martes, julio 5, 2022
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Bivalente

Están por cumplirse dos años de la política de distanciamiento social que arrancó el 23 de marzo de 2020, esto por la convención internacional dictada en la Organización Mundial de la Salud.

Tal decisión fue pretexto para que muchos gobiernos considerados democráticos instrumentaran medidas no solo autoritarias sino francamente coercitivas. Por mencionar solo algunos es el caso de Francia, Alemania, España, Italia. En Latinoamérica, los restos del pinochetismo llevaron a reprimir colegiales y se desató un movimiento social que no solo puso al gobierno en jaque sino que terminó por largar al presidente Piñeira. Hoy, ese país es gobernado por uno de los dirigentes estudiantiles que resistieron y exhibieron las estupideces de las lógicas gubernamentales convencionales, esto es, neoliberales.

En México la aproximación fue distinta. Se acató la convención internacional pero con una lógica distinta. Sin pedir prestado al Banco Mundial, cosa que siempre sugieren los economistas neoliberales, y antes que dar dinero a las empresas, se repartió el dinero entre la población para sostener el consumo. Eso permitió, entre otras cosas, alivianar significativamente la economía familiar, maltrecha por décadas de depredación, cosa que desde luego desató el enojo de los beneficiarios del régimen anterior. De ahí las virulentas campañas de desinformación y engaño contra el gobierno federal.

Dicho de otro modo, el respetable planetario está a un par de semanas de cumplir dos años bajo el asedio del miedo y la desconfianza sembrados por la maquinaria de difusión y propaganda. Medios informativos convencionales y redes sociales rebosan de ejemplos de la absurda dimensión del miedo. Ancianos infectados obligados a recibir a sus visitantes a través de un plástico para evitar tocarse la piel.

Como en toda guerra, se trata de difundir entre el enemigo el miedo y el desaliento y esto funciona mejor cuando la amenaza es real, cuando se puede medir, que es el caso.

Justo cuando la pandemia da visos de remitir, las llamadas democracias europeas, esas que la tomaron a macanazos contra adolescentes que pasaban por un parque sin cubrebocas (o que en Chile quisieron emparedar a los insurrectos) aceptan a Ucrania en la OTAN con todo lo que eso implica. Es natural la reacción rusa y la parafernalia se desata. Y de vuelta al miedo. Hasta pareciera deliberado. Hay quien diría que hay razones para el pesimismo.

Con todo, ahí está el nuevo gobierno en Chile, el de la Cuarta Transformación y algunos otros más en el continente, que funcionan en una lógica distinta y lo plantean en público. Quizá por eso el extrañamiento del gobierno norteamericano y la carta de reconocimiento de Putin por la negativa del gobierno mexicano a sumarse al bloqueo que, por lo demás, empieza a salirle estúpidamente caro al mundo. Hay quien diría entonces que hay razones para el optimismo.

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