- Advertisement -spot_imgspot_imgspot_imgspot_img

El PAN fabrica catástrofes y se tropieza con los datos

El discurso de Jorge Romero en la asamblea del PAN del sábado fue, básicamente, un maratón de alarmas falsas. Un espectáculo de catastrofismo profesional que, por momentos, parecía más una audición para narrador de tragedias griegas que un mensaje político. Pero lo más revelador —si uno conoce mínimamente el historial de la derecha mexicana— es que varias de sus afirmaciones no solo eran exageraciones, sino que se desploman con un par de datos fríos.

Romero abrió con su frase favorita: “México está peor que nunca.” Un clásico panista. Lástima que los números se empecinen en contradecirlo: El salario mínimo se duplicó en términos reales: de 88 pesos en 2018 a 249 en 2025. La tasa de desempleo ronda mínimos históricos: cerca del 3 por ciento. La pobreza se redujo en más de cinco millones de personas, según el Coneval. Y, por si fuera poco, el consumo interno está en niveles no vistos desde hace dos décadas. Pero a Romero nada de eso le sirve: su relato exige un país incendiado, aunque el incendio solo exista en su discurso.

Después afirmó que México vive “una crisis de inversión jamás vista”. Ojalá hubiera revisado los datos antes de hablar: Inversión extranjera directa récord en 2023 y 2024. Diez de las catorce armadoras automotrices ampliaron operaciones por nearshoring. Llegada de plantas de semiconductores y expansiones logísticas en Nuevo León, Coahuila y Veracruz. Crecimiento económico sostenido arriba del promedio panista, que apenas llegó al 1.4 por ciento. Si eso es crisis, uno no quiere imaginar qué nombre le dará cuando vea cifras verdaderamente negativas.

Después vino otra joya: el gobierno “ha destruido las instituciones”. Aquí aparece el chiste interno que sólo el PAN no entiende: el INE tiene más presupuesto que nunca, la Corte sigue funcionando con normalidad y los contrapesos institucionales están más activos que en los tiempos en que los gobiernos panistas designaban procuradores a modo y usaban a la Policía Federal como maquinaria de guerra. La institución realmente destruida fue la seguridad pública, dinamitada por el calderonismo con García Luna al volante y sus acuerdos con el crimen organizado.

Romero también aseguró que el país “nunca había estado tan dividido”. La dirigencia de Morena le recordó un pequeño detalle: dividir es gobernar para unos cuantos. Y durante los sexenios panistas, el 10 por ciento más rico se quedó con más del 60 por ciento del crecimiento nacional mientras los salarios permanecían congelados. Si eso no es división, es, cuando menos, una operación matemática bastante obscena.

Luego presumió que el PAN “rescató la economía”. Rescató… ¿qué exactamente? Dejó la peor crisis económica desde 1932, un PIB desplomado en –5.8 por ciento, rescates millonarios a bancos, deuda pública disparada y una dependencia energética que todavía hoy cuesta miles de millones. Esa es la clase de “rescate” que uno solo agradecería si estuviera en un manual de lo que nunca debe hacerse. También llamó a “la unidad opositora”, pero esa unidad se parece más a un mueble roto: el PRI peleado con los rastrojos del PRD, el PRD peleado consigo mismo y el PAN peleado con la realidad.

Su llamado se escuchó más como una súplica para evitar que la alianza se desmorone antes de tiempo que como una convocatoria seria. En contraste, Morena respondió con una frase que funcionó como resumen y diagnóstico: la unidad se construye con proyectos, no con nostalgia. Mientras Romero describe un país imaginario que pide rescate urgente, Morena le recuerda que gobernar implica mostrar resultados verificables, no repetir eslóganes derrotados por la evidencia.

Al final, el discurso del sábado terminó siendo exactamente lo que parecía desde el principio: gimnasia emocional, mucho grito, poco dato, mucha épica sin sustento. Romero habló del México ficticio que necesita el PAN para sentirse vigente, ese país en crisis permanente que solo existe cuando ellos no gobiernan. La dirigencia de Morena, en cambio, respondió con lo que a él más le incomoda: números, hechos y memoria. Y entre un discurso construido con sustos y otro basado en datos, la opinión pública ya sabe desde hace siete años quién está contando historias… y quién está contando la realidad.


¡La Jornada Veracruz ya está en WhatsApp! 📲

Únete a nuestro canal e infórmate de todo lo que sucede en Veracruz y en el país, directo a la palma de tu mano.