miércoles, agosto 10, 2022
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Privan homofobia y discriminación en la sociedad mexicana 

Orizaba, Ver.- Las personas con una orientación sexual distinta a la heterosexual enfrentan discriminación y rechazo social, incluso algunas veces desde la familia. Esto es resultado de un histórico machismo y aun cuando se habla de mayores reconocimientos a la comunidad, persiste en el día a día del país, “los calificativos de puto, joto, chotito, maricón aún perduran”, acusa Koko Lozada Carrasco, coordinadora general de la Red Oaxaqueña por el VIH.

Nosotros no decidimos nacer así, “todos tenemos un sexo y eso nos va a diferenciar entre macho y hembra, como mamíferos que somos. Vamos a tener una identidad y cómo nos vamos a sentir y cómo nos debemos identificar, pero muchas veces no tiene que coincidir el sexo con el que nacemos con el cómo nos sentimos; vamos a tener una orientación que se define como por quién vamos a sentir atracción o afecto o con quién nos vamos a querer relacionar independientemente del sexo la orientación y la identidad”.

Nuestra sociedad se ancló en una construcción “muy heteronormal que se nos marca históricamente cuando dicen que es un niño, de inmediato estamos pensando que todo debe ser en color azul, pensamos incluso el nombre, qué juguetes le vamos a comprar, que debe gustarle las mujeres, qué tipo de ropa, todo esto y más lo trae implícito, y se define solo por el sexo con el que nacemos, pero no es así porque las personas podemos ser diversas y en esa diversidad puede haber hombres qué nacen hombres pero que la mejor no se sienten hombres, se sienten extraños en un cuerpo ellos son personas con identidad distinta”.

En mi caso “pasó algo muy extraño. Yo tuve una construcción personal bien rara, pues desde que tengo uso de razón me doy cuenta que estoy en un cuerpo equivocado, yo iba al jardín de niños y a mí ya me gustaban los niños, ya me llamaban la atención los niños, jugaba a la casita y yo quería ser la mamá, yo quería adoptar el rol de mamá, yo me sentía como una niña”.

Narra que a los ocho años, aproximadamente, “tenía un amiguito que vivía cerca de mi casa, jugábamos a la casita y yo era la mamá y él, el papá. No obstante, con el crecimiento propio de la edad, fui aceptando mi corporalidad y cuando entro a la primaria, vemos que el cuerpo del niño es diferente al de una niña, pero además yo sentía que no encajaba en el grupo de los niños y ahí es donde encuentro el primer enfrentamiento y empiezan las burlas, por el comportamiento amanerado que ya tenía, yo quería jugar con las niñas, no me gustaba el futbol, no me gustaban las actividades propias de los niños”.

No obstante, “en su momento sí tuve un acercamiento con ciertas actividades que involucran a niños, me integré a la banda de guerra y eso fue como buscar una aceptación entre los niños, aceptación que no tendría, aun así, estuve en la banda de guerra sin quererlo y sin gustarme”.

El proceso de aceptación fue complicado, “sí me costó trabajo aceptarme porque llegó una edad en la que tú ves que debes decidir qué vas hacer, qué es lo que quiero hacer y cuando cumplo 15 años fue cuando conocí a alguien que era similar a mí, pero nunca lo hablamos, en la secundaria no hablamos de eso, aunque sí recibíamos burlas, éramos los putos, los chotos, los maricones. Cuando llego a bachillerato conozco a un chico más amanerado que yo y fue que nos compartimos los sentires y ahí fue cuando tuve que definir una orientación. Yo sentía que mi cuerpo no correspondía a lo que en realidad sentía, en ese momento fue cuando me asumí como lo que ahora soy. Yo vivo como una persona trans, mi identidad es de una mujer trans a pesar de la corporalidad que tengo, que es barba, no me he hecho modificaciones en el cuerpo como otras personas, pero yo me siento una mujer, eso ya viene de unos años para acá que yo aprendí a definirme, pero antes era difícil”.

En casa, “pensaba que me iban a rechazar, algo que no hicieron nunca, pero pensaba que en algún momento ellos podrían sentirse incómodos con lo que estaba pasando con su hijo, en casa no hubo un cuestionamiento como tal, pero aún así. tomé la decisión de salirme de casa a los 20 años y juntarme con una persona del mismo sexo. Cuando les dije ‘me voy’, fue una cuestión muy pesada, mamá pregunta por qué me iba, pero al final mi mamá y mi papá tenían otra educación, otra construcción, otro modo de vida en el cual les tocó ser personas heterosexuales y qué tal vez en su momento no iban a entender lo que yo estaba pasando”.

En mi círculo de amigos “a pesar de que era una persona amanerada, no rompía con el prototipo de las heteros normas, porque no me pintaba no andaba yo con bolso, no me ponía falda, mi expresión de género era masculina, usaba pantalón, playeras, zapatos, pero en otros casos, hay personas que siguen aceptando, pero te condicionan al decirte: no me gustaría que te vistieras de mujer o no seas tan maricón, no seas tan puto, tan femenino, tan obvio”.

Estas prejuicios “vienen de un machismo, de las prácticas patriarcales, pero igual es una discriminación que invade a los ámbitos de la diversidad sexual, por ejemplo, las chicas lesbianas que tratan de tener una expresión masculina son mucho más adaptadas socialmente a un entorno si un hombre quiere sentirse más mujer o hace una transición, es como si estuviera en un nivel 10 y desciende en 5 y si una chica empieza a ser masculino es como si estuviera en el 5 y sube nivel 8”.

Es algo que la comunidad lo trae también, “hay una total discriminación entre la propia gente de la diversidad, con esas expresiones no es lo mismo una persona blanca homosexual con una posición económica más o menos alta que su expresión sea masculina, con alguien que sea de tez morena, que trabaje en una tienda con un sueldo mínimo, que sea más femenino, amanerado. el trato no va a ser siempre el mismo”.

La vida de una chica trans “es difícil. He sufrido mucho desde lo familiar, por ejemplo, tíos con quién es yo convivía, de repente hacían comentarios que no eran agradables hacia mi persona, me tocó muchas veces encerrarme en mi habitación, porque en la secundaria me gritaron de cosas, el puto, el maricón, es muy frustrante pero ahora lo veo y coincide con las discriminaciones que vive la comunidad”.

Actualmente los medios electrónicos nos han dado la oportunidad de acceder a mucha información que antes no la teníamos, “hoy soy una persona distinta a ese círculo de amistades que tuve hace años, ya no los he visto y no sé de qué manera reaccionaría si me ven con mi bolso, con faldón, con huipiles, con blusas que están hechas para mujer, si hoy me nace ponerme una falda, me la pongo o si me hace ponerme unas botas mineras que son muy masculinas me las pongo, eso no me hace ser hombre o mujer”.

“Mi momento más triste en la vida trans fue cuando me separé de esa persona con la que viví 9 años, porque estúpidamente hubo violencia por parte de las dos partes, emocional, psicológico en la que todo el tiempo me decía que yo era una persona muy fea, que no era una persona agraciada y que prácticamente me estaba haciendo un favor estar conmigo, eso me afectó muchísimo, yo la pasé muy muy mal, decía ‘no hay quien se fije en mí’, pero el momento más feliz fue cuando yo descubrí quién era, en una ocasión habló con una compañera que le da acompañamiento a las personas que son trans, reaccioné y se me vino a la mente todos los recuerdos que tenía, le dije yo me siento así pero yo lo dejé a un lado por cuestiones sociales familiares por cuestiones laborales pero yo me siento así como esas personas ella me contestó ‘¿y entonces?’”.

Fue hace como cinco años en la que me defino como una mujer plena, “me siento bien conmigo misma, feliz porque puedo salir a la calle o estar en mi casa y tener el comportamiento o la manera de ser que yo quiero y como quiero ser. Hoy salgo a la calle y no necesito de alguien que me acepte o con miedo de que me vayan a gritar o decir, pero si tengo miedo de que alguien que tenga una transfobia, una homofobia, me ataque en otro sentido, salgo a la calle pensando el no regresar, ese es el miedo que tengo”.

En México “somos una sociedad muy homofóbica, transfóbica, es un país muy machista en esos temas, de repente pensamos que el hecho de ser homofóbicos o transfóbicos es atacar golpear, es asesinar, y no las fobias viene desde un discurso, desde que no te atiendan en algún lugar, que no te traten de la misma forma que a un heterosexual, que hagan un comentario qué te ataque, no falta que llegues algún lugar público, en el que te dice no puedes pasar por qué no vas vestida adecuadamente o acorde a como tú corporalidad”.

Ya hay restaurantes por ejemplo, “que sí tienen limitaciones para los trans o cierto tipo de personas pensamos que no son discriminatorias, pero sí hay lugares en los que específicamente no pueden entrar personas trans, restaurantes en Ciudad de México por ejemplo, pareciera que estamos viviendo hace 50 años, lo mismo sucede en provincia. En esos lugares no falta el cuchicheo, las miradas de los comensales e incluso del personal que ahí labora y eso es incómodo”.

Hoy las mujeres que han transitado, que tienen un aspecto mucho más femenino, “corren mucho riesgo por el hecho de parecer, para unas personas, deformaciones, monstruos porque se modificaron el cuerpo hay discursos de odio qué pasa por lo religioso o político, lo familiar, seguimos siendo muy ignorado por la autoridad, incluso por la misma comunidad, hay una gran misoginia por parte de hombres homosexuales y que pareciera que no recuerdan que los movimientos de lucha iniciaron con mujeres trans, y eso pareciera que los hombres homosexuales no lo quieren reconocer que las mujeres trans fueron las que me hicieron esa lucha y al final hay una deuda histórica con esas mujeres que no se les dan las mismas oportunidades”.

No es lo mismo que una mujer trans vaya y pida el trabajo en un banco a que vaya un hombre gay, a él sí lo contratan, y a la mujer no, desde ahí viene ese rechazo muchas de las mujeres trans no les gusta o no terminan sus estudios porque son rechazados, van a recibir burlas, rechazo, discriminación pero tienen capacidad para estudiar y ejercer cualquier trabajo, desde ahí la sociedad y las autoridades no han manejado políticas públicas estrategias que nos puedan brindar derechos participativos de igual manera”.

Somos una comunidad marginada, somos grupos históricamente segregados, a los qué se les debe una reparación del daño, por todo lo que han pasado, falta mucho a las autoridades implementar estrategias que generen políticas públicas en donde haya integración completa la sociedad estamos muy lejos de eso”.

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