sábado, mayo 28, 2022
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La era de la estupidez

Crónicas ausentes
Lenin Torres Antonio

Dice Nietzsche, “el hombre prefiere querer la nada, a no querer”, esta sentencia nietzscheana lapidaria anuncia la condición humana sostenida por la ficción, derrumba el mito ontológico del ser, y traslada la verdad hacia la subjetividad.

No es cosa fácil aceptar que la historia del hombre está constituida por sus ficciones, por sus mitos, y por la imposibilidad ontológica de que haya hechos morales. Se traduce la teleología del hombre hacia la era del vacío, puesto que era la ideología el contenido de la narrativa que permitía el contraste y el debate, ahora la pragmática hedonista, la búsqueda del placer más allá del cuerpo determinan el lugar común neurótico.

Si antes la ideología posibilitar la diversidad de la ficción, la caída de las ideologías definió la dimensionalidad del sentido impulsada por la pulsión de muerte, y la compulsión a la repetición, viene a ser el hombre actual una especie de muerto-viviente, que su finalidad es extasiarse eternamente fuera del pesado lugar común del consumo y la tragedia.

El sentido que se diversifican por las opciones ideológicas, viene a ser sustituida por la primacía de una gramática simplista que apunta a un sistema particularmente alienante de la economía, y la emancipación de la política a una sola tarea de legitimar los procesos de explotación y plusvalía nominal, la pasión de la vida se convierte en una geometría de la imposibilidad de alcanzar la completud que ofrece los objetos prometedores momentáneos de cancelar el ser incompleto que permita la vida anímica.

Las contradicciones no se suscriben en el doble rasero de la explotación alienante de la gramática neoliberal capitalista, y la promesa de que realmente existan hechos ilustrados que permitan la cancelación de la demanda de ser o el cierre honorífico de una muerte después de una vida múltiple significada.

La naturaleza humana sigue siendo dócil y con instinto de rebaño, la libertad es contraria al miedo a la inmensidad desde sentidos débiles, y la capacidad de imaginación llegó a su culmen, dejando sólo vestigios de pasadas glorias de omnipotencia de los pensamientos, el límite de lo real se impuso dejándonos en silencio.

Pero no es cosa fácil vernos en esa debacle e involución, constantemente nos revelamos a aceptar que nuestra imaginación se agotó y que las ficciones hechas cosas nos decepcionaron porque sirven a la pulsión de muerte y no al instinto de sobrevivencia.

Hoy pasamos del olvido de manera instantánea y el presente nos convence con otra nostalgia romántica ilustrada que nos saca lágrimas ante las imágenes de nuestra desvalorización, así que las viejas glorias ideológicas se topan con las técnicas de la guerra que ni siquiera nos permite ver el rostro del supuesto enemigo, con los satisfactores resumidos en sustancias inyectables o diminutos aparatos virtuales que nos aíslan instantáneamente del otro.  

La monstruosidad de la comunicación que se convirtió en un instrumento del poder, que intenta troquelar una aceptación tácita que las cosas son así, como lo vivimos en occidente, inundándonos de noticias, imágenes, eslóganes, y sentencias para olvidar lo que ocurrió hace un corto tiempo, y ponernos a nivel mundial cantar unísonos “paren la invasión”, aun teniendo sangre fresca en nuestra alma de genocidios perpetrados en honor a la libertad y la seguridad mundial.

Estamos entre las patas de los caballos, una pequeña parte eclipsada por la arrogancia y paranoia de Putin, y la gran mayoría, obligados mediáticamente a aceptar la defensa al derecho y la libertad de las palabras del inmaculado Biden.

Estamos ante una criatura animal que ha pasado del esplendor de su escalada evolutiva a la estupidez de la torpeza de un animal con sentidos débiles y una distorsionante dependencia del otro.

No hay manera de salvar a la especie humana de la estupidez, quizás sea su parte consustancial, matar por placer, dominado por la libido, determinado por el principio de placer, frustrado ante el principio de realidad, y esclavo de su pulsión de muerte.

Ni definir “la era del vacío” puede satisfacer una forma de determinar el comportamiento humano, creo que es mejor decirlo, “la era de la estupidez”, es la mejor forma de definirlo, ¿cómo entender que su voluntad siga sometiendo al desarrollo de su cerebro?, ¿cómo seguimos leyéndonos con unos cuantos conceptos arcaicos e imposibles, racional, civilizados, morales, sociables, etc.?

Hace poco se desató una guerra en el corazón de la ilustrada Europa, y un extremista nacionalista vino a dar clases de política a los ilustrados europeos, e incluso a regañarlos y reprocharles por la pérdida de su coraje  y valentía, a convocarlos a la guerra, al pasado glorioso de sus marchas marciales y sus vítores nacionalistas ante la amenaza de las hordas de bárbaros del oriente, emulando a Hitler les pide tomar las armas para exterminar al imperio ruso, un extremista nacionalista ucraniano que camina entre escombros y cadáveres de sus congéneres altivo y desafiante, su misión sagrada de salvar a occidente merece esos sacrificios. Aunque sea una marioneta de un perverso y sádico que le habla al oído y lo alaba para que continúe la limpieza y el debilitamiento del enemigo de occidente, los rusos.

Un ser diabólico que donde se para huele a azufre, y que descaradamente su principal “objetivo: tumbar a Putin, criminal de guerra y paria en los foros mundiales. EEUU y la UE escalan la ayuda militar a Ucrania para que la victoria de Kiev mine al presidente ruso en su propio país” (1), evidentemente su mira no está en la paz ni evitar más muerte y sufrimiento al pueblo del líder extremista nacionalista, que hoy en la cumbre de la actuación, filma su mejor película, “Los muertos ucranianos que derrumbaron al imperio ruso”.

Cómo no llamar a esto estupidez, cuando cualquiera puede ver que unos funestos personajes líderes mundiales que tienen sus ropas manchadas de sangre humana, y en su revolver no hay cabida para los millares de muertos provocados por sus balas, sean los que utilicen al fanático y suicida extremista nacionalista como una pieza de ajedrez y debilitar al enemigo en el escenario geopolítico mundial.

Cómo no ver, que no vale ni una muerte de una vida humana que justifique la incompetencia de la razón y la decadencia de la política para llevar a una nación a un baño de sangre, como ha sucedido ahora en Ucrania, y a lo largo de la historia humana.1

La civilización se reduce a los buenos modales para comer, hasta ahí, lo demás es terreno fértil para los apetitos y las pulsiones agresivas y sexuales humanas, no hay manera de volver a ubicar al hombre en la cúspide la pirámide evolutiva de los seres vivos en la tierra, su lugar es el subsuelo de los organismos unicelulares que no tiene más que una indicación, en este caso, la muerte y el suicidio.


1) https://www.elmundo.es/internacional/2022/05/07/627673bffc6c83792f8b4585.html

Mayo de 2022