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¿Cómo se configuró la cultura política en Veracruz?

Hipólito Rodríguez

Hoy más que nunca se necesita saber cómo nuestros jóvenes perciben a la clase política. Es una pregunta muy valida. Los actores políticos que hoy buscan acceder a puestos de elección popular, ¿en qué basan sus prácticas políticas?, ¿en qué época se formaron?

Todavía no hemos examinado la situación que dio origen a Fidel y a Duarte. No hemos entendido cabalmente los hechos que hicieron posible esos fenómenos de autoritarismo, corrupción y violencia. Y por tanto, mientras no indaguemos la forma en que se constituyó esa cultura política, será difícil desprendernos de esas prácticas.

Hace seis décadas exactamente, hacia 1964, Pablo Gonzalez Casanova examinó esa situación en ese extraordinario libro llamado La democracia en México. A seis décadas de distancia, tendríamos que reconocer qué tanto han logrado las sociedades locales para desprenderse de prácticas clientelares y formas de dominio patrimonial. Recientemente, en 2022, en un libro publicado por nuestra Universidad Veracruzana, Edward Wilson nos ayuda a pensar lo que ocurre a nivel de Veracruz: Control de límites, Autoritarismo subnacional en democracias federales.

Gracias a este tipo de lecturas, podemos recordar el modo en que Fidel Herrera y Javier Duarte, y toda la clase política que gobernó con ellos nuestra región en esos años (2004-2010), entendían y practicaban los mecanismos de gobierno. Pues ahora resulta que muchos se quieren desmarcar de esos modales, sin hacer explícita al menos una autocrítica. ¿Podríamos recordar cómo creció el tamaño de la fortuna de las personas que fueron alcaldes o diputados o secretarios de estado en esos años? Si algo caracterizó a ese periodo fue el autoritarismo en el que la opacidad, la corrupción, la violencia criminal, la violencia contra los periodistas y la más absoluta irresponsabilidad en el ejercicio de las política públicas llevaron a Veracruz al estancamiento económico y a la crisis fiscal. Quien desee recordar esos años, puede consultar el libro coordinado en 2017 por Alberto Olvera (Veracruz en su laberinto), un libro lleno de inteligentes análisis que también por cierto editó nuestra Universidad.

Cabe recordar que uno de los mecanismos que utilizó ese régimen y que ahora vuelve a tener vigencia es el llamado clientelismo. Su modo de operación es bien conocido. Se trata de convertir al ciudadano en un cliente: si se le atiende bien, se recibe a cambio de ese bondadoso comportamiento algunas muestras de apoyo. Un político de esos que ahora quieren ser diputados en nuestra capital llama a los jefes de manzana y les pregunta cuáles son las necesidades de su colonia. Les recuerda sus clásicas promesas: yo le puedo autorizar un puesto en el parque, puedo conseguirle un empleo en el ayuntamiento, vamos, puedo llevarle unos juguetes a los niños, siempre y cuando le den apoyo en la actual campaña. La red de operadores que suele acompañar a esos personajes se activa en cada ciclo electoral. Es un procedimiento bien conocido.

Durante las campañas electorales, los políticos distribuyen bienes y servicios a los habitantes de comunidades generalmente pobres, quienes a cambio les dan apoyo (en la forma de asistencia a mitines) y votos. En este proceso de intercambio político, los ciudadanos se vuelven “clientes políticos”. Para romper con ese esquema, el antidoto es recordar a los ciudadanos que las acciones de gobierno se sostienen con fondos públicos, que no son patrimonio de los políticos, los cuales en todo caso tienen que rendir cuentas por el manejo de ellos. Las luchas por la democracia que arrancan en los años en que González Casanova escribió su libro (1963-1968) tenían como propósito principal acabar con el autoritarismo, con la corrupción y la opacidad.

En la actualidad, esas luchas vuelven a tener importancia, ya que los políticos que hicieron fortuna en los años del fidelismo y el duartismo no desaparecieron, quieren volver y reinstalar sus mecanismos de control. Su cultura política quiere volver. Por ello, es importante recordar las lecciones de esa época para no repetir errores. Los fondos públicos están ahí para hacer posible el cumplimiento de derechos, no para sostener las carreras de políticos que aprendieron a medrar de una pobreza que no dejó de crecer en Veracruz en esos años.

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