La población de Cuba enfrenta una situación desesperada debido al bloqueo que Estados Unidos mantiene contra la isla desde hace más de seis décadas, agravado por las políticas del gobierno de Donald Trump, que buscan sancionar a los países que suministren petróleo a la nación caribeña. Esto ha provocado un colapso energético, ya que gran parte de la electricidad y la movilidad dependen del crudo y sus derivados.
El bloqueo impone duras condiciones de vida y evidencia la necesidad de acelerar la sustitución de combustibles fósiles por energías renovables. La situación de Cuba ilustra lo que podría ocurrir en otras naciones si no se diversifican las fuentes energéticas.
La isla ha comenzado a instalar parques solares con apoyo de China y solicita componentes para sistemas fotovoltaicos como parte de la ayuda humanitaria. No obstante, es necesario avanzar hacia la generación distribuida, produciendo y almacenando energía en el sitio de consumo, con instalaciones municipales, comunitarias o unifamiliares. La producción de biocombustibles también puede implementarse a escala local.
Aunque la transición energética en estas circunstancias extremas pueda parecer excesiva, podría ser la única salida para superar la crisis que impacta todos los aspectos de la vida en Cuba, convirtiendo la experiencia cubana en un ejemplo mundial.




