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¿Está Veracruz listo para el TMEC? La respuesta incómoda

ECP

Veracruz está llamado a ser uno de los protagonistas naturales en la era del comercio norteamericano. Tiene puerto, tiene territorio, tiene una ubicación estratégica entre el centro del país y el Atlántico, y concentra actividades que van desde la agroindustria hasta la petroquímica. Sin embargo, la realidad es menos luminosa: el estado todavía no está en condiciones plenas de competir en el marco del TMEC, porque arrastra rezagos estructurales que ningún ciclo político ha logrado resolver del todo.

El primer rezago es logístico. El puerto de Veracruz, aun con las ampliaciones, sigue operando por debajo del estándar de competitividad de los grandes puertos norteamericanos. La conexión carretera hacia Puebla, Xalapa y el sur continúa siendo un cuello de botella crónico, no solo por la falta de mantenimiento o ampliación, sino por accidentes constantes y por la fragilidad de las rutas ante lluvias y deslaves. En el TMEC, donde la velocidad define la ventaja, un estado con rutas intermitentes y un puerto saturado entra en desventaja inmediata. Mientras Tamaulipas y Nuevo León se integran a cadenas logísticas dinámicas con los puertos estadounidenses del Golfo, Veracruz sigue atado a una infraestructura que apenas resiste la demanda local.

El segundo rezago es energético. Veracruz debería ser un nodo de energía limpia, gas natural y petroquímica competitiva; sin embargo, las inversiones de largo plazo han sido inconsistentes. El viejo corredor petroquímico de Coatzacoalcos lleva años en decadencia: problemas de seguridad, fuga de talento técnico, falta de mantenimiento y desinversión privada han erosionado su potencial. En un TMEC donde Estados Unidos y Canadá empujan la transición energética y la relocalización industrial, Veracruz corre el riesgo de quedar rezagado si no consolida un ecosistema energético moderno, seguro y sostenible.

El tercer rezago es la capacitación laboral. La industria exportadora exige perfiles técnicos especializados que el estado no siempre produce con la velocidad necesaria. Las universidades tecnológicas y los institutos politécnicos hacen esfuerzos importantes, pero siguen desconectados de la industria real. Sectores como el automotriz, agroindustrial, farmacéutico o de manufactura ligera requieren mano de obra con competencias digitales, idiomas, procesos de calidad y manejo de maquinaria avanzada. En amplias regiones del estado, los jóvenes siguen encontrando solo dos caminos: migrar o trabajar en empleos informales. Esa brecha formativa se convierte, en el marco del TMEC, en una barrera de entrada que reduce la capacidad de atraer inversión de alto valor.

El cuarto rezago es institucional: permisos lentos, trámites duplicados, rezago en catastros, disputas agrarias sin resolver y una inseguridad jurídica que todavía inhibe parte de la inversión. El TMEC premia certeza y castiga opacidad. Veracruz ha mejorado en coordinación fiscal y control presupuestal, pero la burocracia estatal y municipal sigue siendo un desafío para cualquier empresa que quiera instalarse con rapidez. A eso se suma un problema igualmente profundo: la inseguridad en carreteras, zonas industriales y corredores de transporte. Ningún tratado comercial puede compensar el riesgo percibido por empresas que dependen de transporte constante y seguro.

En contraste, Veracruz sí tiene fortalezas: su hinterland agrícola, su litoral, su posición geoestratégica, su población joven, su vocación energética y su creciente integración al comercio marítimo global. Pero todavía no alcanza una masa crítica que lo proyecte como nodo competitivo natural del TMEC. El potencial está; lo que falta es convertirlo en política de Estado.

La pregunta de fondo es si Veracruz está construyendo la infraestructura, la institucionalidad y la capacitación laboral necesarias para subirse al tren del reacomodo económico norteamericano. Si no lo hace rápido, otros estados avanzarán primero: Nuevo León, Baja California, Chihuahua, Jalisco o Tamaulipas llevan años compitiendo y aprendiendo en ese ecosistema. Veracruz corre el riesgo de convertirse en un estado con ventajas teóricas pero resultados medianos.

La oportunidad está sobre la mesa. Las consultas públicas sobre el TMEC abren la puerta a un debate crucial: ¿Veracruz será un actor central del nuevo modelo económico regional o seguirá en la periferia del desarrollo? El futuro económico del estado depende de responder esa pregunta con obras, reformas y decisiones valientes, no con discursos.

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