La Faena
Disidente u oportunista
Llama la atención el planteamiento dizque disidente del senador morenista Manuel Huerta frente a algunas de las políticas públicas o posicionamientos políticos del gobierno de Rocío Nahle. El mensaje que Huerta intenta sembrar no va dirigido a la militancia de Morena, sino más bien hacia un potencial electorado de oposición, pues dentro de las filas morenistas su figura y actuación histórica es bien sabida. A esa poco edificante trayectoria incorporó el trato obsequioso y resbaloso que le dio a la familia Yunes cuando los dos Migueles, padre e hijo, defeccionaron del PAN para salvarse de la inminente acción legal que tenían encima para eludir sus evidentes actos de corrupción y sumarse a la bancada guinda. Manuel Huerta, el otrora furioso antiyunista, el promotor local de la Carpeta Azul, se convirtió en ceremonioso paje que intentaba quedar bien con los Yunes y con el defenestrado Adán Augusto López, su jefe político en el Senado.
Es cierto que dentro del partido existen algunas visiones distintas y en ocasiones encontradas del quehacer político y son naturales y sanas cuando se trata de construir un proyecto emergente y complejo como el de Morena. Pero el mensaje de ruptura que Huerta está proponiendo no representa una visión estratégica distinta o una disputa ideológica. Sólo trata de exhibir públicamente un alejamiento con las autoridades.
Sabe de antemano que su “disidencia” lo coloca en un plano autoexcluyente. El desafío que plantea por medio de su estrategia de confrontación con el gobierno estatal morenista busca crear apoyo y simpatía popular para sus ambiciones políticas personales y, en el viaje, imponerle costos de gobernabilidad a las autoridades y a las élites gobernantes. Aquí vale preguntarse si Manuel Huerta es un disidente en el sentido estricto de la palabra, porque al ubicarse en este supuesto caso, se desentiende de su compromiso político e ideológico con el proyecto que dice defender. Y sí, se vale disentir, cuestionar y criticar para mejorar el estado de las cosas, pues la idea que le dio origen a Morena no fue la de constituir un partido monolítico, sino en movimiento y abierto a expresiones ajenas incluso a la perspectiva progresista. Eso se entiende del PVEM, del PT o de Lilly Téllez y otros distinguidos cuadros a los que infelizmente se les dio cabida. No así en cuadros como el senador que jura y perjura ser más morenista que López Obrador.
Así pues se duda que sus expresiones correspondan en efecto a un disidente político, como lo fuera Cuauhtémoc Cárdenas en su momento, que busca principalmente cuestionar, oponerse o separarse de una doctrina, creencia, política o gobierno establecido. Con enormes dificultades puede afirmarse que se trate de una genuina y honesta expresión de inconformidad política. Por el contrario, sus motivaciones obedecen a posicionamientos estratégicos que buscan atraerse la simpatía ciudadana y lanzar guiños a los dueños de otros partidos para sus fines personales y grupales. Y a eso se llama oportunismo.




