Orizaba, Ver.- El flujo de migrantes que transitan por la región centro del estado de Veracruz, en su paso hacia el norte del país con la esperanza de alcanzar el sueño americano, ha disminuido drásticamente en los últimos meses. De acuerdo con datos proporcionados por el presbítero Román Elías Oficial Gil, rector del templo Nuestra Señora del Carmen en Orizaba, el número de personas en tránsito ha bajado hasta en un 80 por ciento y de ellos la mayoría es deportado de Estados Unidos.
En la Casa de la Misericordia, dijo, se atiende a los migrantes que cruzan por el territorio regional y de ahí, dice, obtenemos los datos en la disminución de migrantes hacia los Estados Unidos, en los tiempos de Donald Trump. Esta baja se atribuye principalmente al endurecimiento de las políticas migratorias, operativos de contención en diversas rutas y a los riesgos crecientes que implica la travesía hacia Estados Unidos. Sin embargo, del 20 por ciento restante que logra cruzar por la región, 70 por ciento es deportado, según señaló el sacerdote, lo que evidencia las dificultades y obstáculos que enfrentan los migrantes en su camino.
“Del pequeño grupo que aún pasa, una mayoría son deportados. Sólo el 30 por ciento logra continuar, y muchos de ellos son personas que realizan esta travesía por primera vez, sin imaginarse las barreras, peligros y sufrimiento que encontrarán en el camino”, explicó el rector Román Elías.
El sacerdote reconoció que, aunque la Diócesis de Orizaba no cuenta con una casa del migrante formalmente establecida –a diferencia de otras regiones del estado o del país–, esto no ha sido impedimento para brindar ayuda humanitaria a quienes lo necesitan.
Pero además hay otra realidad, señala, “no tenemos casa del migrante como tal, pero eso no significa que no les tendamos la mano. A quienes llegan, se les ofrece alimento, la posibilidad de bañarse, cambiarse de ropa, descansar y dormir un poco antes de seguir su camino”, explicó el sacerdote, quien ha sido uno de los principales impulsores del acompañamiento solidario a los migrantes desde el ámbito de la Iglesia Católica.
La asistencia que se brinda a estas personas en situación de tránsito es posible gracias al esfuerzo coordinado entre parroquias, fieles laicos y personas de buena voluntad, quienes donan víveres, ropa y artículos de higiene personal. Aunque los recursos son limitados, el compromiso es brindar, al menos, un momento de alivio y dignidad en medio del duro camino que recorren los migrantes.
El sacerdote también lamentó las condiciones en las que muchos de ellos llegan: deshidratados, exhaustos, con ampollas en los pies, sin documentos, y en no pocas ocasiones, víctimas de robos, extorsión o violencia por parte del crimen organizado o autoridades corruptas. “Lo que más duele es ver a jóvenes, a mujeres embarazadas o con niños pequeños en brazos, sin rumbo claro, solo con la esperanza de encontrar algo mejor”, apuntó.
Frente a este panorama, hizo un llamado a la comunidad para mantener una actitud solidaria y no criminalizar a las personas migrantes. “Son seres humanos, no delincuentes. Vienen en busca de una oportunidad, muchas veces huyendo de la violencia o del hambre. Lo mínimo que podemos hacer como cristianos es darles un gesto de amor y de acogida”, expresó.
Finalmente, Román Elías Oficial Gil reiteró que la atención a los migrantes no puede depender solo de la voluntad de unos pocos, sino que debe ser un compromiso compartido entre sociedad civil, autoridades y organizaciones. Mientras no se resuelvan las causas estructurales de la migración –como la pobreza, la inseguridad y la falta de oportunidades–, el flujo de personas seguirá, aunque en menor número y con mayor sufrimiento.
“Cada rostro que pasa por aquí tiene una historia. Y aunque no podamos cambiarles la vida, sí podemos hacer que ese día que pasaron por Orizaba no sea uno más de sufrimiento, sino uno de esperanza”, concluyó el sacerdote.
