- Advertisement -spot_imgspot_imgspot_imgspot_img

El norte trafica, el sur paga: el caso Wedding y la hipocresía del relato

ECP

Un canadiense se entrega en Ciudad de México y, aun así, el reflejo automático del relato dominante vuelve a buscar culpables al sur. El hecho es simple y demoledor: Ryan Wedding, ciudadano canadiense perseguido por Estados Unidos, terminó entregándose —según reportó Reuters— en la Embajada de Estados Unidos en la capital mexicana, y el episodio fue presentado como resultado de cooperación bilateral. No es un detalle menor: cuando Washington quiere resultados, no grita; coordina. Cuando quiere discurso, sermonea.

Wedding no encaja en la caricatura útil. No es mexicano. No es un “símbolo” del Estado mexicano. Es un actor del norte —canadiense— acusado de encabezar una red transnacional de tráfico de cocaína. En otras palabras: la economía criminal que devora vidas no es una exportación unilateral; es una cadena donde el consumo, el dinero y la distribución —las arterias de la ganancia— están, de manera decisiva, del otro lado de la frontera.

La escena ilumina una verdad incómoda: México aparece, una y otra vez, como superficie de proyección moral. Se le exige “resolver” un fenómeno que se alimenta de la demanda del norte, de su sistema financiero, de su cultura de consumo y de su industria de seguridad. La violencia se territorializa aquí; la renta se internacionaliza allá. El culpable debe ser único para que la historia cierre rápido y para que el norte conserve su inocencia política.

Y aquí entra, con precisión quirúrgica, el otro registro del mismo mundo editorial: el marco anglo-financiero que mira a México con la lupa de los mercados. The Economist —revista británica— publicó el 20 de enero de 2026 el texto “Mexico’s mighty left-wing government is floundering”, donde sostiene que el partido gobernante enfrenta dificultades para entregar seguridad y crecimiento, y que problemas antes postergados se vuelven más visibles.

Pero lo interesante no es que una revista británica critique: eso es normal. Lo interesante es la selectividad del lente con el que se construye “la realidad mexicana” para audiencias externas. Cuando el indicador conviene —un peso especialmente fuerte, una estabilidad relativa, una transición política ordenada— el relato se desplaza: ya no es “México es el caos”, sino “México es un espejismo: el mercado no debe confiarse”. Cuando conviene el expediente de seguridad, el relato regresa a su piloto automático: “México es el origen del problema”. En ambos casos, la conclusión práctica se parece demasiado: desconfianza, tutelaje, presión, y la insinuación permanente de que la soberanía mexicana es un asunto negociable.

Wedding rompe esa coreografía porque obliga a mirar hacia arriba. Si un canadiense puede operar redes que tocan América Latina, atraviesan México y alimentan la demanda del norte, la pregunta ya no es “¿qué hace México con sus criminales?”, sino “¿qué hacen Estados Unidos y Canadá con los suyos, con sus consumidores, con sus lavadores, con sus circuitos de ganancia?”. Y esa segunda pregunta es la que el relato dominante evita, porque ahí empieza la responsabilidad real.

México debe hacer lo suyo —sin romanticismos—: inteligencia financiera, control territorial, profesionalización policial, Estado de Derecho, coordinación y resultados medibles. Pero también debe exigir lo que casi nunca se exige con la misma fuerza: que el norte responda por su demanda, por su dinero y por su hipocresía narrativa. Porque cuando el mundo se acostumbra a culpar a México de forma invariable, lo que se está normalizando no es una crítica: es un régimen de explicación donde México siempre es acusado y el norte siempre es juez.

México no acepta ese guion. Pero sabe que el guion existe —y que se usa—. Por eso cada caso como Wedding importa: porque exhibe la cadena completa y le devuelve al norte la responsabilidad que siempre intenta borrar.

¡La Jornada Veracruz ya está en WhatsApp! 📲

Únete a nuestro canal e infórmate de todo lo que sucede en Veracruz y en el país, directo a la palma de tu mano.