lunes, agosto 8, 2022
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Variable adicional

Se decía ayer en este espacio editorial que la comunidad internacional pasa por momentos definitorios para su futuro inmediato. La recesión mundial y la inflación desatada por la reactivación del consumo ante una oferta disminuida apenas en recuperación junto con un escenario de guerra a las puertas de Europa. Es una combinación harto delicada que se complica por las medidas contra la economía rusa que se revierten contra el mundo occidental precisamente por el desabasto energético.

Si esta complejidad fuera insuficiente se agrega el asesinato de una periodista de Al Jazeera, Shireen Abu Akleh, quien fue ultimada por un francotirador, cuando cubría una incursión del ejército israelí en el campo de refugiados de Jenin, en Cisjordania, nuevamente ocupada por Israel. 

Shireen era una veterana reportera de la cadena qatarí harto conocida por sus notas periodísticas en una zona muy peligrosa para la prensa, más por la naturaleza del Estado y gobiernos israelíes que por los enfrentamientos contra la población civil propiamente dichos. El asesinato fue deliberado, no un accidente debido a una bala perdida. La bala solo pudo provenir del lado en que se encontraban los soldados de Israel y penetró en la única parte de la cabeza no protegida por el casco.

La indignación mundial, más profunda en la comunidad musulmana debiera ser motivo para acusar a los últimos gobiernos israelíes de crímenes contra la humanidad. 

Israel es un Estado fascista de la misma naturaleza que los estados fascistas de los años 20 y 30 del siglo pasado. Su política es la limpieza étnica y la desaparición de toda posibilidad de reclamo palestino. Y esto es tolerado por la comunidad internacional.

Israel es refugio de varios criminales internacionales, dos de ellos mexicanos con orden de aprensión, el ex diplomático mexicano Andrés Bremer, por abuso sexual y violación, y Tomás Zerón, por el montaje del basurero de Cocula en el caso Ayotzinapa. Fue gobernado por Netanyahu, un hombre de extrema derecha miembro del partido Likud que agravó radicalmente el acoso sobre la franja de Gaza. Ahora es gobernado por Naftali Bennett, líder ultraderechista del partido nacional-religioso Yamina en una frágil coalición que incluye a partidos de izquierda.

El ejército y los reclutas del servicio militar están explícitamente adoctrinados para ver un enemigo en todo no judío con aspecto palestino. Incluso dentro del propio Israel se les discrimina y no hay que olvidar el software Pegasus con el que se ha espiado a líderes mundiales y periodistas, y que se usó masivamente en México durante el gobierno de Peña Nieto.

El asesinato de la periodista estrella de Al Jazeera traerá un curso sustantivo de inestabilidad regional. Mucho más volátil ahora en el estado de tensión actual de tensión ruso occidental.

La tolerancia estadounidense para con Israel es ha sido obscena desde hace décadas. Es previsible que las consecuencias por el asesinato de la periodista palestina escalen y compliquen la delicada situación internacional. Ahora, que tengan éxito es improbable. No tanto por lo complejo de la situación como por la incompetencia de los liderazgos occidentales, no solo el estadounidense, también los europeos que han seguido las decisiones del señor Biden.