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DESPERTAR. A TIEMPO

Romeo González Medrano

¡¡A votar todos!!

El 1 de junio de 2025, con el voto de cada uno de los mexicanos, México va a vivir la legitimación política de su derecho a la justicia. Este es un acontecimiento de importancia internacional y único porque es el primer caso en el mundo en que el pueblo elige a sus juzgadores.

Con este paso, pacíficamente, México se coloca a la vanguardia de la democracia con calidad representativa en la elección de sus tres poderes. Hasta ahora, la justicia ha sido impartida por juzgadores nombrados por la oligarquía y por los grupos de poderes fácticos y no fácticos. El marginado de todo ese proceso de nombramientos de juzgadores durante décadas y hasta ahora ha sido el pueblo.

Por ello, desde jueces hasta magistrados y ministros de la Suprema Corte se consideran en deuda con quien los ha nombrado, no con el pueblo. Por eso su resistencia a la reforma del Poder Judicial, porque iban a cambiar de acreedor. A partir del 1 de junio, su único acreedor será el pueblo, no las mafias de la aristocracia tecno-jurídica, rancia hasta en sus costumbres protocolarias, insoportable en sus modales, asquerosamente hipócritas, de pulcritud y de pureza “constitucional” a todas luces falsa.

El 1 de junio, todos los mexicanos tenemos que acudir a votar, porque por primera vez vamos a ejercer el derecho a nombrar a nuestros juzgadores. Y luego, quieran o no, vendrá la revocación del mandato, y el que no funcione, a chingar a su madre. Se rescata y preserva así el principio constitucional de que el pueblo es el único soberano y fuente de todo poder institucional.

Falso que se necesite ser abogado o erudito en las leyes para elegir a los mejores juzgadores. Lo que se necesita es tener olfato y visión crítica para distinguir quiénes de los aspirantes han sido congruentes con la carrera de abogacía y quiénes han sido la vergüenza y la abominación.

Recordemos que esto mismo se decía en tiempos de don Porfirio, cuando se promovía el sufragio efectivo, no reelección. Se afirmaba que el pueblo no estaba preparado para la democracia. ¡Chinguen a su madre los emisores de ese juicio y los pendejos que se lo creen! El pueblo de México está hoy más despierto que nunca y va a estar más despierto todavía en los próximos meses.

Y eso que todavía no se saca todo el excremento del poder del grupo que va de salida. Me refiero al grupo de la piña y la toga. Se necesitan cientos de trascabos para sacar el excremento que está regado en todas las escaleras del Poder Judicial, dentro de la administración federal, estatal y municipal. Otros están atrincherados en el poder económico, otros más en los medios de comunicación. Por todas partes hay excremento y especímenes de funcionarios corruptos representativos de esta podredumbre de la que estamos cansados.

Hay que sacarlos y encerrarlos junto con los delincuentes de la alta delincuencia organizada. Merecen estar junto con ellos porque son uña y mugre. También hay que barrer con los traidores que pretendieron vender al extranjero la contrarreforma del Poder Judicial, a sabiendas de que han sido precisamente los poderes extranjeros los que se han aprovechado y servido del Poder Judicial corrupto y corruptor.

Los contratos leoninos de obra, las concesiones mineras abusivas, los contratos de explotación petrolera y la evasión fiscal siguen pendientes. Por fin, México da un paso profundo en la modernización de sus instituciones, un paso trascendental en la transformación del país. No es definitivo, porque aún falta limpiar toda la estructura del poder, desde la policía estatal y municipal hasta los agentes del ministerio público. Toda la escalera hay que barrerla y estar listos con camiones de volteo para recoger la basura, porque es capaz de regenerarse donde quiera que la tiren.

Es una estupidez decir que México es una dictadura comunista o que va hacia el comunismo. Pero tampoco es cierto que el gobierno de Claudia lleve a México hacia el capitalismo salvaje.

El Estado de derecho que nos rige se regenera y es garantía jurídica de todas las formas de propiedad protegidas por la Constitución de 1917. Reafirma la rectoría del Estado en la coordinación y conducción del desarrollo compartido, sustentado en los derechos sociales constitucionales que respaldan los programas sociales y la vigencia del estado de bienestar.

Esto es condición para que exista la estabilidad política y social que el capitalismo salvaje le ha negado al mundo y que lo tiene al borde de la guerra. Los empresarios inteligentes de México y del mundo valoran este modelo, y las fuerzas democráticas también.

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