sábado, mayo 28, 2022
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Volver a la política

El diferendo entre el gobierno federal y el Instituto Nacional Electoral oscila entre el ridículo y el absurdo. Los consejeros electorales, burocracia de angora, esos que se negaron a disminuir sus percepciones cuando el gobierno lo hizo apelando a su autonomía, están empecinados en su papel de contención de la Cuarta Transformación, lo que significa que junto con el Consejo Coordinador Empresarial y los redrojos restantes de la partidocracia son la resistencia al desmantelamiento del modelo de Estado neoliberal. No hay que olvidar que el INE deriva del Instituto Federal Electoral que fue creado en 1990 específicamente por el salinato para lavar la cara y legitimar al régimen. La ciudadanización y autonomización del instituto electoral fue el modo de avalar la reproducción política del sistema. Han sido más de tres décadas de legitimaciones de un régimen cuyos gobiernos han sido paradigmáticamente corruptos y ajenos al interés de los gobernados porque la concepción misma del neoliberalismo es depredadora. El capitalismo sin regulación del Estado es saqueo. Basta con otear lo que pasa en el mundo, una inmensa masa de ciudadanos empobrecidos hasta la inanición y hostigados por violencias criminales, razones de las migraciones masivas en el planeta, que no son pocas.

La resistencia no es simplemente de los consejeros electorales. Es la del régimen anterior completo. Temen porque son conscientes que el ejercicio dará un impulso y legitimidad adicionales al gobierno tanto con miras a las elecciones como para concretar las reformas constitucionales que restituyan el patrimonio y riqueza nacionales a los gobernados.

Es por eso que el país se ha convertido en el referente mundial que es. Porque en la mitad de una crisis económico-sanitaria pantagruélica, esta forma de gobernar demuestra al resto de Latinoamérica y del planeta que hay otras formas de gobernar en beneficio de todos, sin violencia y sin autoritarismo. Solo política.

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