jueves, julio 7, 2022
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Exégesis

En el ambiente de las percepciones mediáticas, la semana pasada estuvo definida por el diferendo entre el presidente López Obrador y los medios de información convencionales, prensa escrita y medios electrónicos. Esto, por las respuestas puntuales del Presidente frente a lo que claramente es una ofensiva propagandística conservadora. 

Parte de la intención de la campaña propagandística es minar las bases de sustentación del Presidente en la ciudadanía, pero esas están ya bien definidas desde hace tres años y continúan más o menos igual. El principal objetivo de la campaña propagandística conservadora es el auditorio internacional y la batería de instituciones y organizaciones no gubernamentales creadas para lavar la cara a la imposición neoliberal. Hacer ver a López Obrador como autoritario e incluso represor. De ahí la distorsión en la conversación con los medios de comunicación que se desgarran las vestiduras por las respuestas nominales del Presidente. Es lo único que tienen, la estructura partidaria conservadora es punto menos que inexistente. De ahí el reclamo y petición al gobierno estadounidense para que suspendan el financiamiento a la ONG Mexicanos Contra la Corrupción porque es intervención, toda vez que ésta es una plataforma con intenciones políticas, no de defensa del interés público.

La idea es hacer parecer que es un fenómeno de populismo autoritario y no como lo que es: una revolución restauradora de un capitalismo razonable, keynesiano, un capitalismo con Estado. Y sí, es una revolución. Y sí, hecha en buena medida con el Ejército porque resulta que el Ejército es, primero, orgánicamente popular, pueblo en uniforme; y segundo porque esto es una revolución, solo que sin un solo disparo para imponerla.