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Defender la radio comunitaria (III)

El caso de la Radio Teocelo

El Informe McBride, promovido por la UNESCO en los años 70’s, con el objetivo de tener una propuesta sólida y con objetivos precisos para fortalecer y blindar los medios de información escrita como  espacios sustantivos de educación cívica y ciudadana, con recomendaciones expandibles a la televisión y la radio, y hoy aplicables a las redes sociales, al igual que  “Los 7 saberes para la educación del futuro” elaborado por el filósofo Edgar Morín -solicitado por la UNESCO a finales de los 90`s-, y en el cual se argumenta sobre los saberes fundamentales a promover en el Siglo XXI “con el objetivo de transformar los sistemas educativos para fomentar un pensamiento complejo que ayudara a las nuevas generaciones a comprender el mundo actual y a construir futuros sostenibles”, han pasado a ser letra muerta frente a la violenta instalación del neoliberalismo económico que ocupa todos los espacios disponibles de organización y convivencia humana.

Al día de hoy la comunicación educativa certera y regionalizada, salvo en pequeños espacios de resistencia ciudadana -territorialmente acotados y cercados por la invación hegemónica del discurso de los mercados-, escapan y sobreviven como propuestas que ayudan a construir otras historias, batallando por la creación de otros mundos posibles. De entre ellos las estaciones de radio comunitarias.

Cercadas hoy, por los dispositivos de control y dominación “pacífica” la prensa escrita y la radio de limitada circulación territorial casi han desaparecido, su incosteable sostenimiento, falta de autonomía informativa y credibilidad alcanzada, más la condición asfixiante de la propaganda impuesta desde las redes sociales y la “revolución tecnológica”.

 Instalada por instituciones privadas(corporativos) y engarzados con gobiernos estatales y municipales, actúan como promotorías de políticas de consumo hegemónicas y homogéneas en el marco de economías neoliberales “blandas”, progresistas o post-neoliberales, de derecha o de aparente izquierda.

Vivimos en un mundo que, de origen, se sostiene en antivalores humanos -que ya desde el siglo XVIII Bernard Mandeville en su librito de “La fábula de las abejas” nos advertía-, que son el verdadero motor de los capitalismos sostenidos regionalmente. Un mundo que, en su recorrido histórico, va dejando residuos que ahora lo increpan y demuestran que el sistema, en su expresión más radical, se funda en esos antivalores éticos ya anunciados.

De aquí que el ciudadano común, pueda pensar en el sistema capitalista y todas sus elaboraciones ético/morales como discursividades hipócritas. Es en este marco de radical ausencia de una ética y moral que los carteles, residuos capaces de irrumpir y romper el Contrato Social gestado en el Siglo XVIII, han logrado instalar en forma descarnada, la violencia que la hipocresía sistémica siempre se ha intentado ocultar. Hoy los tráficos y sus actores de desdibujan como organizaciones diferenciadas de las instituciones de gobiernos federalizados, estatales y municipales.

La composición de gobernanzas donde conviven traficantes y delincuentes “de cuello blanco” en América Latina y particularmente en México, alcanza su estado de madurez en los años 90’s del siglo pasado y su expansión a nivel municipal se profundiza desde inicios del año 2000, de ahí que algunas teóricas sostienen que México se encuentra gobernado por 2 variantes corporativas que han asumido el ejercicio de las violencias como dispositivos de control en geografías y territorios rurales y urbanos de todo el país.

Hasta mediados del siglo XX, y en los márgenes de la hecatombe del exterminio fascista en la segunda guerra mundial, veremos un intento de instalar algunos blindajes para “detener” (contener) la barbarie que supone un sistema de expoliación como este. Así, veremos que durante dos décadas de liberalismo, el ejercicio de una violencia imparable se contuvo medianamente a partir de organismos internacionales, mismos que hoy en día vemos en un franco deterioro.

Es con la instalación del neoliberalismo económico, como política económica mundial que se fortalece a los imperialismos regionales -hoy globalizados en un imperio consensado-, dando lugar a un repunte y retoños del capitalismo decadente que lo rescatan desde su mismísima entraña violenta y su inocultable contradicción. Es ahora cuando la narrativa del los derechos humanos y su instalación a través de organismos internacionales y nacionales nos dan muestra de clarísimos acontecimientos donde se manifiesta su incapacidad de contención de ls violencia desde una lógica pacifista, incapaz de esconder la hipocresía subyacente de la corrupción.

Desde aquí vemos entonces nuestro contexto educativo: el borramiento de la UNESCO como organismo rector de la orientación educativa mundial, y la imposición de la OCDE, como organismo fundamental para la instalación del neoliberalismo económico en todos los espacios de convivencia humana, incluido en ello los modelos y prácticas educativas con propósitos mercantiles.

Ni que decir de la ONU y las legislaciones nacionales, que son percibidas, cada vez más, como letra muerta frente al deseo imposible de una sociedad fundada en valores humanos, contrarios a la expansión imperial y observamos su incapacidad de responder ante la “normalización” de los antivalores humanos. Los casos brotan por todos lados, sin que se vislumbren posibilidades reales de su erradicación y vigencia como contrarias a narrativas legislativas de llamado a la prudencia, la pertinencia, la solidaridad, la igualdad y fraternidad, de valores que hace mucho tiempo se encuentran en una condición genética recesiva.

Los carteles, corporativos del tráfico como antivalor popularizado en todos los espacios de la convivencia humana son, hoy por hoy, el residuo más visible e increpante de toda lógica capitalista de la hipocresía. De ahí su popularidad difundida mediáticamente en las expresiones culturales de las masas y pueblos, que al final del día, muestran sus simpatías hacia éstos y reproducen en sus expresiones culturales, con un disfrute de admiración por el modo en que ejercen su capacidad para increpar a los gobiernos locales y aún más allá, de operar desde las gobernanzas mismas, ya sin máscaras de honestidad, desde inicios del siglo XXI.

Utilizando personajes con intereses económicos particulares, respaldados por los partidos políticos y sus actores, engranajes clave de las democracias electorales aprovechando que unos, al carecer de cuadros profesionales formados con solidez política e ideológica, y otros, por las necesidades de un mercado electoral oportunista y escases de simpatizantes y/o militantes), están dispuestas(os)s a cancelar sus responsabilidades políticas y ciudadanas, aprovechando las ambigüedades y vacíos conceptuales de legislaciones, para cancelar espacios de libertad de expresión en la prensa escrita, la televisión y la radio sobrevivientes que difunden información “no grata” para estos personajes que muestran sus aspiraciones por obtener posiciones de gobernanza y control económico-político inconfesables

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 Aquí es cuando se hace evidente su posicionamiento con discursos y comportamientos identificables, sobre todo sobre todo contra estos escasos y modestos relictos que muestran su compromiso social desde la defensa de su autonomía e intereses de sus públicos regionales, de las verdades y narrativas que destaquen las condiciones de corrupción, persecución y violencia existentes y a las cuales intenta someter cancelando la libertad de expresión que facilita las condiciones de todo intento autonómico de organización social y económica.

Entre estos espacios recuperados por las comunidades y organizaciones solidarias, esta la Radio Teocelo, hoy amenazada por intereses mezquinos, que aprovechando las ausencias de precisión legislativa en la esfera de la justicia institucional -sobre todo electoral- aprovechan las contradicciones que predominan entre sus integrantes sobre la interpretación de las reglamentaciones, sobre todo en lo referente a la violencia de género vista desde lo polític electoral.

Casos como estos han alcanzado su expansión en diferentes estados y municipios de la República Mexicana, incluso llegando a espacios informativos tan populares como el noticiario de Carmen Aristeguí, de alcance nacional. Hoy la batalla da la impresión que no se trata de casos aislados, sino de una política generalizada de gobiernos sesgados de la tolerancia y reconocimiento de la libertad de expresión como una herramienta fundamental para dar cuenta de verdades y opiniones con fundamento.

Defender la Radio Teocelo y solidarizarse con sus propósitos y estilos de difusión y divulgación educativa, de la información y la cultura y del servicio a las instituciones regionales se convierte en un compromiso ético impostergable.

Por supuesto que la radio se defiende, actualmente se realizan acciones que dan cuenta de ese esfuerzo y lucha por mantenerse, pero hoy más que nunca requiere de la solidaridad regional. En la próxima colaboración les contaré sobre algunas de ellas.

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