martes, julio 5, 2022
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Ratificación, no revocación

¿No era más fácil hablar de ratificación de mandato que de revocación? ¿Para qué enredarlo todo? ¿Cómo nos lo explican los burócratas jurídico-administrativos a quienes entendemos poco de esos recovecos leguleyos? Sería muy valioso conocer la versión que dio sentido a un entuerto que sobrevive en el contexto de la política y la aplicación de la ley constitucional. Incluso y a pesar de que -todo parece indicar- se reúna el número de firmas necesarias para que el INE cumpla con el mandato popular de realizar el ejercicio de consulta y se apegue a la ley aprobada.

La gente firmó, sin duda, y aún cuando existieran firmas apócrifas -o no idénticas a la que se plasmó en la credencial de elector-, numéricamente se logrará el propósito de forzar al INE a ejecutar el procedimiento. ¿Cómo lo harán, en la práctica? esta por saberse. Eso no es el tema de ocupación al que hoy les invito a pensar. De cualquier manera, el proceso que se sigue hasta aquí ha sido el de apoyar un procedimiento donde la participación democrático-administrativa reduce el esfuerzo del ciudadano a plasmar su firma en un documento-petición para luego ir a una casilla y votar. Ello con la ilusión (ilusa) que ahí está la democracia participativa a la que aspiramos para evitar un retorno al pasado o a más de lo mismo.

Lo interesante de todo es reflexionar si esto -que ha sido promovido por el Estado-, va más allá de un entusiasmo triunfalista enmarcado en la competencia partidista -por supuesto cupular-, o si efectivamente contribuye a la formación política del pueblo en la ruta de una democracia radical y participativa donde cada individuo se une, incluso marginalmente, a este proceso. Yo particularmente pongo en duda que así sea. Mi hipótesis es que este procedimentalismo en realidad tendrá efectos positivos para el empoderamiento de las dirigencias actuales de Morena y para sostener una lógica de gobernanza basada en la fetichización de la figura presidencial…algo tan frágil en estos tiempos donde los fetiches se diluyen como cualquier mercancía cuando pasa de moda.

Regresemos un poco. Ya mencionaba en uno de mis escritos de esta semana que el presidente AMLO había sugerido que, en todo caso, podría recurrirse a la realización de encuestas organizadas con encuestadoras de prestigio que “garantizaran” la legitimidad del resultado. Cosa a lo cual mencioné no estar de acuerdo y que lo abordaría más adelante. Bueno, pues ya está. Siempre he sostenido que en estos temas, “la estadística es una disciplina que tiene la capacidad de convertir mentiras en verdades”, por lo cual pongo en duda sus posibilidades como una ciencia que, permeada por el prestigio de las matemáticas, sea capaz de garantizar por sí misma, la legitimidad de sus productos, sobre todo en temas político-sociales, donde lo contingente se desplaza con mayor celeridad de lo que uno cree.

Estando en eso, y casi azarosamente, me llegó un corto y tímido testimonio de Gibrán Ramírez Reyes, publicado en Milenio el 03/I/22. En el describe el uso de la encuesta como un procedimiento poco o nada confiable, diseñado “a modo” y que, según su interpretación, falsea los resultados, sostenidos luego como legítimos. Gibrán, de todos modos, cree que las encuestas son una posibilidad certera por su prestigio matemático y en realidad sólo se queja de su utilización, desde la “engañosidad” operada por quienes las aplican.

Yo pretendo ir más allá de esta mirada hasta cierto punto ingenua, pues el diseño puede ser suficientemente válido, sin embargo, contrario a la lógica formal, su validez interna no es garante de legitimidad y mucho menos de verdad, sobre todo en el campo contingente de la percepción social, manifestada en la opinión. Sin embargo, el testimonio de Gibrán da una buena pista de un entramado, cuando menos dudoso, del modo de reinserción del neopriismo, en un proyecto vacío aún de muchos contenidos teóricos y prácticos como lo es el Morena partido .

La encuesta, inútil para la formación política de una militancia activa, reduce las posibilidades de participación directa en los procesos de consulta y la disposición a una práctica comprometida en la acción -en este caso de contenido político- que se gesta, desde los argumentos compartidos, en cada grupo y en cada comunidad, sobre la ratificación y permanencia de AMLO hasta la conclusión de su gestión. Puede decirse que es un proceso que inicia por la organización del barrio, los simpatizantes de colonia, los intelectuales orgánicos de la militancia y los cuadros de críticos de Morena.

Dejémoslo aquí a ver cómo madura todo en los próximos días.

René Montero Montano.
monteromontanor@gmail.com