lunes, agosto 15, 2022
Anúnciate aquíGoogle search engine
- Advertisement -spot_imgspot_imgspot_imgspot_img

El hombre y la gente de José Ortega y Gasset

Esta es la última entrega sobre la filosofía de José Ortega y Gasset. En esta ocasión quiero dedicarle algunas palabras a las indagaciones sobre la filosofía de la corporalidad que Ortega desarrolla en El hombre y la gente y que me parece que no han recibido la atención suficiente, al menos no en demasía, descuidando con ella la relación del cuerpo con el espacio que bien valdría la pena explicitar. De hecho, se sabe que el propio Ortega en los Encuentros Internacionales de Ginebra en 1951 tuvo la oportunidad de establecer un diálogo con Merleau-Ponty, prominente fenomenólogo de la corporalidad. Pues bien, Ortega otorga a nuestro cuerpo una escala que clarifica en muchos sentidos la relación con las circunstancias. En efecto, en el Hombre y la gente, texto que es mayormente conocido por la indagación orteguiana sobre la intersubjetividad, se presenta la temática del cuerpo a través de lo que Ortega llama las “leyes estructurales del mundo”. Específicamente nos interesa la tercera ley estructural que tiene que ver con el cuerpo como relación. En principio esta ley va encaminada a dar una explicación a la forma en que los objetos se dan de forma presente:

Por lo visto, aquí y yo, yo y aquí, somos inseparables de por vida. Y al tener el mundo, con todas las cosas dentro, que serme desde aquí, se convierte automáticamente en una perspectiva – es decir, que sus cosas están cerca o lejos de aquí, a la derecha o a la izquierda de aquí, arriba o debajo de aquí.

El aquí es donde estoy yo, digamos es lo más originario y más cercano a nosotros o a mí. Desde la noción de aquí es de donde Ortega mide y analiza las relaciones corporales o lo que sería lo mismo las relaciones intersubjetivas. En efecto, hay cierta distancia entre el aquí de mi cuerpo y el allí donde se coloca todas las otras cosas, objetos y hombres. El yo se concretiza (se encarna) en nuestro cuerpo y en el aquí del mismo, a través de él, es decir, de la corporalidad, es como el hombre interactúa con otros hombres. Es, si se quiere ver así, la manera más plena en que se puede experienciar y vivenciar el mundo. Me arriesgo a afirmar que para Ortega el cuerpo es el centro, el foco donde ocurren todas nuestras actividades. Pues bien, para el maestro español a través de mi cuerpo el mundo se nos presenta como una conveniencia o utilidad práctica, aunque este pase casi siempre desapercibido, aunque sea él la co-atencion más presente que deberíamos tener. Pasa lo que poéticamente narra Juan Ramón Jiménez: “Mi cuerpo” / vivo olvidado/de mi cuerpo/ cuando miro la aurora / confusamente lo recuerdo bello […]/. La corporalidad, entonces, nos permite acercarnos al mundo, a partir de nuestra posición nos acercamos a él. La extensión de nuestro cuerpo nos permite o nos posibilita la localización de las afecciones producidas por lo que nos rodea. Nuestro cuerpo es, pues, el gran compañero. Ciertamente Ortega da mucho peso al “aquí” del cuerpo, al modo espacial en que este se afirma muy a diferencia de Heidegger que prefiere el “ahí” (que ciertamente nada tiene que ver con un estado espacial), el estado de yecto.

En resumen de la tercera ley estructural diremos que “a través de mi cuerpo las cosas adquieren o se manifiesta como un ser para”. Un ser para nosotros, un ser-me, que es pues una relación enteramente dinámica. Nel Rodriguez, un excelente comentarista de la obra de Ortega dice al respecto: “Así, el mundo es el correlato de nuestra praxis, el yo corpóreo y concreto que -como ya he insinuado y ampliaré más adelante- no es, sin embargo, ajeno al yo trascendente y constitutivo” (“Ortega – phenomenologist”, pp. 107-134). Finalmente, esto me permite confirmar que para el maestro español el cuerpo es mi propiedad por antonomasia. Lo corporal del hombre (carne) y lo espacial del mundo son correlativos, pues recuérdese que cada persona ocupa un espacio físico, así pues, sin tomar a grandes prejuicios lo dicho aquí, bien puede decirse, que nuestro cuerpo decide o mejor dicho “constituye” la estructura del mundo.

Dr. Luis Alberto Canela Morales, Profesor-Investigador de El Colegio de Veracruz