martes, agosto 16, 2022
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Alemania, la economía más fuerte de Europa, impuso desde ayer jueves restricciones severas a los no vacunados en un intento por frenar lo que dicen ha sido un aumento dramático en las infecciones diarias por coronavirus, exacerbadas, afirman, por el descubrimiento de la variante ómicron.

La canciller saliente, Angela Merkel, y su sucesor, Olaf Scholz, acordaron con los líderes de la confederación alemana prohibir el acceso de los no vacunados a todos los negocios menos los más esenciales como supermercados, farmacias y panaderías. Eso implica instaurar una suerte de Estado policiaco que revise por la prueba de vacunación tanto aleatoriamente como en accesos en lugares de reunión excepto en los referidos; acordaron también hacerla obligatoria. Ángela Merker ha dicho que el número de infecciones se ha estabilizado pero a un nivel demasiado alto sin especificar la magnitud del problema. Esto no aplica para los que ya hayan sido infectados por el virus. Coincidentemente, la OMS “cree” que haber padecido covid-19 no protege contra la variante ómicron aunque “considera” que haberla padecido “podría” proporcionar protección contra la hospitalización y la muerte.

La canciller alemana dijo que se pedirá a un comité de ética redactar un proyecto de ley para hacerla obligatoria. Las autoridades temen que la cuarta ola de covid-19 colapse la capacidad hospitalaria. El jueves hubo más de 73 mil nuevas infecciones y 388 muertes en un país de casi 84 millones de habitantes. Habría que preguntarse seriamente por la conveniencia de la magnitud de la reacción en un país con notorias resistencias populares a la vacunación. El detalle no es menor. Pasa que Alemania es el paradigma del modelo de democracia europea. Lo mismo puede decirse de Francia y España. Por alguna razón no suficientemente clara, la magnitud del escepticismo popular respecto de la vacunación en Europa es alta. Algo parecido pasa en Estados Unidos.

¿Por qué? La explicación bien podría tener que ver con la confianza en los gobernantes. El neoliberalismo fue impuesto a rajatabla también en el primer mundo y los gobernados sufrieron. Esas mismas autoridades los convocan a confiar en quienes se han beneficiado enormemente de sus dolores y mal pasares: las farmacéuticas.

Hace sentido por eso lo dicho por México en la sesión inaugural de la ONU y en el Zócalo hace un par de días. Es imperativo cambiar de lógica de gobierno; gobernar para las mayorías trabajadoras. Punto.

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