Por Valeria Segura Castillejos
El 15 de julio de este año, mientras a millones de personas la final de la Copa Mundial de futbol les quitaba el sueño, se celebró la Cumbre Antifa en Estados Unidos, ya no basta con el discurso de odio e injurias, es necesaria la toma de acciones frente a lo que llamaron “terrorismo de ultra izquierda”.
Esta reunión organizada por Marco Rubio -secretario de Estado del país anfitrión que ha edificado su carrera política tratando de destruir el país del cual proviene, Cuba, y promotor de la agenda “anticomunista” del trumpismo- junto con 66 países cipayos que se juntaron para dar el banderazo de inicio de la cacería de brujas del siglo XXI.
Ya no se acusa de hacer magia negra y pactos con el diablo, sino de defender derechos humanos, condenar genocidios, guerras y un ente policial sin razón de ser como lo es ICE, estar en contra del saqueo y bloqueo imperialista del monstruo norteamericano que ejerce con brutalidad desmedida y que tiene a Europa y otros países latinoamericanos como cómplices, y a últimas y para resumirlo, simplemente por pensar diferente, por optar por la dignidad humana.
Cuba: la capital del comunismo del siglo XXI es el título del informe publicado el 20 de julio por el Departamento de Estado de EEUU en el que con una narrativa mañosa -propagandistica y brutalmente sesgada- sin decoro mienten, pero eso es lo que menos importa y lo más común de Estados Unidos, lo importante es lo siguiente: que el mensaje central, sin necesidad de leer las 100 páginas que lo comprehenden, sea que Cuba, el socialismo, el marxismo o cualquier simpatía por esta corriente política es un peligro para la América anglosajona y el resto del mundo.
Con una foto de la bandera cubana como portada y de Marco Rubio en el índice del documento en tonos oscuros para apelar seriedad y miedo, el texto «explica» cómo Cuba ha impulsado durante el siglo XX diversos movimientos de izquierdas para “minar la seguridad estadounidense” y establecer la “hegemonía ideológica del marxismo”, llevando al máximo del ridículo, pues la isla se ha visto azotada por el bloqueo total desde 1962, por decreto de John F. Kennedy. Lo absurdo es creer que esta nación ha estado más ocupada tratando de dañar al imperio yankee cuando la CIA y grupos exiliados de cubanos intentaron en 638 ocasiones el asesinato de Fidel Castro. ¿Quién espía a quién?
Desde las Panteras Negras hasta Black Lives Matter, pasando por personajes como Angela Davis, Assata Shakur, Malcolm X, acusados de poner a Estados Unidos “contra sí mismo”, además de promover un nuevo estilo de terrorismo: El turismo revolucionario, del cual son acusados el exvicepresidente español y periodista Pablo Iglesias y Jeremy Corbyn, líder del Partido Laborista inglés.
Todos son acusados de espionaje y de amenazar el american way of life, ¿Pero no es acaso este texto una proyección de sí mismos -de Estados Unidos- siendo la confesión imperial más nítida, admitiendo los mecanismos de manipulación que usan desde su nacimiento como «país libre» y su muy documentada red de espionaje e intervención electoral en América Latina? ¿No estamos más bien ante un libreto armado para culpar a otros, creando enemigos imaginarios a tan sólo 3 meses de las elecciones intermedias, con una popularidad que se desploma cada día un poco más a casusa de una guerra en Irán, el apoyo al ente genocida de Israel, los asesinatos del ICE, la baja en el nivel de vida de los ciudadanos y sobre todo el avance del ala demócrata que representa el alcalde de Nueva York Zohran Mamdani, caracterizada por ser socialista democrática y pro Palestina, en las elecciones primarias de hace unas semanas? En política casi nada se deja al azar, y esto lo prueba.
No es casualidad que esto empate perfectamente con el discurso del 4 de julio de Donald Trump en el que calificó al comunismo como un cáncer que debe ser extirpado que es incompatible con los valores americanos, dicho en sus palabras: «Puedes ser comunista o puedes ser patriota. No puedes ser ambas cosas.» «Puedes ser leal a Karl Marx o puedes ser leal a Estados Unidos.» «Es como un cáncer… tienes que extirparlo y tienes que extirparlo rápido.»
Estados Unidos está creando el clima perfecto para la agresión terrestre en Cuba. Invadirla. Sin eufemismos. Fabrican el problema que a ellos les parece conveniente exportar, que se vuelve aceptable por el más de medio siglo de propaganda anti Cuba y anti marxismo que ha sido reforzada con los medios masivos de comunicación que no se limitan a la televisión y actual redes sociales, sino que se expanden a través de la industria del entretenimiento y la academia, por eso Cuba es “pobre porque quiere”, por eso el socialismo “no funciona”, porque la izquierda, según el secretario de Estado, Marco Rubio: «Es un resentimiento venenoso disfrazado en el lenguaje de la igualdad, la justicia y la liberación; una necesidad abrumadora de derribar lo que hombres más grandes han construido… A través de la violencia y el terror, buscan una vez más imponernos su fealdad.”
La derecha internacional se re encrudece ante un escenario mundial que ha anunciado la fecha de caducidad de su hegemonía económica, política, cultural y tecnológica. La imagen de China se vuelve más popular y mejor vista. Cada vez más personas ven a China como un ejemplo de superación y progreso, esta de vez de progresos para todos, no para una élite política empresarial, pues China ha sacado a 800 millones de personas -dato oficial del Banco Mundial- en poco menos de medio siglo, donde la tasa de pobreza cayó del 44% al 9%, y esto no es gracias a los valores occidentales (americanos y europeos) ni al capitalismo ni a iniciar guerras ni a amenazar con la imposición de aranceles…se logró gracias a la visión socialista china, poniendo por encima de todo el fin máximo del Estado: el bien común.
Ante este escenario la persecución política se impone en el siglo XXI, cuando creímos que estos problemas se habían superado gracias a la democracia, aquellos que han se han llenado la boca en su defensa son los mismos que quieren acabarla. La democracia no tiene su expresión única y máxima en elecciones o instituciones. La democracia es la participación de los muchos, la libertad de expresión, la defensa de los derechos humanos y las minorías. La democracia no es un discurso barato, es la capacidad de disentir sin ser acusado de terrorista.
Por eso la derecha necesita apropiarse del lenguaje, de definiciones. Se apropian de democracia, libertad, del abstracto de Occidente -concepto selectivo que sólo involucra Europa y Estados Unidos- progreso, desarrollo, derechos, mercado, terrorismo. Todos esos conceptos se los han adueñado, porque como Marx y Engels mencionan en La ideología alemana: «Las ideas de la clase dominante son en cada época las ideas dominantes”
De ahí que Antonio Gramsci después desarrollara el término de la hegemonía cultural, donde la visión de la clase dominante se convierte en una suerte de “sentido común”. Ahora también quieren para sus fines “comunismo”, “marxismo”, “socialismo”, “ultraizquierda”, “antifa”.
Quien controla la narrativa gana la percepción y quien gana la percepción administra en el campo emocional e irracional estos conceptos. Por eso los títeres trumpistas latinoamericanos se refieren a las izquierdas de una manera visceral. En Colombia se habló de destripar y perseguir, de enemigos. En Argentina de acusarlos de ignorantes y llenarlos de insultos. En México se les acusa de flojos, buenos para nada, resentidos sociales, de ser una amenaza para el país. Ninguno aporta datos o argumentos, tampoco justifican sus dichos, repiten la doctrina gringa, aquella que entendió y perfeccionó los principios de propaganda de Joseph Goebbels -ministro de Ilustración Pública y Propaganda de Hitler- “Si una mentira se repite suficientemente, acaba por convertirse en verdad”.
Aquí el nuevo desafio de las izquierdas latinoamericanas y sobre todo la mexicana. Volver a adueñarse de las conceptos propios de esta corriente ideologica. Combatir la injerencia extranjera, reforzar la protección de la soberanía y sumarse a la solidaridad internacional frente el fascismo que resurge.
Editando una de las más famosas frases que se le atribuyen a Karl Marx, ahora es preciso decir que un fantasma recorre el mundo, el fantasma del fascismo.




