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APUNTES: La manipulación de nuestros deseos


Los algoritmos y cómo moldean “lo que queremos”

La relación de los algoritmos y nuestros deseos, lo que vemos, lo que oímos, lo que pensamos a causa de estos factores que trabajan silenciosamente en las redes sociales, precisamente en nuestros teléfonos celulares “inteligentes”, y nos hacen creer que lo que vemos y oímos es una elección personal, libre y bienintencionada. ¡Pues no! Son factores que nos convencen de manera efectiva de que las decisiones que tomamos son propias de nuestras necesidades. Son, de hecho, un susurro coordinado que nos lleva a exponernos a un contenido que, al parecer, responde a nuestras preferencias, pero cuyo objetivo es que hagamos precisamente lo que quieren aquellos que pagan por ese servicio y se beneficien. Aquel que vende un servicio o producto a través de las grandes plataformas lo hace e investiga tus preferencias, tus deseos, lo que leemos, lo que consumimos, lo que no leemos.

Definamos:
“Un algoritmo es una serie de pasos ordenados y lógicos que permiten resolver un problema o realizar una tarea específica. Funciona como una receta: indica qué hacer primero, qué hacer después y cómo llegar al resultado final. Un algoritmo es una secuencia finita de pasos bien definidos que describen cómo resolver un problema.” (Cormen, T. H., Leiserson, C. E., Rivest, R. L., & Stein, C. (2022). Introduction to Algorithms (4th ed.). MIT Press).

Le ha pasado que le escribe un mensaje de correo electrónico a un amigo o familiar, en cuyo contenido habla de alguna necesidad específica, y empieza a recibir anuncios, precisamente que “resuelven esa necesidad”? Pues esos son los “estudios de mercado” que aprovechan para vender soluciones, muchas innecesarias.

Los algoritmos están moldeando nuestros deseos. Nos hacen creer que esa manipulación son nuestros verdaderos deseos. Los usuarios de las redes sociales debemos identificar si lo que estamos haciendo es un impulso genuino y no uno sembrado por una inteligencia que solo busca vender sus productos y servicios.

Al parecer, nos hacen creer que estamos tomando decisiones en un ambiente de libertad. Si buscamos algo en los buscadores estamos construyendo un perfil que pronto venderán a quienes lo usarán para manipular los deseos. Estamos en una burbuja donde las elecciones que hacemos no son propias. El buscador no nos lleva a un ramillete de elecciones; nos lleva a un mundo de posibilidades de quienes pagan para utilizar perfiles. No están ahí para beneficiarnos, están para beneficiarse.

La realidad es que esos algoritmos te presentan información que cumple con expectativas de lo que podrías hacer si te promueven una “verdad” que podrías aceptar como válida al pensar que estás utilizando tu situación personal. Las redes sociales se representan como posturas “democráticas”; jamás te dicen que esa “democracia” de aquel que posteó miles de “opiniones”, todas falsas, es la que se hace pensar como la mejor opción. Una mentira que se repite puede hacerse verdad. Analiza, piensa, une un punto con otro, compara; de otra manera, lo que te dicen en las “noticias” lo vas a creer.

“…Una mentira repetida mil veces se convierte en verdad” (Joseph Goebbels, ministro de propaganda nazi).

Las declaraciones repetidas no solo venden mentiras, hacen que quien las crea se sienta “libre” de repetir eso porque el algoritmo lo convenció. La premisa de ser un buen medio de difusión se basa en el conocimiento de tu perfil: a qué y a quién le das “me gusta”, a qué hora lo haces, quiénes son tus amigos, familiares y demás, cómo se llaman, etcétera. Incluso lo que no comentamos o ignoramos es parte de ese perfil que nos han construido.

Los algoritmos no imponen sus preferencias de manera explícita; nos ofrecen “contenido personalizado” y pensamos que estamos siendo libres. ¿Recuerdas “…viva la libertad, carajo”? Epíteto tierno que se repitió y repitió hasta llegar a hacerse de la presidencia de un país.

Los algoritmos no pierden el tiempo: cada gesto digital, la manita hacia arriba, la carita que llora, la que ríe, el gatito que busca, todo, incluyendo las pausas en un aviso, son la puerta para “aconsejar” una perspectiva que beneficia a quien paga por ese proceso.

“…el comentario que escribimos, el enlace que ignoramos, la emoción que nos provoca un video se convierte en un dato que alimenta un modelo. Ese modelo aprende, anticipa, predice. No solo lo que queremos ver, sino lo que querremos. Nos ofrece contenido “personalizado”, diseñado para captar nuestra atención durante unos segundos más. Ese tiempo extra, multiplicado por millones de usuarios, es oro para las plataformas. Y esa economía del clic genera una nueva forma de condicionamiento: el refuerzo invisible”. (The Filter Bubble).

La repetición silenciosa es su poder. La psicología nos ha enseñado que lo familiar se convierte en lo preferido. La cercanía a personas y a conceptos termina por gustarnos. Entre más nos exponemos, es muy posible que más nos guste. Surge la pregunta: ¿cuál es el origen o la base de tu deseo? ¿Te están manipulando y tú no tienes ni idea? Y lo más grave: terminas siendo el objeto del deseo de otro. Una estética de moda, un pensamiento político, por más pueril que sea, un recurso ideológico, un estilo de vida, podrían anclarse en nuestro imaginario como si fuera un pensamiento propio. Establecer que esas preferencias son plantadas y cultivadas nos podría hacer libres.

No solo son las plataformas digitales las que moldean gustos; estos siempre han sido influenciados por culturas, tradiciones, narrativas bien o mal intencionadas. El riesgo nace cuando esa influencia es tan silenciosa que parece que sea nuestra propia voluntad.

“Cuando el origen externo de un deseo deja de ser visible, el deseo parece propio. Y entonces perdemos la capacidad de distinguir entre lo que somos y lo que hemos adoptado sin darnos cuenta, porque no te dice qué pensar: simplemente te muestra diez veces lo mismo hasta que comienzas a pensarlo. No te obliga a desear: solo incrementa la exposición a aquello que estadísticamente es probable que te genere dopamina. No te ordena nada: te seduce. Y la seducción es la forma más sofisticada de control, porque mantiene intacta la sensación de libertad”. (The Filter Bubble).

Entonces, inevitablemente, los algoritmos son de gran influencia. La pregunta debe versarse en: ¿nos reconocemos fuera de ellos? Podemos preguntarnos: ¿qué nos gustaba antes?, ¿será que ya no reconocemos la preferencia verdadera y la inducida?

La libertad hoy por hoy consiste en escapar de los algoritmos. ¿Aburrido? Quizá la conciencia crítica y el desarrollo del pensamiento complejo nos lleven a esa libertad que muchos utilizan para inducir deseos y predilecciones.

Surge la duda como herramienta al pensar que lo que nos gusta es el resultado de una inducción sistemática. ¿Por qué vemos lo que vemos? Es necesario cuestionarnos “lo que parece obvio”. Dudemos de lo que repiten una y otra vez. Preguntémonos: ¿quién es el dueño o quién tiene la concesión del canal de televisión que está repitiendo o acusando a una dirigente que sabemos que está haciendo un excelente trabajo? Aprendamos a sumar y a restar, veamos el antes y después.

Permitamos a nuestro espacio interior, a nuestro entorno propio, ser propio. ¡Sí es posible! No somos un cálculo estadístico. Mantengamos despierta nuestra voluntad.

Referencias

  1. Pariser, Eli. The Filter Bubble: What the Internet Is Hiding from You. Penguin Press, 2011.
  2. Zuboff, Shoshana. The Age of Surveillance Capitalism: The Fight for a Human Future at the New Frontier of Power. Public Affairs, 2019.
  3. O’Neil, Cathy. Weapons of Math Destruction: How Big Data Increases Inequality and Threatens Democracy. Crown Publishing Group, 2016.

Javier Hernand Garcés es licenciado en Derecho, maestro en Derecho Ambiental y licenciado en Naturopatía.

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