No hay vicio que cubra de vergüenza tanto al hombre como encontrarle falso y pérfido.
Francis Bacon, 1625. Escritos pedagógicos.
A mediados de mes sesionará el Consejo Universitario General, máximo órgano colegiado de gobierno de la Universidad Veracruzana. Pareciera ser una reunión ordinaria, para ratificar acuerdos, recibir informes, validar el presupuesto y realizar algunas designaciones. Sin embargo, el fantasma de la prórroga ilegal al doctor Martín Aguilar recorre toda la Universidad y es previsible que el rechazo a la violación de nuestra legislación se exprese con fuerza, se exija el restablecimiento de la legalidad y se llame a cuentas a los integrantes de la Junta de Gobierno que han violado sistemáticamente la Ley Orgánica, la Ley de Autonomía y su propio Reglamento interno. Seguramente el CUG será el eco donde resuene la enorme inconformidad frente a la imposición y la arbitrariedad.
Actuando fuera de todas sus atribuciones, violando cualquier rasgo democrático y de respeto al pluralismo, las autoridades han iniciado toda una ofensiva para hacer del CUG un espacio de simulación donde se acalle la voz indignada de la comunidad. Una vez más tratan de controlar a los consejeros universitarios. Ya son un escándalo autoritario los mensajes en los grupos de WhatsApp donde los directores de área y los vicerrectores dan instrucciones durante las sesiones del Consejo, también lo son las sesiones de instrucción que operan en los autobuses que transportan a los consejeros de las Regiones, los desayunos y las llamadas telefónicas. En la actualidad se está convocando a los consejeros a reuniones preparatorias para irlos suavizando.
Bajo una selecta invitación que excluye a los consejeros críticos, parece que este tipo de reuniones se están multiplicando en las Áreas y Regiones para continuar hablando con los consejeros, para recoger sus necesidades aclarando que no hay dinero. En realidad, se trata de reuniones completamente fuera de la normativa, que forman parte de una estrategia política para intimidar a los consejeros, violentando con ello libertades fundamentales como la libertad de opinión y de expresión, violando el principio de independencia y el sentido de representatividad de los consejeros.
Evidentemente se trata de una falta de respeto, los consejeros no son empleados ni se deben a las autoridades, representan y expresan la voz de sus comunidades. Por lo demás, los consejeros son universitarios pensantes, con independencia de criterio y capacidad crítica, tienen la responsabilidad de actuar con libertad y participar de los destinos de la Universidad. Cualquier intento por menospreciarlos y quererlos convertir en cómplices silenciosos del oprobio y el autoritarismo será contraproducente. La experiencia histórica nos demuestra que la libertad es el sustrato de la vida académica y que los universitarios no son comparsa de ninguna tiranía.




