus constitutivos pueblos originarios a lo largo de 200 años. En este sinsentido histórico pleno de deficiencias, critica el maestro Cuervo Téllez los modelos educativos y las reformas curriculares importados e impuestos en un proceso degenerativo de más de 60 años.

La trayectoria de la pedagogía mexicana descrita por Cuervo juega un papel fundamental en el texto del “Nuevo Magisterio Mexicano”, esto es, la misión del maestro que se ha propuesto con una visión de fondo al criticar la superficialidad histórica —y todavía actual— de la educación, pues apunta con precisión el maestro Romeo Cuervo: “importa el para qué de la enseñanza al unir la conciencia social y la educación, y observar que no sólo ha subsistido, sino que se ha agravado la problemática educativa nacional ausente de la gran patria mexicana”, esto es, la patria formada por su historia, como precisa el maestro Cuervo.

Es necesario dirigirnos hacia un “Nuevo Normalismo” mexicano, tarea que efectivamente el maestro Cuervo Téllez plantea al fundamentar la propuesta formulada en la Academia Mexicana de Educación para trascender concepciones pedagógicas a través de una visión panorámica de la educación vigente y la constitución de una propuesta hacia el futuro, con el análisis, por ejemplo, de cómo se vive realmente la “autonomía” y al señalar las pobrezas cualitativas de la educación que aún persisten.

Capítulo aparte merece el pensamiento pluricultural del maestro Romeo Cuervo que, por cierto, seguramente habría sido escuchado a lo largo de los sexenios por las autoridades educativas del país al llevar a cabo hace poco tiempo las modificaciones a los artículos 2° y 3° de la Constitución, que incluyen a las lenguas y las culturas de los pueblos originarios “a manera de renacimiento educativo y cultural”, como lo describe el maestro Cuervo al invitar a la formación de ese “Nuevo Normalismo Nacional” y al extender el plan de estudios a realizarse en cinco años, misma propuesta que se puede consultar a partir de la página 28 de su libro.

En este mismo orden del pensamiento reflexivo y la relación pretérita, Romeo Cuervo cita a Walter Benjamin: “el pasado tiene un derecho sobre el presente, está en condiciones de exigirle que lo rescate, que salga en su defensa, que pelee por él, le confiere una capacidad mesiánica, redentora”. Reflexivamente, este es también el pensamiento de nuestra América, la de José Martí (también citado por Cuervo), y en nuestro caso nacional, como precisa el maestro Cuervo, incluye “un pasado indígena que aún no conocemos y valoramos a cabalidad”.

Todo ello son también temas del Foro Social Mundial, la Economía Social Solidaria, del ideal bolivariano y de nuestro arielismo latinoamericano, como precisa en su texto Cuervo.

En este mismo orden del pensamiento, en el libro escribe también Talía Cuervo Gonzales: “Así se vive realmente la autonomía en el Anáhuac, hoy en la conformación de las grandes culturas originarias desde el ombligo de la luna (el significado náhuatl de México), actualmente integrado en todo el país por 62 etnias y más de 130 lenguas habladas”.

En este mismo orden de ideas, otro capítulo muy interesante de la obra del maestro Cuervo lo constituye el análisis de textos, en particular el de Guillermo Bonfil Batalla, México profundo, una civilización negada. Y aquí estamos de acuerdo: la sustitución cultural es inaceptable, pero me pregunto, ¿es posible el mestizaje cultural? En mi opinión no lo es; en realidad se trata de un proceso de transculturación que es muy lento, exige no años, sino décadas o más para poder realizarse. Por otra parte, ¿a qué “modelo de nación” se aspira? En primer lugar, como escribe el maestro Cuervo, es necesario “trascender concepciones pedagógicas” mediante una nueva filosofía de la educación.

Sí, es deseable la unidad, pero ello no significa homogeneidad. Y aquí es muy importante saber que la forma en que el Estado forma a la nación es precisamente mediante la educación.

Al respecto, permítaseme hacer una pequeña reflexión personal que está incluida en mis investigaciones dentro de El Colegio de Veracruz.

Respecto al tema de la educación para el sector de las comunidades originarias o indígenas de la actual población mexicana, un tema muy complejo, hay varios caminos que el Estado mexicano —más allá de su uso meramente político— ha seguido con el objeto de incorporar, revalorar e integrar a las culturas indígenas al proceso de modernización del país en el siglo XXI con la intención de formar efectivamente una nación mexicana integrada, o dicho de una forma sintética: de humanizar la educación pública (otra coincidencia con el pensamiento de Romero Cuervo), valorada ésta como estrategia e instrumento de comunicación intercultural, es decir, una política no sólo de aceptación del “otro” sino de reconocimiento de las concepciones, costumbres y valores diferentes a los occidentales que están detrás del Estado mexicano, una política interesada en el conocimiento de las autóctonas culturas que persisten en sus tradiciones y que conviven en México desde hace cientos de años.

Hay dos procesos muy visibles de la posible integración de las culturas indígenas a la nación mexicana; la oficial, es decir la del Estado y su gobierno, que ha sido política, superficial, proeuropea y procapitalista, y la visión genuina que aspira a la integración pluricultural de la nación mexicana, esto es, una visión humanista como la que propone el maestro Cuervo (en “Shalapa”, no “Jalapa”, corrige él). Este largo e intenso proceso multidisciplinario va más allá de los procesos educativos, pues se conecta con las raíces culturales tan diversas que caracterizan a México; como lo intuyó el oaxaqueño Vasconcelos: el proceso de mestizaje cultural que habla con la voz de su propio espíritu es parte fundamental del ser mexicano.

Para evitar la exclusión cultural se han seguido varios métodos, principalmente de orden político, que intentan, de buena o mala fe, la unificación de la compleja nación mexicana: un ideal político-estatal, cultural, social, regional, municipal, europeo, capitalista, socialista, utópico, religioso: la comunión. Siendo tantos los objetivos sociopolíticos, igual son sus caminos, por lo que es muy difícil ponerse de acuerdo tanto como gobierno como sociedad, una sociedad por otra parte contaminada en el siglo XXI con los antivalores del sistema capitalista en continua expansión, los cuales critica oportuna y certeramente el maestro Cuervo en sus textos, ya que manipula las mentes y los sentimientos de infantes y adolescentes en caminos dirigidos ahora desde un dispositivo móvil.

Continúa el muy interesante libro del maestro Cuervo Téllez desde Chicontepec, en la región huasteca de donde es natural, con capítulos sobre Hombres de nuestra América: Simón Bolívar, Benito Juárez y José Martí, y se suma a los ideales de estos personajes históricos que con pensamiento y acción han dado savia universal a nuestras repúblicas americanas. Latinoamérica toda es un posible ensayo de la pluralidad cultural alimentada por el idioma y la historia común, un esfuerzo intelectual y humanístico que ha chocado con las políticas nacionalistas del Estado en el poder, alimentado por el capitalismo.
Los mensajes finales de Mis mejores escritos del maestro Cuervo a su familia nos hablan de su calidez humana y su practicidad cotidiana; no es sólo teoría o pose intelectual. Además del texto arriba citado de Talía Cuervo Gonzales, están los mensajes y la rememoración de su hijo Rodrigo y de María Almendra. Con su aguda mirada nos escribe el maestro Marcelo Ramírez refiriéndose en este contexto al amigo Romero Cuervo: “el hábito del maestro es aconsejar cómo debe entenderse dicho bien (…) la entrega a una tarea de servicio… la de igualar la vida con el pensamiento”.

Muchas gracias, Romeo, por tu libro y, muy especialmente, por tu amistad.

Xalapa, Ver., 20 de febrero de 2026.

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