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Trump: un narcisista y negacionista de la crisis climática


Ana Luz Quintanilla Montoya

Es vergonzosa la historia de aquellos seres que, pudiendo hacer el bien para la humanidad y la naturaleza, dirigen sus acciones a la violencia, la destrucción y la guerra. Pobres infelices, lo único que tienen es dinero, porque quienes son felices no buscan el mal, sino promueven el bien. Son pocos los personajes en el poder con las características de narcisismo que presenta el actual presidente de EUA (por fortuna), pero a la vez son muy poderosos por su capital económico y sus tenebrosas ideologías y acciones. Entre ellos están los cuatro hombres más ricos del mundo, todos estadounidenses y todos de la industria tecnológica: Elon Musk, Jeff Bezos (Amazon, Blue Origin), Mark Zuckerberg (Meta) y Larry Ellison (Oracle). Un patriarcado infame y miserable.

Los tres primeros están enfocados en el espionaje de redes sociales, proveyendo la adicción a la desinformación y el consumo desmedido. Todos ellos, entre otros muchos más, celebraron hoy la ceremonia de investidura de Trump para festejar su triunfo.

Se trata de «una nueva oligarquía aristocrática, heredera de miles de millones, que ejerce un poder tentacular sobre nuestros sistemas político y económico», denunció OXFAM en su informe sobre las desigualdades, que año tras año subraya un aumento de la fortuna de los superricos. «La joya de la corona en esta oligarquía es un presidente multimillonario, respaldado y comprado por el hombre más rico del mundo, Elon Musk, y que dirige la mayor economía del mundo», fustigó Amitabh Behar, el director ejecutivo de la ONG OXFAM.

Es increíble que estos seres posean más riqueza que la mitad más pobre de la sociedad estadounidense, criticó Bernie Sanders, figura destacada de la izquierda en Estados Unidos.

Lo peor no es solo la violencia contra países y seres humanos, sino también la ignorancia o la perversión de Trump al negar el origen de la crisis climática, argumentando que el cambio climático global no existe y asumiendo con ello la destrucción de la naturaleza. Solo hay que remitirse al pasado: Donald Trump es el ser humano que retiró a Estados Unidos del Acuerdo de París, la hoja de ruta pactada por las naciones del mundo (incluidos los EUA) en 2017.

Su política ha sido «no solo totalmente anticlimática, sino absolutamente suicida; incluso para la economía americana, donde recuperar viejos mantras como el petróleo, como el gran oro negro de esa industria pesada, creemos que es inviable en términos económicos en estos momentos, insostenible en términos ambientales y suicida en términos climáticos», declaró el presidente de OXFAM. (Oxfam es un movimiento mundial formado por personas que trabajan juntas para acabar con la injusticia de la pobreza).

Sus objetivos al frente de un país con una economía en desgracia plantean distraer los problemas internos con el narcotráfico y las drogas, cuando es el país que provee al mundo principalmente de armamento. En EUA, cualquier persona desde los 13 años de edad puede adquirir un arma, ¡imagínese usted! Trump intenta distraer al mundo sobre el grave problema que está latente ya en su país: la drogadicción, que puede basarse en un supuesto válido: la infelicidad. El criminal no es solamente el que vende droga, sino el que la compra también para destruir su vida.

El problema del negacionismo de la crisis climática no es solo Trump, sino también la ola de ultraconservadurismo en la que nos encontramos y que este señor puede potenciar, reforzando posiciones anticlimáticas que se pueden convertir en bloqueos de acuerdos globales, eliminación de financiación climática y potenciación de iniciativas e industrias que apuesten por técnicas que supongan más emisiones en un momento en que la humanidad se juega el equilibrio climático global. Estas políticas «podrían envalentonar a otros gobiernos populistas de derecha de todo el mundo a abandonar también sus compromisos climáticos».

¿Para México presenta riesgos? Considero que sí. La llegada de Trump, un hombre con características típicamente narcisistas (de hecho existen artículos científicos que lo corroboran), cuyas características están a la vista y las comparten sus colaboradores, quienes reaccionan a la crítica con sentimientos de rabia y egocentrismo. Se rodean de enfermos que, como ellos, se preocupan por fantasías de éxito y de poder, y requieren de atención y admiración constantes. Menosprecian los sentimientos de otros y tienen muy poca capacidad para sentir empatía, persiguiendo principalmente metas egoístas.

Pobre de México, «tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos de Norteamérica».

Profesora e Investigadora de la Universidad de Colima
[email protected]

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