- Advertisement -spot_imgspot_imgspot_imgspot_img

EUA: «una superpotencia canalla» cautivada por una «mitología autocomplaciente»

Ana Luz Quintanilla Montoya

La historia de los imperios se ha basado para promulgarse como potencia en el mundo, se han basado en el robo de la riqueza externa, bajo la dominación y control, mediante las guerras. Lo anterior llevado a cabo con la ayuda de sus aliados y utilizando la intervención a los países que poseen mayores recursos naturales estratégicos como son los energéticos, minerales, hídricos, entre muchos otros más, que además incluyen los humanos, ya que tan solo en 2023, se estimó que en EUA el 14.3% de la población de Estados Unidos estaba compuesta por inmigrantes, lo que representa aproximadamente 47.8 millones de personas. Este es el porcentaje más alto registrado desde 1890; situación que es similar con Gran Bretaña, Francia, Alemania y países aliados.

Bajo el discurso del peligro que representan otros países a una supuesta estabilidad mundial, que más bien está basada en la estabilidad de los países imperialistas, y arguyendo en contra de sus religiones y su manera de ejercer política –aún cuando ésta esté basada en una democracia probada–, el meollo del asunto político para el imperio, particularmente estadounidense y de sus países aliados miembros de la OTAN, es obtener riqueza robando a otros países sus recursos, desde los humanos hasta los recursos naturales estratégicos.

Desde que a principios del siglo XIX se estableciese en Estados Unidos la llamada Doctrina Monroe, el intervencionismo estadounidense en el continente americano ha sido una práctica habitual y creciente. La lógica de América para los americanos fue inicialmente un alegato promulgado como anticolonial para prevenir las intervenciones europeas en suelo americano ——-quizá por ello son ahora socios-, toda vez que esos países aliados han logrado poner a su servicio a muchos países en el mundo, convirtiéndolas en colonias.

Recordemos tan solo cuando comenzó la Guerra Fría, (1947), Estados Unidos llevó a cabo numerosas intervenciones militares o a través de los servicios secretos con el fin de desestabilizar gobiernos alineados con el bloque comunista o que mostrasen simpatía hacia ellos. Fue un período de tensión geopolítica entre Estados Unidos y la Unión Soviética, junto con sus respectivos aliados, que duró desde el fin de la Segunda Guerra Mundial hasta la disolución de la URSS en 1991. La Guerra Fría fue un conflicto por la supremacía del mundo y la imposición de un modelo político, económico, ideológico y cultural entre las dos superpotencias; una competencia constante en varios frentes: ideológico, político, económico, militar y tecnológico, con guerras subsidiarias en diferentes partes del mundo. De esta manera, EUA intervino desde 1950 en Latinoamérica, implantando dictaduras en Chile, Brasil, Argentina, entre otros más, e imponiendo un bloqueo a Cuba totalmente ilegal e inhumano, que perdura hasta hoy día.

Hoy en día la pérdida de su poder en Latinoamérica y la riqueza anhelada de recursos estratégicos para mantenerse como potencia (entre ellos el petróleo, el litio y los elementos radiactivos para elaboración de armamento nuclear), hace que nuevamente mire a Oriente y en alianza con sus países imperialistas vuelve al ataque, como sucedió con otras guerras que incluyen la Primera Guerra y Segunda Guerra Mundial, la Guerra de Corea, la Guerra de Vietnam, la Guerra del Golfo y las guerras en Afganistán e Irak, entre decenas de guerras más.

Mi pregunta es: ¿Acaso se han impuesto sanciones a los Estados Unidos alguna vez por todos los daños causados? Nunca. ¿Para qué ha servido la ONU en el orden mundial? El mundo guarda un silencio criminal ante las inmundicias del poder imperialista. No existen condenas para ninguno de ellos, sólo un quejido cobarde y debergonzado por parte de los gobiernos no aliados.

Como bien menciona John Tirman, director del Centro de Estudios Internacionales del Massachusetts Institute of Technology (MIT) y publicado en The Washington Post, “Si el holocausto perpetrado por Adolf Hitler al exterminar a seis millones de judíos hizo que su régimen fuese caracterizado como una aberrante monstruosidad o como una estremecedora encarnación del mal, entonces ¿qué categoría teórica habría que usar para caracterizar los sucesivos gobiernos de Estados Unidos que sembraron muertes en una escala por lo menos igual, si no mayor?» O como bien menciona Chomsky en su último libro: «El mito del idealismo estadounidense se emplea para excusar un comportamiento que ha provocado una destrucción colosal y la pérdida de numerosísimas vidas», argumenta, y califica a Estados Unidos como una «superpotencia canalla» cautivada por una «mitología autocomplaciente».

Profesora e Investigadora de la Universidad de Colima
[email protected]

¡La Jornada Veracruz ya está en WhatsApp! 📲

Únete a nuestro canal e infórmate de todo lo que sucede en Veracruz y en el país, directo a la palma de tu mano.