lunes, enero 24, 2022
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Péndulo

La historia reciente de la Iglesia católica es pendular, por lo menos así lo ha sido desde mediados del siglo XX. Hasta entonces, la católica se había alineado sistemáticamente con los intereses de las clases dominantes, aristocracia o burguesía. Luego de dos guerras mundiales en donde su papel fue seriamente cuestionado, especialmente durante la segunda conflagración mundial, por su connivencia con los regímenes nazi alemán y el fascismo italiano.

A diferencia de Benedicto XV, el pontífice que gobernó la Iglesia a comienzos del siglo XX se destacó por ayudar a cerrar las heridas que dejó la Primera Guerra Mundial y llamar a superar los resentimientos y odios que dejó ese conflicto. En ese sentido, se lo considera un hombre que procuró evitar el surgimiento y entronización de los odios en los que el nacional socialismo y el fascismo se fundaron.

Es por él que el papa en retiro Joseph Ratzinger tomó el nombre de Benedicto XVI. Murió en 1922 y fue sustituido por Pío XI, controversial personaje que halló el modo de no ver las atrocidades de los regímenes fascistas desde los años veinte hasta la Segunda Guerra Mundial. De 1939 a 1958 Pío XII ocupó la silla de San Pedro.

A su muerte ascendió Juan XXIII, un papa que entendió bien el predicamento de haber comprometido a la más longeva institución formal del planeta con temporalidades radicales profundamente cuestionables desde todos los puntos de vista, pero especialmente por su vocación criminal de capitalismo a secas.

Juan XXIII emprendió la tarea de redefinir el papel de la Iglesia frente a las realidades sociales y políticas de un planeta profundamente dolido por dos guerras capitalistas mundiales que lo dejaron devastado e ideológicamente polarizado. Eso fue el Concilio Vaticano II a principios de los años sesenta. En él el clero determinó “volver a la opción preferencial por los pobres”. Ello implicó varios cambios.

Formalmente el rito de la misa dejó de ser de espaldas al público y en latín para serlo en el idioma local y de frente a los asistentes. En lo social, el clero y sus diversas órdenes se vincularon mucho más directamente con la feligresía. Algunas lo hicieron con las élites; otras, sin renunciar a su relación con las élites, decidieron vincularse mas proactivamente con la búsqueda de soluciones a la pobreza y la concentración de la riqueza. 

La Compañía de Jesús, los jesuitas, fue una orden que se identificó con esa intención. Además de sus conocidos proyectos educativos dirigidos a formar un tipo de élite más o menos sensibilizada de las contradicciones sociales, hay una batería variada de ejemplos de proyectos con intención social comprometida regados por Latinoamérica.

La feligresía católica viene de padecer un largo papado conservador que tuvo como consigna contener y desmantelar el impulso socialmente productivo del Concilio Vaticano Segundo.

Juan Pablo II dedicó su pontificado a eso y a proteger el “prestigio” de la Iglesia ocultando e impidiendo procesar los crímenes sexuales del clero cometidos durante décadas en contra de niños y niñas. La pederastia clerical, en donde el clero mexicano destaca.

Todo indica que se establece un nuevo paradigma de lo que será el clero institucional y su relación con los Estados. El nombramiento del nuevo Arzobispo de la Xalapa, Jorge Carlos Patrón Wong, parece ir en ese sentido. Su formación en el Colegio de San Ildefonso, una institución de educación privada ministrada por jesuitas dirigida a educar a las élites e inspirada en el modelo educativo del liceo francés. Trilingüe, y científicamente exigente, sugiere que habrá un nuevo nivel de diálogo con la sociedad y su gobierno. Los rezagos son muchos y las heridas profundas, está por verse si de verdad asistimos a un movimiento pendular de regreso del clero a cierto nivel de decoro.

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