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FALANGES: La finitud humana y la muerte

Luis Adalberto Maury Cruz

lmaury_crdiz@hotmail.com

Introducción 

¿Qué devela la finitud humana? La finitud remite a aquello que tiene fin, por lo tanto a lo que acaba, concluye y muere; que se da en la vida. La finitud en tanto fin, remite no al camino recorrido sino al ya no poderlo recorrerlo. Con frecuencia está consciencia, de la finitud, desborda sentimientos de: 1. Angustia, tristeza y temor, cuando hay duelo, sufrimiento y dolor; y 2. Amor, alegría y confianza, cuando se vive el instante intensamente en momentos placer y gozo.

La vida termina con muerte y nace los duelos. Pero también como dicen la francmasonería con el nacimiento emerge la vida y tras esta deviene el cadáver. En este sentido la vida puede ser vista como tránsito, entre el alumbramiento y la noche eterna.

La muerte y la finitud propia  

La muerte con frecuencia se asocia a los peores males, pero esta es ley de vida, lo que genera angustia es el temor a ella, aunque es irracional, pues como decía Orígenes: “cuando yo estoy la muerte no está y cuando esta está yo ya no estoy”. Sin embargo, el sentimiento de desolación, tristeza y temor es real. La muerte sólo manifiesta lo efímero de nuestra propia vida y es un reflejo de nuestra propia condición finita, de la propia vida, quizá por eso nos angustian nuestros muertos.

También la muerte es un alivio, cuando hay sufrimiento y dolar brutal, es decir el problema real es el sufrimiento y el dolor inútil, pero este es finito. No existe dolor o sufrimiento que no se pueda soportar, cuando ya no se puede acontece el deceso, y con ello todo termina, la muerte se torna en un alivio. Así, la forma más radical de la finitud y del fin humano es la muerte. El ser humano  por su condición de finitud es una realidad para su muerte; es una realidad finita que muere en algún aspecto a cada instante y mientras vive se regenera para fenecer; por ello paradójicamente siempre se es lo suficientemente viejos para morir y lo suficientemente jóvenes para vivir. 

De esta forma, la muerte no es un mal, es un hecho que puede ser valorado de distintas formas. Vivir de acuerdo a la finitud es existir con la consciencia del instante, pero con frecuencia esto se encubre con banalidad y hedonismo pueriles propios de los malestares culturales contemporáneos que merman la consciencia, degradan la carne y denigran la existencia.

Hoy con los malestares culturales de sociedades e individuos consumistas, líquidos y casados lo que espanta es la vejes, el dolor y el sufrimiento de allí el culto patológico al eterno adoleciere y al hedonismo pírrico, esto es un culto a la vida patológica. 

Se torna imperante elaborar un sentido de vida con una consciencia funcional de la finitud para enfrentar los embates del mundo y simultáneamente que permita el autodesarrollo dandole un valor agregado al mundo.

El muerto 

El muerto manifiesta la ausencia, el ya no estar, extingue el poder saldar deudas, elimina el recibir canónigas del finado, también manifiesta su herencia que son pasivos, activos y cargas ya sea económicas, financieras, intelectuales y/o emocionales. 

El muerto toca de forma indirecta aunque aveces de forma profunda la propia finitud, se neutraliza con una indiferencia de un “no soy yo”. Aunque hay muertos extraños que calan en lo hondo de la, propia, psique, que marcan la propia existencia, este muerto se convierte en “nuestro muerto” y se carga, pesa.

Nuestros muertos son las ausentas de nuestros próximos, revelan nuestra propia vida, nuestro soledad y remordimientos. Surge un deseo de guardarlos, atesorarlos, mitificarlos. Nuestros muertos son pretexto para la reunión que nos colige en un sentimiento de desolación entorno a la ausencia, por ello se vela y hay pésames, aunque pueden terminar en problemas de herencias y deudas insalvables. 

También se le puede guardar rencor a “mi muerto” porque hay un “me dejaste” y con ello no se acepta no su partida, sino su imposibilidad de tenerlos, es la impronta del sentimiento de un radical ya se acabo y “yo” con él, en algún aspecto, por eso duele, es un sentimiento de estar cercenado. 

Mi muerte, el “yo muerto” sólo es en el sentimiento que se bifurca en: 1. Un aspecto de pesadumbre y angustia existencial que se identifica con la perdida del sentido de vida, esto es: “estoy muerto en vida”; y 2. Un aspecto de resolución al grado que la vida se asume como inferir a la dignidad y esta se convierte en el criterio para el existir. 

. Pues, el muerto, muerto está. Se dice esta fue una experiencias cercana a la muerte, 

En otras cosas la aniquilación de la vida es el fin del sufrimientos del finado y del doliente, también simboliza la herencia. 

El muerto también es deseo consumado de una vida para la muerte. Revela el retorno al silencio original.

El suicidio es el deseo de terminar un dolor o un sufrimiento intenso y profundo, El suicida es la resolución final de ese deseo. El suicida es fue optimista supuso que su acto fue bueno, pues con el su agonía terminaría, pero al suicidas que fracasan y quedan peor de como estaban.

El animal guarda muertos

Los humanos son animales guarda muertos, somos árboles que vivimos de lo sepultado. Los muertos en algún sentido viven en nuestro corazón y en nuestro cuerpo, se enraízan en nuestro ADN en información genética y transgeneracional, en realidad cada persona sólo en apariencia es individuo, en el fondo somos todo nuestro clan familiar y cada clan conforma una pieza de esta humanidad en este mundo, que se individualiza en presencia que realiza distintos roles sociales y usan distintas máscaras, porque son, somos, personas. 

El cementerio personal e intimo se llama memoria y allí viven esa información que da sentidos y significados propios que nos hermanan con nuestros próximos y nos permiten tener una posición en el mundo. Somos por nuestros muertos, estos viven en nuestros fueros internos y epigenéticos, que permiten crear los propios infiernos y glorias. Más vale amortizar las deudas con los muertos y reconocer la historia familiar a fin de liberarnos de lastres transgeneracionales, mortuorios  

Memento mori

Marco Aurelio nos invita al “memento mori” (a recuerda que eres mortal), no para flagelarse, sino para vivir intensamente, con una mente serena un cuerpo preparado para actuar. Para estar física y mentalmente presente. Esto es crucial en la actual sociedad consumista, liquidad y cansada donde reina la frivolidad y el hedonismo malsano, los estoicos antiguos valoraban cada instante de la vida como si fuera el primero y el último de la existencia.

Esto invita a vivir desde un enfoque de: “un sólo por hoy”, a no actuar como si se fuera eterno, sino partiendo del hecho que la muerte asecha y a recibirla con una sonrisa y en una postura digna. Es menester transitar al carpe diem memento mori (vivi el presente, recuerda que un día vas a morir) en el día a día, pues es conciencia que la vida es hermosa, porque es fugaz y también lo es la penuria, que el camino solo es de ida y no de vuelta, No se tratara de torturarse con pensamientos y sentimientos mortuorios sino de vivificar los instantes. 

La vida propia requiere propósito, valor y sabiduría, con la consciencia de la importancia del como vivir y no del cuanto se vive, de allí el no procrastinar, no caer en distracciones vacuas y placeres degradantes. Así, la consciencia de la finitud humana remite a aprovechar al máximo los tiempos que es el recurso más valioso. La consciencia de muerte devela que somos tiempo. La angustia es una enfermedad de la conciencia que mina la serenidad, lleva a mal puerto y a la deriva.

os eternos,  

Los muertos, lo muerto y la finitud nos constituye, enraizándonos en la vida. Pues, el árbol vive de lo que tiene sepultad. No hay vida sin muerte, dos caras de una misma moneda; por lo tanto resulta inútil preocuparnos por vivir o morir como si fueran dos realidades inconexas, lo substancial es el cómo vivir y morir con dignidad.

La dignidad como tributo humano

La dignidad como potencialidad es libertad, sentimiento y entendimiento, es decir soy digno como otro por que como él soy libre en mis actos, pienso al comprender y siento con la carne y el corazón. Por ello, el humano no es reducible a un objeto, es persona: rol social, mascara, identidad e individualidad.

Esta dignidad nos hace a todos iguales en lo substancial, pero no quiere decir que todos seamos iguales, pues por sus actos unos son más o menos dignos que otros, los actos del filántropo lo elevan por encima del criminal.  

Sin embargo, el ser humano se puede objetivar, es decir convertirse en objeto, para su comprensión/utilización cuando se torna en una fuente de estudio y conocimiento o de prácticas, pero cuando eso pasa se genera una rebelión, y se actúa para sobre ponerse y recuperar ese estatus de sujeto.  También hay el deseo de ser objeto de deseos de otro, de ser reconocido y aceptado. Así la realidad humanos es contradictoria, fusión de polaridades ya sea en armonía o en conflicto. 

¿Qué es la vida?, ¿qué es la muerte?, en efecto no sólo es humana, pero nos interpela como chasco de agua fría. Morir no es una simple condición biológica 

Sentido de vida: autodeterminación y dirección 

Muerte puntual: dignidad del hacerme 

Algunas conjeturas 

 La vida es un transcurso, un Instate y un tiempo transcurrido. Hoy se vive con lo efímero de placer y lo banal de la bisutería que Muero lentamente si vivo intensamente. La vida y la muerte son dos caras de una misma moneda, no se cuando moriré 

Con la muerte terminan los suplicios y con ello emerge la alegría y la esperanza de nuevas rutas por recorrer, en este sentido quizá la muerte sea un tránsito, un fin que se convierte en un nuevo camino, aunque no se sepa a ciencia cierta, pero ¿cuál es ese sendero? quizá, hay que dar un salto de fe, aunque con frecuencia se incurra, incurrimos, en mala fe.

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