Lorenzo León Diez
La izquierda como noción política tiene en su matriz las ideas que hace más de cien años expresaron Marx y Engels, (pero también Proudhon y Kropotkin) quienes provocaron con sus obras un denso tejido de escrituras filosóficas y político periodísticas (en el arte de la propaganda) que demuestra lo efectivo de sus llamamientos intelectuales y populares, postulados en el enlace entre la teoría (las palabras) y la práctica, (la organización revolucionaria) o sea la crítica y la acción: publicar millones de palabras en periódicos, revistas, folletos, libros, boletines, proclamas, manifiestos… en fin, todo el arcoíris genérico que significan las últimas dos décadas del siglo XIX y todo el siglo XX: las imprentas y la creación de redacciones, núcleos de autores y redes masivas de distribución que fueron el fermento de las organizaciones de izquierda, precisamente: mutualidades, sindicatos, partidos y demás formaciones civiles que conforman esa noción compleja El Estado.
En México la izquierda nació con el trabajo escritural y organizativo de los hermanos Flores Magón, contemporáneos a la agitación de similar naturaleza (anarcosindicalismo, comunismo) en Europa y otras partes del mundo donde se leía a los autores comunistas. Y ciertamente su influencia posterior a la revolución campesina y popular que vivió México no tuvo sino en algunas regiones expresión estatal (Tabasco con Garrido Canabal, Yucatán con Carrillo Puerto).
La izquierda socialista de ese entonces tuvo una amable convivencia con la hegemonía cardenista (Lombardo Toledano más como ministro sin cartera que líder a la manera comunista soviética) hasta concluir ya muy tardíamente con el famoso Partido Socialista Unificado de México de Arnaldo Martínez o el Partido Mexicano de los Trabajadores, de Heberto Castillo.
La izquierda mexicana transitó entonces ¡hacia el cardenismo otra vez! con la rebelión que encabezó Cuauhtémoc Cárdenas en las filas de PRI, y que resultó en un arribo espectacular de la izquierda en, la competencia presidencial, sin olvidar que el PRT lanzó antes a la mujer célebre Rosario Ibarra de Piedra como su candidata presidencial.
Luego ha seguido la historia lamentable que vimos hasta hace unos días, que desapareció el partido fundado por los líderes originarios (PRT) desde donde viene Andrés Manuel López Obrador, lector de esos autores que originaron el tejido conceptual que encierra la palabra revolución.
Hasta aquí ya había cedido en la cultura política mexicana la ideología comunista. Nunca se pidió una lucha por la expropiación de la propiedad privada de los medios de producción, la ocupación ilegal de los territorios, la fe en un futuro glorioso sin lucha de clases, una vez dominada la sociedad en un estado colectivo y totalizador. Simplemente -decía el general Cárdenas a los comunistas- si alcanzamos a cumplir los preceptos de la Constitución es más que suficiente. ¡Cuánto ha costado llegar a hacerlo! Constituir un Estado de derecho democrático y sin corrupción.
La izquierda mexicana ha logrado en seis años pasos nodales para encauzar una de las sociedades más complejas y desiguales en el mundo, en un movimiento fundado por la singularidad que representa AMLO, quien ha podido convocar a los ciudadanos en una participación inédita, activa, masiva y que a través de los medios institucionales pueden hoy por hoy participar y decidir el rumbo del país, cuyo Estado nacional estaba secuestrado por la dinámica del interés depredador, desbocado de los potentados.
En seis años un hombre refundó el Estado mexicano (integrado de camarillas, secretos, conspiraciones, pleno de asesinatos) en un Estado abierto, donde la individualidad del mandatario es de tal potencia porque está a la luz del día exponiendo las acciones y las reflexiones del poder presidencial que se funda en el “amor al pueblo”, lógica aberrante para quienes han visto limitados sus instintos codiciosos (como es connatural al capital), sus influencias oligárquicas.
¿Qué sigue ahora que se va y desaparece esa formidable singularidad? Estamos a punto de que se abra el telón posterior, en el fondo de esta cámara dual y con el enlace Amlo-Claudia, tenemos gran emoción en las butacas.
