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El costo de sostener lo insostenible

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En Chihuahua operaron agentes extranjeros y murieron en territorio nacional. Eso no ocurre por accidente. No es un hecho menor ni un incidente aislado. Es un punto de quiebre. O el gobierno de Maru Campos lo sabía y lo permitió, o no tenía control sobre su aparato de seguridad. En ambos casos hay ruptura del orden constitucional. No es una falla administrativa. Es una línea cruzada.

Ese hecho local conecta con algo más amplio. Estados Unidos no respalda a Benjamin Netanyahu por error. Lo respalda porque su política exterior no opera sobre legitimidad, sino sobre utilidad. Así ha sido durante décadas. El apoyo a Israel bajo un gobierno cuestionado no es una anomalía. Es continuidad. Washington ha sostenido aliados incómodos cuando los considera funcionales. No es nuevo. El problema es que hoy esa lógica empieza a fallar.

Durante la Guerra Fría podía absorber el costo. Controlaba la narrativa y buena parte del orden internacional. Hoy ese entorno cambió. El margen es menor y el costo mayor. Cada respaldo ya no proyecta fuerza. Exhibe dependencia.

No es una hipótesis. Es un patrón. En Chile, Estados Unidos sostuvo a Augusto Pinochet pese a violaciones sistemáticas. En Argentina, la junta militar operó con apoyo externo mientras desaparecía personas. Cambian los nombres, no la lógica: estabilidad a cualquier costo. El costo termina siendo mayor.

Ese desfase define el momento. Estados Unidos conserva poder, pero pierde capacidad de orden. Puede intervenir, pero cada intervención le cuesta más. Puede respaldar, pero cada respaldo deteriora su posición por acumulación. No es un error. Es acumulación

Y esa acumulación tiene efectos concretos. Lo que ocurre afuera encuentra eco adentro cuando autoridades locales permiten —o no pueden impedir— lo que no debería ocurrir. No se trata sólo de la gobernadora. Una operación así implica cadena de mando. El gabinete de seguridad completo queda alcanzado.

No hay margen para evasivas. Hay responsabilidad. Y cuando la responsabilidad es de ese tamaño, la salida no es política. Es institucional.

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