domingo, agosto 7, 2022
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Racionalidades de hoy

Si nos atenemos a la narrativa dominante, el planeta se encuentra en una situación harto delicada. No solo por los impactos de la paralización económica mundial consecuencia de la pandemia sino por la tensión económico militar por la respuesta occidental, estadounidense para ser precisos, a la intervención militar rusa en Ucrania, derivada de la pretensión estadounidense de extender la frontera militar con Rusia a sus fronteras, al incorporar a Ucrania a la OTAN. Los impactos económicos han sido más costosos para los países centroeuropeos que para Rusia. Visto a distancia, pareciera que la idea estadounidense era precisamente provocar el conflicto con Rusia.

Hasta el fin de semana pasado la gravedad pre apocalíptica se acotaba al escenario europeo con la ayuda financiera y militar masivas a Ucrania, donde parte significativa del equipamiento militar enviado a Zelenski se ha perdido en el camino para ser vendido en el mercado negro. Parte de éste ha terminado en manos de los grupos terroristas sirios. Pero a principios de la semana la presidenta de la Cámara de Representantes estadounidense, Nancy Pelosi, decidió hacer una gira por Asia que incluyó Taiwán, que es reclamada por la República Popular China. Las tensiones entre China y los Estados Unidos se dispararon en vertical.

¿Qué pretende Estados Unidos? Es absurdo abrir un conflicto adicional cuando la crisis europea tiende a agravarse por la astringencia de combustibles y por el estancamiento de los granos rusos y ucranianos en los puertos, desatando la amenaza de la hambruna potencial no solo en Europa, sino para buena parte del mundo.

Pareciera que el presidente Biden y el grupo neoconservador que ha determinado la política exterior estadounidense desde –por lo menos– los años 90, estrechamente vinculado a la industria militar y al sistema financiero/bancario, buscarán el enfrentamiento directo con China y Rusia con la peregrina idea de salir victoriosos. Pareciera también que esta es una oportunidad de parar la distorsión neoliberal y retomar un modelo capitalista más atento a los imperativos nacionales. Volver, principalmente, al patrón oro como referente de las monedas nacionales. Se abandonó en 1971, y dos años después fue el golpe militar de Pinochet contra Salvador Allende; junto con Pinochet llegaron en tropel los Chicago boys como asesores y empezó el desastre.

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