martes, julio 5, 2022
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Matiz y criterio

Los últimos días en la discusión pública han sido catalizados por las reacciones desatadas por la exhibición de los ingresos de Carlos Loret de Mola, miembro destacado de la batería de vituperadores contrarios al proceso de reconstrucción de un Estado benefactor. Esto es, un estado al servicio de los gobernados por ser capaz de compensar las distorsiones en la distribución del ingreso nacional.

La secuencia de los hechos parte de que Mexicanos Contra la Corrupción dio a conocer detalles del estilo de vida del hijo mayor del Presidente, el enfoque del reportaje era demostrar que el hijo de Presidente vive con ostentación en una casa perteneciente a un ejecutivo de una empresa contratista de Pemex en la que trabaja la nuera del presidente López Obrador. Pasados los días se han aclarado las imprecisiones de la publicación pero, sobre todo, se ha deslindado con claridad rotunda que el arrendador y el arrendatario no se conocían. Esto porque la nuera del Presidente hizo pública la conversación sostenida con el intermediario de bienes raíces.

Al margen de las emociones involucradas, concretamente la reacción del presidente al hacer públicos algunos trascendidos sobre los ingresos de Carlos Loret de Mola, lo cierto es que algunos conspicuos comunicadores se prestaron a difundir informaciones que tenían y tienen la clara intencionalidad de socavar y desgastar la aceptación y apoyo de más del 70 por ciento del electorado.

Y ése es precisamente el punto. Cuál es la valoración y enfoque que hace el comunicador de los datos. Hace meses se supo de la vigilancia con drones que se hacía de la casa del José Ramón López Beltrán en Houston. Ahora se sabe de dónde venía. Y habrá que ser sinceros, la pieza periodística tenía una intencionalidad clara, hacer daño. Reproducirla en una plataforma tan potente como la de Aristegui es muy importante. Igual lo es que el Presidente critique desde la mañanera a uno u otro periodista. Pero de ahí a sostener que en un país donde la violencia contra los periodistas continúa impune, expone a los periodistas mencionados es francamente peregrino.

Ni Loret ni Aristegui tienen ese nivel de vulnerabilidad. Es, también, un enfoque sesgado que distorsiona la discusión. Se acusa al Presidente de polarizar; es impreciso, hay una discusión pública en donde se define en tiempo real el perfil de país que se construye hoy y que será el de las generaciones que vienen. Uno definido por privilegios y la concentración obscena de la riqueza, o uno definido por relaciones sociales colaborativas en un Estado que se ocupa prioritariamente del bienestar de los gobernados todos, especialmente los vulnerables. 

Ahora, el solo hecho de esto se discuta así es un avance.