sábado, mayo 28, 2022
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La corrosión de la envidia

Cuando se dice que México es un país de contrastes es exacto. Entre la opulencia y la pobreza extremas, entre el gusto por la vida y la sangrienta violencia continuada desatada por Felipe Calderón desde 2006; entre un pueblo gobernado que quiere bienestar y tranquilidad y las élites económico políticas empecinadas en hacerlo el pagador de las estupideces gubernamentales del neoliberalismo. El Fobaproa es solo un ejemplo paradigmático, hay muchos más. El domingo pasado fue uno adicional.

Es la historia nacional y no es nueva. En el siglo XIX, los conservadores que se oponían al gobierno del liberal republicano Valentín Gómez Farías no dudaron en formar una guardia nacional para resistir al lado del ejército invasor norteamericano en 1847. Polkos los llamaron y regatearon su apoyo al presidente Gómez Farías cuando más los necesitaba: cuando salió a detener a los invasores en Veracruz. Entonces se perdió la mitad del territorio nacional. Casi dos décadas después, los conservadores católicos fueron a buscar a Europa una persona de razón para que nos viniera a gobernar. Una cabeza aristocrática coronada. Napoleón III vio la oportunidad de contener la expansión estadounidense en el continente (América para los americanos) y les facilitó a Maximiliano, un buen tío liberal que pagó con la vida su aventura americana en el Cerro de las Campanas. 

Expulsados los franceses y restaurada la República, la derecha conservadora, mayoritariamente católica, volvería con sus intentos mediante la Guerra Cristera, católicos ultra conservadores con amplias simpatías por los nazis en ascenso en Alemania. La coyuntura de la expropiación petrolera en 1938 fue la razón que impulsó la reacción de los conservadores para fundar el PAN, partido que nació con amplias simpatías por el nacional socialismo. No extraña, pues, que en la votación del domingo pasado el PAN votara contra la iniciativa gubernamental, reforma Bartlett le llamaron para evitar nombrar al Presidente por su nombre. Algo de razón tendrán, toda vez que Manuel Bartlett tuvo papel destacado en su redacción, aunque no deja de ser relativamente curioso y hasta simpática la dificultad de la derecha para mencionar al Presidente. Tiene sentido, es una forma de desvalorizarlo. Pueril, pero forma al fin. Así, en la votación de este domingo el PAN fue un partido coherente con su vocación histórica fundacional.

Cosa completamente distinta en el caso de los priístas y perredistas. Hubo muchas presiones y dinero de por medio. Así que se entiende que estos activos promotores del “Pacto por México” cedieran no tanto a la tentación por el dinero, como por la frustración de ser rebasados por un régimen de gobierno que los exhibe como traidores. No solo a los intereses de la inmensa mayoría de los gobernados, que ya es decir, sino a ellos mismos. Apenas si pueden vivir con la frustración que les causa ser rebasados por la izquierda por un alguien que militó en sus filas. Porque hubo un tiempo en que el PRD representó la resistencia a la corrupción neoliberal. Jesús Zambrano purgó prisión a mediados de los 70 por participar en la lucha guerrillera aglutinada en la Liga Comunista 23 de Septiembre. Lo que supone que hubo un tiempo en que arriesgó todo por causas aceptablemente justas. ¿Qué puede explicar que alguien así se corrompiera al nivel de aceptar trabajar en contra del bienestar de sus compatriotas? ¿El envilecimiento corrupto? Seguramente, en parte.

Pero el incentivo que lo lleva a justificar la traición a la patria no es tanto el dinero como la corrosión provocada por la envidia. Parecido pasa con el PRI, éste hace mucho que dejó de ser un partido corporativo de masas con relaciones clientelares eficaces. Desvinculado de los gobernados y socavado por la envidia y la vergüenza de la incoherencia, promueve la alianza con sus enemigos con tal de ver perder al objeto de su frustración. Debe ser un alma atormentada porque la envidia es un sentimiento muy tóxico, perturbador. Envilece y ciega, como es el caso.

¿Y qué hay del PRI? Pobres diablos conducidos por un personaje tan menor que acepta que el digno nombre de Alejandro mute al apócope Alito. Los neoliberales priístas destrozaron la base misma de donde obtenía su fuerza: el pacto corporativo con los trabajadores, los campesinos y las clases medias. Envilecidos, niegan su propia historia y momentos de gloria. 

El PRD y el PRI están perdidos, perdieron hace mucho el rumbo de la Historia. Habrá que publicar y dar seguimiento personal a cada uno de los que traicionaron a la nación. Volverán a aparecer en 2024. 

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